¿Qué sucede cuando una organización sigue todos los pasos de su líder, cometiendo sus mismos errores también a nivel comunicativo? Según Fast Company este sería el caso de la Administración Trump pero también del fabricante de automóviles Tesla, que no duda en apoyar las decisiones y comportamientos erráticos de Elon Musk, su Fundador y hasta hace poco Presidente, ya que acaba de renunciar al cargo durante 3 años por un caso de fraude bursátil.

He estado pensando mucho acerca de algo que me ha sucedido esta semana y que me ha molestado lo suficiente como para escribirlo. Todo comenzó cuando decidí escribir un breve post sobre un articulista económico que no hablaba demasiado bien acerca de la compañía estadounidense de automóviles Tesla. Esta persona, que escribía bajo el seudónimo de Montana Skeptic y no era un trol de Internet, llegó a irritar tanto a Elon Musk, Fundador y Presidente de la empresa, que se molestó en descubrir la identidad real del escritor y se puso en contacto con su empresa. Desde entonces, Montana Skeptic ha retirado su cuenta de Twitter y ha anunciado que dejaría de escribir sobre Tesla.

Este es el ejemplo de un multimillonario susceptible ejerciendo su poder, un fenómeno que parece ser más común de lo normal en la actualidad pero que continúa siendo desagradable. ¿Por qué Musk la tomó precisamente con este crítico de Tesla habiendo muchos otros que publican sus nombres reales online? Cuando, documentándome para mi post, contacté con Tesla para que me explicaran su versión los hechos, su respuesta fue aún más extraña. La respuesta normal de una compañía pública sería: a) declinar hacer comentarios o b) confirmar de algún modo lo sucedido, pero tratando de quitarle importancia.

Sin embargo, desde Tesla hicieron algo diferente: se refirieron al escritor bajo seudónimo por su nombre real, algo que intencionadamente no hice en mi post. También mencionaron a la empresa empleadora de Montana Skeptic, me proporcionaron su contacto y me pidieron que les llamara. Lo que quería esta multinacional con una capitalización bursátil de 50.000 millones de dólares es que yo persiguiera a alguien que se había atrevido a criticarles. Sería extraño, pero quizá no sorprendente, que ese dictado proviniera directamente de Musk, pero el mensaje venía de su Departamento de Relaciones Públicas. No publiqué el comentario en mi artículo porque me pareció bastante insignificante.

A pesar de que el nombre real de Skeptic sea ahora de interés periodístico, lo que es importante es pensar por qué lo es. El término ‘doxx’, que hace referencia a una práctica en Internet de investigación y publicación de información privada sobre un individuo o una organización, se ha utilizado bastante en los últimos tiempos, pero este caso resulta  particularmente interesante. Montana Skeptic no estaba acosando o molestando a nadie, simplemente estaba escribiendo un análisis sobre por qué creía que las acciones en Bolsa de Tesla no valían tanto la pena. Hay muchos otros blogs y personalidades populares en la Red que escriben bajo seudónimos y la gente les lee y comparte sus contenidos sin preocuparse de la auténtica identidad del autor. Por lo que parece razonable que, si Skeptic quiere permanecer en el anonimato, deberíamos dejar que lo hiciera.

Pero Musk siguió otro camino, averiguando su verdadero nombre y lugar de trabajo. Y su equipo dio un paso más al hacerlo público en los medios. Aunque la compañía se apoye en el hecho de que es posible navegar por Internet y descubrir la identidad real de Skeptic, eso no significa que su respuesta oficial sea la correcta. Es más, Tesla lo hizo incluso después de que el articulista dijera que dejaría de escribir sobre la compañía, lo que hace que el incidente sea todavía más desagradable.

Enredado, envalentonado y capaz

He pasado las últimas 24 horas preocupado por esta situación. En los últimos meses, Musk se ha visto envuelto en una serie de escándalos de Twitter que, por lo general, siguen este patrón: alguien, normalmente una persona completamente desconocida, cuestiona sus actuaciones y Musk contraataca. Cuando la gente cuestionó su absurdo minisubmarino para salvar a los niños atrapados en una cueva subterránea de Tailandia, Musk, en un tweet, acusó al rescatador principal de pedófilo. Y cuando los medios de comunicación han cuestionado en ocasiones sus estrategias empresariales, él ha recurrido a insultos típicos de patio de colegio. En definitiva, durante el último año, Musk ha demostrado ser un impulsivo desastre.

Pero no solo es él, sino que su organización actúa del mismo modo. En este último altercado, un grupo de supuestos trabajadores del área de Relaciones Públicas pensó que era inteligente ir a por un hombre que escribía análisis financieros. Y la firma consideró que era importante no solo revelar el nombre de esa persona, sino también especificar que su jefe era un fan de Tesla. ¿A quién le importa? Y lo que es más importante aún, ¿por qué hacer algo así?

Tesla usó una táctica similar (no Musk, sino el equipo de prensa de la compañía) a la hora de describir un informe de la organización periodística sin ánimo de lucro Reveal como “un ataque motivado ideológicamente por una organización extremista.” Todos estos movimientos son radicales y reaccionarios y muestran una necesidad descarada de tener la última palabra.

No sé si puedo ir más allá además de decir que algo anda mal. Tener un comportamiento errático se está convirtiendo en lo habitual en muchas esferas, hablemos de política, del ámbito doméstico y ahora de las empresas. Se trata de una cuestión  de complicidad y de valores. Una cosa es tener a un líder volátil y otra cosa es emular sus acciones como parte de una estrategia organizativa.

En 2018 es común ver a millonarios y multimillonarios actuando como si fueran víctimas de un sistema opresivo, esperando salirse con la suya. “Podría pararme en medio de la Quinta Avenida y disparar a alguien, y no perdería ni un solo votante,” dijo Donald Trump hace tan sólo unos años en un acto de campaña en la ciudad de Sioux Center, en Iowa (Estados Unidos). Y tanto su Administración como demás miembros de su partido han seguido su ejemplo de retórica y acción temerarias, lo que ha llevado a muchos observadores a cuestionar dicha complicidad.

En la actualidad, compañías enteras parecen comulgar con esa tendencia inquietante hacia seguir las órdenes. Primero, comienza por arriba y, luego, se extiende hacia abajo. En el caso de Tesla, uno esperaría que alguien del equipo de prensa de Musk se detuviera y dijera: “Oye, ¿está bien lo que estamos haciendo? Tal vez esta no sea una buena idea.” Por contra, lo que hacen es seguir adelante.

Para concluir quiero señalar que, aunque este tipo de comportamientos se están volviendo cada vez más habituales, no son normales. Y no deberíamos permitir que lo fuesen.

 

*Guthrie Weissman, Cale. “Tesla is not normal”. Fast Company, 27/07/2018 (Artículo consultado online el 27/09/2018).

Acceso a la noticia: https://www.fastcompany.com/90209147/tesla-is-not-normal

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