A pesar del listado de ventas de empresas catalanas en los últimos meses, entre los expertos no reina el pesimismo ni la sensación de que se está produciendo una desertización industrial. Ni siquiera después de conocerse que los cinco accionistas de la familia Espona, propietaria de Pastas Gallo, explora el mercado para una posible venta de la compañía, líder de su sector.

La atracción de inversión extranjera es uno de los pilares de la política industrial de la Generalitrat y esta puede ser mediante la implantación de filiales o mediante compras. "Nosotros preferimos lo primero, pero priorizamos que la compañía se quede aquí. Se trata de garantizar su continuidad", afirma Maria Matilde Villaroya, directora general de Indústria de la Generalitat. En todo caso, "que empresas catalanas sean atractivas es buena noticia. Es que lo hacen bien", añade.

Buena salud

Lo cierto es a pesar de las ventas de Codorniu, Freixenet, Cirsa o Gaes, la industria sigue teniendo peso en Catalunya. "En los últimos meses ha habido movimientos, pero sigue habiendo buena salud y muchas compañías en posición inversora", afirma Manuel Blanco, socio responsable de Empresa Familiar de KPMG en Catalunya.

Una muestra de ello es el clúster farmacéutico, con Esteve, Ferrer, Uriach, Hipra, Lacer, Indukern, Almirall, Reig Jofré, además de Grífols o compañías de ciencias de la salud o vinculadas como Werfen o de otros ramos como Fluidra, Damm, Bon Preu, Puig, Casa Tarradellas, Vall Companys, Adam Foods /Idilia, Roca, Simón, Girbau, Top Cable, Europastry, por poner solo unos ejemplos. Muchas de ellas acometen proyectos de crecimiento.

Unas 9.000 filiales

Según la directora general de Indústria, unas 3.500 compañías catalanas tienen unas 9.000 filiales en otros países. Eso refleja, agrega, que se trata de empresas que no solo invierten en el país sino que también apuestan por la internacionalización.

En cuanto a la fuga de sedes sociales, que se produjo tras el referéndum del 1-O,  y que no ha supuesto marcha de actividad productiva, la directora general destaca que se ha vuelto a una "fase de normalización", con las entradas y salidas que eran "habituales". "Este es un ecosistema con proveedores, cadena de valor y clientes" que se mantienen y que las empresas necesitan, asegura. 

La industria supone alrededor del 21% del producto interior bruto (PIB). Es un nivel alejado aún de una potencia como Alemania, pero por encima de la media española (16,4%). A juicio del decano del Col.legi d'Enginyers Industrials de Catalunya, Josep Canós, una sociedad industrial está más equilibrada, genera empleos más cualificados y salarios más elevados y puede soportar mejor las crisis.

Canós asegura que el fenómeno de compras de empresas por parte de fondos no es local sino mundial y que lo importante no es solo la propiedad sino que se mantengan las instalaciones productivas. Pese a ello nadie niega la importancia, a la larga, de contar con los centros de decisión.

Peso del 21% 

El Pacte Nacional per la Indústria, derivado de una resolución del Parlament del 2016 y encallado como lo está la política catalana, apunta a un peso de la industria que debería alcanzar el 25%. Dentro del concepto, además de la manufactura y las actividades extractivas se incluyen los servicios a la industria. En el 2000, la industria suponía en Catalunya el 26,9% del PIB y el mínimo se alcanzó en el 2009, con el 18,5%.      

Es verdad que si recurrimos al mito de las 100 familias que manejan Catalunya o que representan a las principales compañías "muchos de estos apellidos no tienen ya presencia industrial" afirma Miguel Montero, socio de 'Deal Advisory' de KPMG.

Pero surgen otras nuevas que toman el relevo y otras que lo harán en el futuro, además del ecosistema emprendedor y de 'start-ups' que ha encontrado en Barcelona un lugar adecuado para el desarrollo de nuevos proyectos y que en unos años pueden ser grandes negocios. "Es lo que sucede también con las empresas que conforman la clasificación de 500 mayores firmas de 'Fortune", agrega Montero.

Menos operaciones

En cualquier caso es evidente que existe "una ventana de liquidez a nivel mundial" que lleva a los fondos a adquirir activos y empresas en busca de rentabilidad. De todas formas, según Àlex Soler-Lluró, socio responsable de Transacciones de EY, augura que "posiblemente se reducirán las operaciones" como consecuencia de la desaceleración económica que se está viviendo. 

Soler-Lluró destaca que en las ventas que se registran últimamente son situaciones particulares, como el relevo generacional o la necesidad de las compañías de ganar dimensión, modernizarse o digitalizarse para lo que necesitan un socio financiero o un comprador que se haga cargo de ello. "Son situaciones de ventana de oportunidad", agrega.

A juicio de Miguel Montero, al final lo que se demuestra es que "Catalunya es una economía viva". Manuel Blanco asegura que la venta de empresas familiares no es la norma sino la excepción y recuerda el último Barómetro de la Empresa Familiar de KPMG, según el cual apenas el 5% de los encuestados mostraban su intención  de vender la compañía en un plazo de tres años.     

 

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