Los sondeos muestran desde hace años que la mayoría de los millennials no quieren trabajar a tiempo completo. Los millennials quieren llegar a casa a tiempo para cuidar de sus hijos, o al menos jugar un poco a la consola.

Un amigo que contrata trabajadores para un banco de inversión se quejaba recientemente de las solicitudes de empleo de los millennials. Me comentaba que en la entrevista hacen preguntas como "¿Puedo salir antes los viernes por la tarde para ir a yoga?"

Los sondeos muestran desde hace años que la mayoría de los millennials no quieren trabajar a tiempo completo. En recientes estudios de Deloitte y de la página de seguimiento de carreras Comparably, los empleados más jóvenes priorizaban el equilibrio entre la vida personal y la laboral sobre la progresión profesional. Los millennials quieren llegar a casa a tiempo para cuidar de sus hijos, o al menos jugar un poco a la consola.

Durante la crisis económica, cualquier empleador al que se le preguntase sobre el yoga podía limitarse a esbozar una sonrisa y tirar el currículum del solicitante a la papelera. Siempre había un candidato más desesperado. Pero eso está cambiando ahora: la economía global crece a su ritmo más rápido desde 2011, y los solicitantes de empleo cualificados escasean. Finalmente, los trabajadores pueden hacer demandas. IG Metall, el mayor sindicato de Alemania, acaba de llegar a un acuerdo que permite a sus miembros trabajar 28 horas a la semana durante un máximo de dos años, normalmente cuando tienen niños pequeños. El cuidado de los hijos ha dejado de ser algo exclusivo de las mujeres: la mayoría de los miembros de IG Metall son hombres.

Es cierto que Alemania es en la actualidad una especie de paraíso para los trabajadores. Pero si otras economías nacionales siguen creciendo, las horas de trabajo pronto empezarán a escalar también en la agenda de prioridades. Durante las épocas de auge, hay más gente que quiere cambiar dinero por tiempo.

La crisis empezada en 2008 ha terminado finalmente. Los salarios medios están por encima de los niveles previos a ella en todos los países desarrollados excepto Reino Unido y Grecia. La eurozona registra su tasa de desempleo más baja, y el crecimiento de los salarios estadounidenses es el más rápido desde 2009.

En los países desarrollados, la trabajadora media gana más que nunca antes. Más que eso, ha heredado una sensación de seguridad de la que carecía la generación anterior. Pongamos el caso de una mujer nacida en un país occidental en 1980. Su abuelo, nacido alrededor de 1930, trabajaba largas jornadas en una fábrica. Su padre, nacido en 1955, trabajaba unas pocas horas menos en una oficina. Ahora, ella es la tercera generación que desarrolla su carrera después de la Segunda Guerra Mundial, y está por encima del mero nivel de subsistencia. Además, probablemente pueda esperar una herencia. En resumen, aunque sigue habiendo precariedad, la trabajadora media tiene hoy en día suficiente dinero para salir adelante. Lo que le falta en esta era de mensajes de trabajo constantes es tiempo.

Normalmente se discute la cuestión del equilibrio entre la vida privada y laboral como un asunto personal. Los gurús de la autoayuda suelen dar trucos útiles: dejar Facebook, ignorar la mayoría de correos electrónicos, instalar una app de meditación, etc. Sin embargo, tal y como expone Anne-Marie Slaughter en su libro Unfinished Business, no es el trabajador el que necesita cambiar, sino el sistema.

En este sentido, Alemania ha sido la que ha fijado discretamente la tendencia. En 1960, los empleados de Alemania Occidental trabajaban una media de 2.163 horas al año. Hoy, es de 1.363 horas, la más baja de todos los países desarrollados. Y, cuando los alemanes se marchan a casa a media tarde, muchos de ellos son realmente libres. Muchas importantes empresas alemanas -obligadas por las condiciones del mercado laboral a mantener contentos a los trabajadores- limitan los correos electrónicos después del trabajo. Daimler incluso borra automáticamente los emails dirigidos a empleados que están de vacaciones.

Ahora IG Metall ha dado otro paso a favor del equilibrio entre la vida personal y profesional. Hay que reconocer que los miembros de IG Metall disfrutan de una posición inusualmente ventajosa para hacer demandas. La industria de los metales alemana es prácticamente el sector más en auge del país más en auge de Europa. Pero los acuerdos de IG Metall suelen convertirse en referentes para la economía alemana.

Otros países tradicionalmente adictos al trabajo también están intentando mejorar la situación. Corea del Sur, China y Tailandia han limitado los deberes escolares, aunque claramente no lo suficiente: Muchos padres chinos se quejan de tener que dedicar todas las noches a las tareas de trigonometría de sus hijos. Ahora, el Gobierno de Corea del Sur quiere reducir las horas de trabajo medias anuales de 2.069 en 2016 a menos de 1.800 -el máximo de los países de altos ingresos del ranking de la OCDE. Por el momento, los planes de Corea del Sur son mayoritariamente palabras (como la promesa en Japón de "reforma del estilo de vida"), pero cualquier gobierno que mejore las vidas de los coreanos debería ganar votos de los millennials.

Sólo Estados Unidos ha encontrado una forma de hacer que los empleados pudientes trabajen la jornada completa al viejo estilo: les retiran el seguro sanitario si paran. Pero incluso aquí pueden cambiar las cosas. Amazon está probando con equipos técnicos que trabajan 30 horas semanales por los mismos beneficios y tres cuartas partes del salario de los empleados que están 40 horas. Esos esquemas se harán comunes si la economía sigue creciendo.

La reducción de las horas no ayudará a los empleados peor pagados, que no pueden permitirse trabajar menos, o a los trabajadores de la élite, que suelen adorar su trabajo y pueden contratar ayuda para las tareas del hogar. Pero para la amplia franja intermedia de los países desarrollados, está emergiendo una nueva vida laboral. La semana laboral se acortará, y los trabajadores reducirán su jornada cuando tengan hijos o padres mayores a los que cuidar. En cambio, durante las fases más tranquilas de su vida, trabajarán más: el acuerdo alcanzado por IG Metall facilita que algunos trabajadores aumenten las horas de las 35 habituales a 40. Esta flexibilidad debería acabar con el castigo que sufren las mujeres a lo largo de sus 45 años de carrera por los pocos que dedican a criar a sus hijos.

El futuro del trabajo podría parecerse a Alemania: jornadas laborales más cortas, alta productividad y un sector del yoga en auge.

 

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