La tecnología de reconocimiento facial puede eliminar los prejuicios en las entrevistas de trabajo, pero hay que tener en cuenta los aspectos relativos a la privacidad de los datos.

La tecnología que analiza las emociones mediante el reconocimiento facial está en una fase inicial. Pero las compañías de inteligencia artificial (IA) aseguran que puede transformar el proceso de selección de personal. Según afirman, sus algoritmos pueden descifrar lo entusiasmado o aburrido que está un candidato, o su honestidad, y descartar a aquellos que no presenten las características deseadas. Algunas empresas, como Unilever, ya han empezado a utilizar la tecnología. El grupo londinense Human, fundado en 2016, es una start up que analiza las solicitudes de empleo en formato de vídeo. La compañía sostiene que puede detectar las expresiones emocionales de los posibles candidatos y compararlas con los rasgos de la personalidad -la información que recopilan sus algoritmos descifrando expresiones faciales subliminales en las respuestas de los solicitantes-.

Human envía un informe al reclutador detallando las reacciones emocionales de los candidatos a cada una de las preguntas de la entrevista, acompañado de puntuaciones sobre lo "honesto" o "apasionado" que es un candidato. "Si [el reclutador] dice, estamos buscando al candidato más curioso, pueden encontrar a esa persona comparando las calificaciones de los candidatos", explica Yi Xu, fundadora y consejera delegada de Human. Los reclutadores pueden valorar a los candidatos en una entrevista al estilo convencional, pero Xu afirma que la tecnología de reconocimiento facial de su compañía ayuda a los selectores a abarcar un mayor número de candidatos y preseleccionar a gente que podrían no haber tenido en cuenta de otra forma.

"Un entrevistador puede tener prejuicios, pero [con la tecnología] no juzgan la cara sino la personalidad del candidato", indica. Uno de los objetivos es superar la discriminación por etnia y género en el proceso de contratación.

PREJUICIOS
Frederike Kaltheuner, que asesora sobre innovación en datos de la ONG Privacy International, coincide en que los entrevistadores pueden tener prejuicios. Pero advierte que "los nuevos sistemas pueden traer problemas nuevos".

El mayor problema afecta a la privacidad, y a lo que sucede con los datos después de su análisis. Ailidh Callander, representante jurídica de Privacy International, asegura que no está claro si los datos utilizados para programar los algoritmos de reconocimiento facial cuentan como "personales", y si puede aplicarse la legislación que afecta a la privacidad de los datos. En Europea, es posible que el procesamiento de datos por parte de compañías de inteligencia artificial no esté cubierto por el Reglamento General de Protección de Datos, la legislación de la Unión Europea para proteger la privacidad de los datos que entrará en vigor en mayo.

Paul Ekman, que dirige Paul Ekman Group, una firma que forma a especialistas en reconocimiento de las emociones, afirma que es posible conseguir una inteligencia artificial emocional fiable usando sus métodos. Pero añade: "No se ha publicado aún un estudio que muestre que los sistemas automatizados son precisos". Ekman sostiene que aunque la inteligencia artificial emocional fuera posible, la gente que interpreta los datos -en este caso los empleadores- también deberían recibir formación para interpretar adecuadamente los resultados. Cada persona tiene más o menos habilidad para manipular sus emociones y engañar al sistema, y Ekman señala: "Si la gente sabe que se la está observando, cambia su comportamiento". Cuando se les dice que se analizarán sus emociones, se cohíben.

EFICIENCIA
Según HireVue, Unilever ahorró 50.000 horas de trabajo en 18 meses cuando pasó a realizar el proceso de selección a través de Internet y empezó a utilizar una plataforma de entrevistas en vídeo. HireVue integró la tecnología de reconocimiento facial en su servicio hace unos dos años, y vendió su servicio a Unilever.

Gabi Zijderveld, jefe de márketing de Affectiva, asegura que los empleadores podrían usar la inteligencia artificial emocional de diversas formas. Un ejemplo es el coaching para empleados que quieren mejorar sus presentaciones y su habilidad para las ventas. También podría emplearse para controlar el estado de ánimo de los trabajadores y detectar episodios de agotamiento o depresión.

 

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