Cuando BBVA se trasladó a su nueva sede, prescindió de los despachos asignados, de forma que solo el presidente mantuvo el suyo. La idea era –y es– que todos los trabajadores desempeñen su labor codo con codo, al margen de categorías profesionales. En otras empresas, el cambio esencial ha sido reunir sin interrupciones físicas o visuales a grupos de trabajo que estaban compartimentados o a personas que disponían de pequeños cubículos.

Distracciones y falta de privacidad 

Los profesores Ethan Bernstein y Stephen Turban son los autores de un estudio titulado El impacto del espacio abierto en la colaboración humana, realizado mediante encuestas a empleados de dos multinacionales en su paso a oficinas despejadas, y sus conclusiones apuntan varias consecuencias negativas de esta moda.

La más importante, la de las distracciones que supone el ruido generado por un colectivo amplio de personas en un mismo entorno. Eso explica que algunos empleados opten por utilizar auriculares y escuchar música para aislarse, lo que en principio obstaculiza la idea de la colaboración de viva voz.

Otra cuestión es la de la intimidad. A algunos directivos del BBVA les costó asumir la pérdida de sus despachos por su estatus, pero también por no disponer de su espacio personal para tener conversaciones en persona o hablar por teléfono sin que otros los escuchasen.La privacidad a la hora de conversar en un espacio abierto es inexistente, salvo que se haga en una sala de reuniones o bien mediante correo/mensajería.

Esta última opción es muy popular en empresas que tienen a muchos trabajadores juntos, lo que igualmente no casa con la filosofía inicial de promover charlas convencionales.

El estudio de Bernstein y Turban concluye que las interacciones cara a cara descendieron considerablemente en las dos multinacionales analizadas tras el paso a una oficina totalmente despejada, ya la vez se disparó el uso del correo electrónico. Eso tiene consecuencias en cuanto a la calidad de la comunicación, ya que por escrito se pierden los matices que aporta la conversación cara a cara, y que a veces son imprescindibles para evitar malentendidos o conflictos en un entorno laboral.

Sexismo

El debate sobre los inconvenientes de esta clase de espacios no termina ahí. Un estudio publicado en la revista académica estadounidense Género, Trabajo y Organización introduce la perspectiva de mujeres que se sienten más incómodas por percibir más miradas sobre ellas. Esta investigación se desarrolló durante el proceso de transición de un modelo segmentadoaotro abierto de unas oficinas del Gobierno británico con 1.100 trabajadores. El arquitecto de las nuevas instalaciones comparó la situación con una playa nudista: “Al principio estás preocupado porque todo el mundo te mire, pero luego piensas que todo el mundo está desnudo y nadie está mirando a otra persona”.

La aritmética del espacio

Desde un punto de vista costebeneficio, el incentivo para las empresas a favor de las oficinas abiertas es evidente, ya que permite un mejor aprovechamiento de la superficie alquilada. Además, el acondicionamiento de despachos individuales requiere más trabajo que una obra en la que solo haya que disponer hileras de mesas de la forma más optimizada posible.

Pero ese cálculo no refleja la productividad de los empleados. Según una investigación de la Universidad de Sídney, la capacidad de los trabajadores para hacer sus tareas se resiente en un área de este tipo y la calidad de su labor disminuye. Bernstein y Turban hablan igualmente de caída de productividad en los empleados analizados en su estudio.

A eso se une otra tendencia complementaria, la de los puestos no asignados, algo que incluyen los planes de hasta el 45% de las multinacionales, según la consultora inmobiliaria CBRE. Aquí la idea es que los empleados no siempre estén ubicados en el mismo sitio, de forma que las corrientes de colaboración puedan surgir más fácilmente a medida que van compartiendo espacio con otros compañeros.

En su obra A puerta cerrada, Jean Paul Sartre escribió que “el infierno son los otros”, como descripción del sufrimiento que puede generar la mirada inquisidora de otra persona. Las oficinas abiertas parecen darle un nuevo sentido a esta frase.

 

 

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