LinkedIn quiere convertir su arsenal de datos en el músculo definitivo para situarse como el intermediario imprescindible de todos los agentes del mercado laboral. La mayor red profesional del mundo quiere ser el lugar donde encontrar la información que te ayudará a ser más productivo en tu trabajo o a conseguir las competencias para afrontar el siguiente.

Hace unos años tuve un problema con una fuente (periodística, no me da para otras, no me confundan con la Preysler). No era la primera vez. Últimamente algo fallaba. Mandaba correos electrónicos solicitando entrevistas, datos, etc. Y la respuesta no llegaba. De repente, una bombilla se iluminó en mi (a veces umbrío) cerebro. Una de las redes sociales a las que me había ido apuntando, con más pereza que entusiasmo, empujado por la inercia gregaria, me insistía en que había gente mirando mi perfil. Acudí a éste y descubrí que, efectivamente, la fuente reseca había estado curioseándome en LinkedIn... donde mi ser digital languidecía sin actualizar. No aparecía, por ejemplo, el medio en el que entonces trabajaba. ¡La fuente, a la que me había dirigido como redactor de dicho medio, no se fiaba de mi identidad meramente analógica!

Entre sorprendido y sobrecogido, caí en que las relaciones laborales estaban mudando radicalmente de piel. Esta vez de verdad. Nada de brindis al sol arrojados a las estanterías de autoayuda. El pasado verano, The Economist encabezó un reportaje con el sobrecogedor título "Cómo puede un algoritmo decidir tu carrera". Por ejemplo.

LinkedIn, una empresa que supo montarse en la cresta de esta ola, parece estar adueñándose de todo el océano. Con más de 546 millones de usuarios en unos 200 países y territorios, presume de ser la mayor red profesional del mundo. Nacida en 2002 en el cuarto de estar de Reid Hoffman, su actual presidente ejecutivo, extrae ingresos de suscripciones de usuarios, publicidad y soluciones para selección de personal. Además, desde que en diciembre de 2016 la comprara Microsoft, juega en las grandes ligas de Silicon Valley.

Un éxito cocido a fuego lento y enriquecido con un oportuno fracaso. En un artículo en el Wall Street Journal, Hoffman explica así el ingrediente clave: "Si no te avergüenzas de la primera versión de tu producto, lo has lanzado demasiado tarde". En 1997, fundó la startup SocialNet. "Por entonces, solo el 18% de los hogares estadounidenses tenían acceso a internet", cuenta, pero "estaba tan convencido de las posibilidades de las redes sociales que puse toda mi energía en construir la plataforma perfecta". Error. Al no crecer orgánicamente, rectificando a partir de los comentarios de los usuarios, la rigidez de aquel mamotreto lo condenó al fracaso. No repitió estrategia con LinkedIn.

Hoffmann, alias "el oráculo de Sillicon Valley", reconoció en una entrevista para CNBC hace un par de meses, que su aguileña visión empresarial se alimenta de la obsesión por los juegos de mesa. Los de temática militar, sobre todo, lo adiestraron en la combinación de tácticas concretas dentro de un plan estratégico, mientras que los de rol (Dragones y mazmorras, etcétera) lo convirtieron en un maestro de la resolución de problemas. Efectivamente: todo un personaje. Pese a su fortuna de 1.700 millones de dólares, lo que le pone de verdad es el Settlers of Catan, un juego en el que unos colonos tienen que comerciar para hacer crecer su terruño. Para jugar bien, nos ilustra, "necesitas una estrategia flexible y adaptativa, porque no todo es controlable".

EVENTO

El poderío de su LinkedIn parece incuestionable, pero aún tiene retos por delante. Según el IV Estudio de Portal MBA sobre la presencia de las escuelas de negocio en las redes sociales, Facebook y Twitter son las reinas (95% en ambos casos), seguidas de LinkedIn (89%), YouTube (78%) e Instagram (56%). Y la que más crece es Instagram, un 13% más que el año anterior.

No cuesta imaginarse al máster del universo tirando de nuevo los dados sobre el tablero. De hecho, casi pude sentirlo personalmente en los huesos. El pasado 21 de enero me invitaron a un curioso evento-trampa que se saldó con una revelación y muchas agujetas. Al parecer dicha fecha es conocida por alguna razón anglosajona como el Blue Monday, supuestamente el día más triste del año (esta gente no conoce el cierre de un Quién es Quién), y LinkedIn quería "cambiar tristeza por motivación, dominar el estrés y trabajar nuestra autoestima" combinando una clase de boxeo con una sesión de coaching impartida por Sarah Harmon, la directora de la compañía en España. Tras propinarle una buena tunda al saco y comprobar que en mi caso ejercicio físico y autoestima no son necesariamente causa-efecto, charlé un rato con Harmon. Mientras yo trasegaba aire a capazos, ella (tan fresca) me explicó que, tras pasarse más de una década tragando datos como una posesa, LinkedIn empezó hace dos años a digerirlos para darles sentido como parte de una ambiciosa estrategia general: "Queremos digitalizar la economía global". Directo al mentón.

A lo que siguió un ágil juego de piernas: "Los datos son el petróleo de LinkedIn. Disponemos de una gran cantidad de datos que tenemos que ordenar para ofrecer mejores servicios. Además, estamos en estudio constante del mercado laboral global. Al inicio de cada año publicamos el estudio de tendencias globales de reclutamiento, un informe en el que dilucidamos cómo perciben los profesionales de los recursos humanos y reclutadores el panorama en todo el mundo". En 2018, por ejemplo, identificaron tendencias como la diversidad en la contratación, la reinvención de las entrevistas de empleo, el uso de los datos y la aplicación de inteligencia artificial a los procesos de captación de personal. Este año, el mantra lo constituyen las habilidades blandas, la flexibilidad laboral, la transparencia salarial y la lucha contra el acoso laboral.

Para darle un toque más Dragones y mazmorras, existe incluso un laboratorio en Silicon Valley, donde todos estos datos se refinan para engrasar el mercado laboral del cosmos conocido y sus alrededores. "Con la tecnología aplicada a los procesos de búsqueda y reclutamiento de trabajadores, las compañías ya no necesitan basarse en la intuición para decidir a quién contratan, cómo estructuran equipos, dónde abren oficinas y cómo compiten por el talento", dice Harmon, que no teme a los lobos feroces de las redes sociales generalistas. "En Facebook, Instagram y otras redes pasamos tiempo, mientras que en LinkedIn lo invertimos. En un entorno de aprendizaje continuo, LinkedIn quiere ser el lugar donde encontrar la información que te ayudará a ser más productivo en tu trabajo o a conseguir las competencias para afrontar el siguiente. Para ello, seguimos ampliando la oferta de cursos online en nuestra plataforma de formación LinkedIn Learning, con más de 10.000 cursos".

Harmon se siente segura con el oráculo de Silicon Valley maquinando la Gran Estrategia. "Nuestro gran reto es el Economic Graph, con el que estamos mapeando la economía global a partir de nuestros datos, y con el que ya estamos colaborando con gobiernos y organizaciones de todo el mundo para ayudarles a conectar personas con oportunidades. Es una representación digital de la economía global basada en datos de 610 millones de miembros, más de 50.000 aptitudes diferentes, 18 millones de empresas, más de 11 millones de vacantes y 29.000 centros educativos. Procesamos datos de todos los miembros, empresas, habilidades, noticias, empleos y universidades para identificar tendencias como la migración de profesionales, las tasas de contratación y las aptitudes más demandadas por zona geográfica o sector".

EL PRIMO DE ZUMOSOL

No será por falta de músculo. Dicen que a LinkedIn no le molestó ser segundo plato para Microsoft. El gigante de gigantes intentó comprar Facebook, pero la negativa de Mark Zuckerberg los hizo decidirse por el invento de Hoffmann, cuyo posible despecho tuvo suficiente árnica en los 26.000 millones de dólares que soltaron Bill Gates y compañía, que además se comprometieron a dejarle vía libre en la gestión. A cambio, Microsoft mejoró sus servicios basados en la nube con los datos de LinkedIn, no solo numerosos, sino especialmente jugosos dada su procedencia: profesionales dedicados a producir como locos. En su artículo para The New Yorker "Por qué Microsoft quería LinkedIn", Vauhini Vara recuerda cómo en la presentación a los inversores de la operación aparecía una mujer que le pedía al asistente digital de Microsoft, Cortana, que le organizara una reunión con un tal Sam... y Cortana le decía todo lo que sabía del tal Sam a partir, sobre todo, de su perfil en LinkedIn. Por su parte, LinkedIn conseguía tamaño para estar a la altura financiera de un Facebook, por ejemplo.

Guido Stein, profesor de Dirección de Personas del IESE, prefiere enfriar un poco tanto entusiasmo digital. Cuando le argumento que las plataformas tipo LinkedIn se están arrogando el papel de gran intermediario de todo lo que tenga que ver con recursos humanos, tira de ironía. "Eso lo está haciendo mucha gente. Como te descuides Google va a sustituir a tu banco, a Actualidad Económica [¡Auch!, ahí duele] y a todo menos a tu mujer. [Eso es que no ha visto la película Her]. Es cierto que la red manda en todo lo que se pueda convertir en una mercancía poco distinguible, pero no te va a elegir al candidato adecuado. Ese o lo hace el empleador o lo criba un cazatalentos, que, eso sí, va a cobrar menos, porque la red facilita mucho determinado tipo de contacto".

Respecto a la capacidad de análisis de la que presume LinkedIn, Stein se muestra escéptico. "Es verdad que toda la gente que está en su red queda fotografiada, y con eso pueden hacer puzles, estudios más o menos interesantes. Pero son estadísticas, no sé si LinkedIn o cualquier otra plataforma van a ser capaces de hacer análisis de verdad. Y las estadísticas, en fin... Hoy mismo ha vuelto el CIS a sacar unas".

Stein concluye conciliador. "Estas plataformas son unas maravillosas, poderosas herramientas que arrojan datos que, en sí, son siempre mostrencos [ole]. Tiene que haber alguien que los interprete. Y ahí aparece un periodista avezado que te analiza la tendencia. Eso es lo que vale dinero [uf, menos mal]. Decía Peter Drucker que somos tan poco innovadores porque vamos a las mismas universidades, leemos los mismos libros, oímos a los mismos gurús, vemos las mismas películas y vamos a los mismos bares. Y en ese sentido, la red democratiza, pero también homogeniza. Los recursos humanos tienen que ser como un buen gin-tonic, que incluya herramientas como LinkedIn, pero también el esfuerzo personal, la creatividad, el talento, el olfato".

Además, dicen que el gin-tonic es bueno para las agujetas, ¿no?

 

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