¿Es la tecnología la principal responsable de la desigualdad salarial actual? The Economist habla en este artículo de la aparente paradoja en la que vivimos al tener a una gran parte de adultos y adolescentes pegados a las nuevas tecnologías para el ocio pero, al mismo tiempo, que eso no se traslade a un conocimiento aplicable al desarrollo profesional de amplias capas de la población.

El gran detective ha convocado a todos en la biblioteca. "Me pidieron que identificara al culpable de la creciente ola de desigualdad salarial,” afirma. "Puedo revelar que el culpable se encuentra aquí.” Y los sospechosos reunidos se quedan sin aliento cuando señala, no a un humano, sino al ordenador de la esquina.

En la vida real, muy pocos se sorprenderían con ese veredicto. Los economistas señalan desde hace tiempo al "cambio tecnológico sesgado a favor de los perfiles cualificados" como una de las fuerzas impulsoras detrás de la desigualdad. Pero demostrar la influencia de la tecnología es importante en una era en la que los políticos culpan muchas veces a la inmigración o a la competición por el recorte de precios de las importaciones. A medida que los investigadores observan el impacto de dicho cambio en la desigualdad, tanto dentro de cada empresa como en la economía en general, la evidencia de que la tecnología es la responsable es cada vez más fuerte.

Un nuevo documento de trabajo elaborado por Christopher Poliquin, profesor de la University of California (Los Ángeles), ha examinado el efecto sobre los salarios en las empresas brasileñas que adoptaron banda ancha entre 2000 y 2009. El empleado promedio experimentó en dicho periodo un aumento acumulado en el salario real del 2,3% con respecto a los trabajadores de empresas sin banda ancha. Por su parte, los managers de la organización tuvieron un aumento del 8-9%, mientras que los altos directivos disfrutaron de un incremento del 18-19%. Poliquin cree que Internet permitió que los trabajadores cualificados fueran mucho más productivos que antes.

Su observación concuerda con un estudio previo realizado entre compañías noruegas. Este mostró que la llegada de la banda ancha permitía mejorar la posición relativa de los empleados cualificados. El estudio descubrió que Internet les facilitaba poder realizar "tareas abstractas no rutinarias", como la resolución de problemas, mientras que permitía a la empresa automatizar las tareas rutinarias y reemplazar a los trabajadores no cualificados.

Sin embargo, lo que sucede dentro de las empresas es solo una parte de la historia. Una investigación publicada en el Quarterly Journal of Economics sugiere que alrededor de dos tercios del aumento de la desigualdad es fruto de diferencias salariales entre empresas, más que dentro de ellas. Los trabajadores están siendo "clasificados" en dos grupos: aquellos que trabajan para empresas con altos salarios en sectores como la tecnología y aquellos que trabajan para empresas con bajos salarios en sectores como la distribución minorista. El outsourcing también puede estar desempeñando un papel importante, ya que las grandes empresas externalizan actividades con bajos salarios, como la limpieza y los servicios de comidas, lo que reduce el nivel de desigualdad interno de cada empresa.

La brecha salarial puede estar relacionada con la educación y la formación. Una encuesta realizada en 2016 en distintos países de la OCDE descubrió que, de media, más de la mitad de los adultos no puede realizar nada más allá de las tareas digitales más simples, como escribir un correo electrónico. Solo un tercio dispone del tipo de "habilidades cognitivas avanzadas" que les permitiría desarrollarse profesionalmente.

Sin embargo, todo este asunto parece un poco extraño. Por un lado, se ha extendido un pánico moral en todo el mundo debido a que gran parte de los adultos viven pegados a los teléfonos inteligentes y a que los adolescentes están obsesionados con los juegos digitales o con los consejos de maquillaje online del clan Kardashian. Pero, a pesar de eso, aparentemente no saben usar la tecnología digital para impulsar sus carreras.

Esto nos indica que ni las instituciones educativas ni las empresas se están esforzando lo suficiente para traducir la familiaridad de los consumidores con el uso de las tecnologías para el ocio en capacidades para usarlas en la oficina o en el aula como trabajadores y estudiantes. Se podrían utilizar algunas formas ingeniosas para enseñar dichas habilidades, por ejemplo la realidad virtual o los videojuegos. 

Para el sector corporativo, esta sería una propuesta con la que ganaría todo el mundo. Una fuerza laboral más productiva significa mayores ganancias y un crecimiento más rápido. Por lo tanto, implica mayores ganancias para los directivos y para los empleados.

Tal vez los ejecutivos temen que el dinero gastado en formación se desperdicie, ya que los trabajadores se pueden llevar sus habilidades recién perfeccionadas a las empresas con salarios más altos. Pero, tal y como sucede con las creencias generales sobre el analfabetismo tecnológico, la afirmación de que los millennials (aquellas personas nacidas después de 1982) son particularmente desleales hacia las empresas también resulta ser un mito. Las cifras de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos muestran que el promedio de permanencia en el empleo de los trabajadores estadounidenses en enero de 2018 era de 4,2 años. En enero de 2008 esa cifra era de 4,1 años. Resulta que en 2018 una mayor proporción de empleados en sus treinta y tantos ha trabajado para la misma empresa durante una década, si lo comparamos con las cifras de 2008. La tecnología puede ser la culpable del aumento histórico de la desigualdad, pero con una formación adecuada de los usuarios, aún podría mejorar su reputación.

 

*“How the Internet led to greater wage inequality”. The Economist, 16/03/2019 (Artículo consultado online el 27/03/2019).

Acceso a la noticia: https://www.economist.com/business/2019/03/16/how-the-internet-led-to-greater-wage-inequality

 

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