La Asociación Española de Directivos impulsa un código ético y normas de conducta para mejorar el impacto de 500.000 profesionales en sus empresas y en la sociedad. La Asociación entiende que las empresas que obvien el impacto de la transparencia, la honestidad y la igualdad en el ámbito empresarial caen en un grave error que las puede llevar a desaparecer. 

“Las empresas que obvien el impacto de factores como la transparencia, la honestidad o la igualdad corren un grave riesgo de desaparecer.” Así de rotunda es la posición de la Asociación Española de Directivos, que ante la paulatina pérdida de confianza de la sociedad en las instituciones, organizaciones empresariales y los profesionales que las dirigen, ha lanzado un código ético y normas de conducta para mejorar el impacto del directivo tanto en las empresas como en la sociedad.

El documento La ética y los valores: el camino para la sostenibilidad reflexiona acerca de los retos de los directivos en el ámbito personal y profesional, y aporta luz a cuestiones tan básicas y fundamentales como el cumplimiento de la legalidad, la sostenibilidad, la transparencia y la integridad. El ejercicio final es el resultado del trabajo de la comisión de ética, valoresy buen gobierno de la AED, coordinada por Xavier Brossa, quien ejerce también de vicepresidente primero de la asociación. Un documento elaborado por y para directivos, con el propósito de convertir la figura del directivo en “responsable y sostenible”, y de paso contribuir “al reconocimiento de la profesión y a la reputación de nuestro colectivo”. Este marco de conducta es “fundamental” –según Juan Antonio Alcaraz, presidente de la AED–, “pues la dimensión ética está siempre presente en la toma de decisiones”.

Dirigir es una profesión en sí misma, y en consecuencia, debe ser regulada por unas normas de buena conducta. El directivo es un profesional que, en palabras de la asociación, “asume no solo una importante función en las organizaciones, sino también una significativa y cada vez más responsabilidad social”. Y lo hace en un clima de desconfianza, de ahí que el rol del directivo no solo sea el de liderar una organización, sino el de influir de manera positiva en el desarrollo del entorno más cercano. “Porque las empresas que no son éticas no generan un impacto positivo en la sociedad”, aseguran desde la AED, “lo que es contrario al fin último de la empresa”. Adela Cortina, miembro de la comisión encargada de elaborar el documento, va más allá: “La empresa presente y futura será social o no será”. La AED pone el foco en el purpose. En la misión, en ese objetivo que dé sentido y legitime la actividad de una empresa, máxime en un entorno tecnológico, dinámico y cambiante. Jordi Canals, otro de los miembros de la comisión, habla de “liderazgo transformador”,un hecho diferenciador del directivo que“solo puede construirse desde el ejemplo y las referencias positivas que podemos ofrecer a colaboradores y al conjunto de la sociedad”

Isidro Fainé es otra de las figuras que ha contribuido al desarrollo de este código deontológico. Desde su convicción, incide en la importancia de “no perder nunca de vista los valores que se recogen en el documento, dada su influencia y su responsabilidad ineludibleante el conjunto de la sociedad”. En esta línea, la AED aboga por aunar eficiencia económica con impacto social, en un ejercicio de equidad. “Sin ética no hay futuro y con ella se refuerza la validez de un modelo económico que está ahora en cuestión”, señala otro de sus miembros, Antonio Garrigues.

Desde la Asociación Española de Directivos consideran todo este proceso de transformación como un reto; una aspiración “que ayudará a muchos directivos a mejorar como profesionales y como personas, pues precisamente este es el perfil de directivos que la reputación de nuestras empresas exige y que nuestra sociedad requiere”. Así se pone en valor la relevancia del nuevo código de conducta. “Hoy,actuar con ética y valores es, claramente, una ventaja competitiva. Mañana, en pleno desarrollo de la cuarta revolución industrial, actuar con ética y valores será, sin ningún género de duda, una condición estrictamente necesaria”, sentencia Xavier Brossa.

 

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