Xavier Marcet, Presidente de la Consultora Lead to Change: "Ganar dinero es una cosa y hacer empresa es otra. Todo es respetable, pero no es lo mismo. Hacer empresa es construir una comunidad con sentido que necesita indefectiblemente dar beneficios para subsistir pero que vas más allá de una cuenta de resultados."

Debía ser a mediados de los años noventa que fui a visitar a Juan Soto, entonces director de Hewlett Packard en España, para pedirle en nombre de la universidad si podían ayudarnos a crear una escuela audiovisual con unas donaciones. En poco tiempo, y como el que no quiere la cosa, Juan Soto me regaló algunas lecciones que me han acompañado toda la vida. Me explicó que estaba muy satisfecho porque sus principales empresas competidoras en España, tenían al frente un directivo formado en HP y que eso era enormemente positivo. Los conocía y sabía que eran muy buenos directivos, que conocían mucho a HP y que eso era una garantía para que la propia HP no se durmiera en los laureles. Pero de lo que estaba más orgulloso era que HP era el sitio donde el talento del sector se formaba. Fue la primera vez que escuché que era bueno que las empresas compitieran y colaboraran al mismo tiempo. Aquel día intuí que la cultura corporativa, el principal intangible de una empresa, era algo muy importante.

Hay empresas que cuando las conoces transmiten algo genuino, muy difícil de imitar. Otras empresas en cambio solamente proyectan sus narrativas vacías. Resultan ser empresas que saltan de moda en moda básicamente para no moverse de donde se instalaron. Son empresas que no quieren que nadie les pueda decir que no están altanto de cualquier nueva tendencia. Pero, puertas a dentro, mantienen unas formas de gestión obsoletas que entienden la empresa más como una estructura imprescindible para el negocio que como una comunidad de personas.

Ganar dinero es una cosa y hacer empresa es otra. Todo es respetable, pero no es lo mismo. Hacer empresa es construir una comunidad con sentido que necesita indefectiblemente dar beneficios para subsistir pero que vas más allá de una cuenta de resultados. Desde luego, hay muchos ejemplos de emprendedores que empezaron haciendo solo negocios y han acabado consolidando empresas genuinas. Como sociedad deberíamos admirar mucho más a los que hacen empresa que a los que hacen solamente dinero.

La diferencia entre una empresa genuina y una estructura de negocio está en el valor que se otorga a las personas. En una las personas son la base de los proyectos futuros, en la otra, las personas son un coste.Todas necesitan dar resultados para subsistir, pero la forma de encarar el futuro no tiene nada que ver.

La empresa genuina busca la perdurabilidad de la comunidad manteniendo una competitividad de largo recorrido que tiene como hilo conductor a las personas. Por el contrario, las estructuras de negocio son siempre coyunturales. Duran lo que dura el negocio. A todo se le llama empresa, pero no tienen nada que ver.

Los líderes inspiradores intentan desarrollar organizaciones genuinas. Únicas. Se inspiran en los mejores, pero crean su propia hoja de ruta. Más que estar pendientes de modas, están muy pendientes de sus clientes y de los que estos necesitarán y no les saben expresar. Las empresas genuinas buscan su consistencia en una cultura corporativa poco ampulosa pero efectiva. Saben que el mundo cambia rápido y que las oportunidades nacen más del tener criterio propio que de la imitación.

Cuando piensan en innovación, claro que están pendientes de lo que hace Amazon, Google o Apple, pero tienen su propio radar, se fijan en lo que hacen start­ups y los competidores y lo que hacen empresas similares en otros sectores para crear valor para sus clientes. Las empresas genuinas saben que innovar es muy duro, que es algo más que decorar los eventos de Hackaton o poner paredes de cristal para los post­it. Si la innovación fuera fácil no sería una diferencia competitiva.

Necesitamos más empresas genuinas y menos empresas imitadoras. Menos síndrome de Silicon Valley, que responde a una cultura y una masa crítica de talento imposible de copiar y más centrarse en caminos propios. Zara nació en un lugar inesperado, trazó un camino propio y nunca lo dejó. Creció sin perder sus modos y valores genuinos. ¿Cómo desde 1808 se ha mantenido y proyectado internacionalmente una empresa de transformación del cobre como La Farga en la comarca de Osona? Simplemente ha sabido mantener una cultura, un modo de hacer las cosas que es propio y lo ha sabido defender. ¿Cómo es posible que en Joensuu, a casi quinientos kilómetros al norte de Helsinki, subsista una de las grandes plantas de maquinaria de John Deere? Sin una gran comunidad profesional detrás les sería imposible sortear las adversidades del clima y un posicionamiento logístico que no les favorece.

Las empresas no son los documentos que las explican. Las empresas son acción. Un ciclo virtuoso y repetido que consiste en vender,­ producir, ­ cobrar, e innovar para poder repetir el ciclo en el futuro. Las empresas necesitan cada vez más tecnología para ser competitivas, pero se sustentan también en las complicidades inesperadas y los automatismos de la buena voluntad. Las empresas que no pierden la generosidad necesitan menos normas y menos burocracia. Para algunos las empresas deben funcionar como un reloj, para otros, las empresas son una comunidad que debe saber latir acompasadamente. La empresa no es una máquina, es una comunidad viva que se sobrepone a sus imperfecciones gracias a la actitud y no solamente gracias a la tecnología. Las herramientas ayudan mucho y nos permiten eficiencias increíbles, pero adquieren sentido si son una extensión de la actitud y los conocimientos de las personas. A tecnología más potente, más importante es la actitud. Las máquinas de inteligencia artificial sabrán hacer algunas cosas mucho mejor que las personas, pero no podrán contextualizar, ni tener creatividad, ni sentido de la generosidad, ni entender la ironía o el matiz, ni las contradicciones, ni los dilemas, ni la motivación, tal y como hacen las personas. Las empresas genuinas tendrán su propio modo de sumar las inteligencias. Los negocios se pueden hacer con máquinas. Las empresas se hacen con personas.

 

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