Entrevista de "La Contra" de La Vanguardia a Luis Espiga, experto en salutogénesis de empresas y organizaciones: "Si participamos, ocurren cosas como la economía colaborativa, el crowdfunding... Debemos hacernos conscientes de que la sociedad es un organismo vivo, creación nuestra, que su enfermedad o salud dependen de nosotros."

Nací en Burgos y me crie en Asturias, pero soy apátrida, mi casa está allí donde la vida me lleve. Divorciado, tengo una hija y dos nietos. Mi misión es ser un despertador: ayudar a personas y organizaciones a despertar. Estoy comprometido con garantizar la dignidad del ser humano. Mi ética es cristiana.

¿Sana usted organizaciones?

Los organismos sociales están constituidos por seres humanos, están vivos y, como tales, pueden enfermar y sanarse.

¿Cómo?

De la misma manera que un ser humano no es únicamente un cuerpo, una organización también tiene una parte espiritual que debemos despertar.

¿...?

En lo individual debemos despertar la idea de la necesidad de que cada persona se desarrolle, sea la mejor versión de sí misma y encuentre una vida con sentido. En lo social ocurre lo ­mismo.

¿De qué tipo de organizaciones hablamos?

Una empresa, una institución pública, un colegio, una asociación, una granja, una ciudad... Debemos entender que cualquier equipo tiene una parte trascendente, una identidad.

¿Y qué la define?

Lo que le da sentido, lo que la mueve, sus valores. Aparentemente es simple: hacemos sillas y nuestro objetivo es ganar dinero.

Así es.

¿Eso es todo? ¿Pasamos cincuenta años de nuestra vida para eso? No es suficiente, ne­cesitamos un trabajo que tenga sentido.

No todos nos podemos realizar a través del trabajo, insistir en ello es abonar una sociedad frustrada.

A una persona que no sabe para qué está trabajando en una organización no le pidas que se motive. Se trata de alinear tus valores con los de la organización, y eso es lo que genera el estímulo y la motivación que te permite dar lo mejor de ti mismo.

El sentimiento de pertenencia.

Cuando nos manejamos con esa visión empiezan a sanarse muchos de los dolores que tenemos como individuos y como organizaciones. Ahí radica la salutogénesis. En lugar de centrarnos en descubrir las causas de los desequilibrios, la patogénesis, debemos potenciar las fuentes de salud.

¿Y las organizaciones consiguen averiguar qué sentido tiene lo que hacen?

Así es, preguntándose qué las impulsó, qué valores defienden. Y en el momento en que la organización se define con claridad algunos no quieren seguir trabajando en ella, pero otros se identifican y quieren participar.

Muchas se definen con falsas bondades.

Cierto, muchas empresas, partidos políticos y organizaciones defienden su labor social o su respeto al medio ambiente cuando no es en absoluto su prioridad, son pura estrategia.

Somos nuestros actos.

Por eso basta con observar cómo se comporta una institución o cómo se comporta un equipo para descubrir esos niveles ocultos.

No creo que nadie quiera reconocer que el medio ambiente le importa un rábano.

Has de tener coraje para reconocer tus valores, de esa forma siempre encontrarás gente afín.

¿Cómo sanar a la sociedad?

Según el modelo filosófico de la triformación social, del científico y pensador alemán Rudolf Steiner, sanando las tres esferas o áreas de actividad que constituyen cualquier sociedad.

¿Qué áreas?

La político-jurídica, la cultural-espiritual y la económica. En la primera residen las leyes, las normas, la constitución del país, la vida parlamentaria y política. En la esfera cultural están la educación, el arte, la cultura, las creencias, la agricultura, los medios de comunicación, la medicina, el folklore.

¿Y?

Cada una de estas esferas se rige por una norma propia. La esfera jurídica, por la igualdad, es decir, ante la ley todos somos iguales; la esfera cultural, por la libertad, y la esfera económica, por la fraternidad.

Creía que por la ley de oferta y demanda.

La economía es una interrelación entre seres humanos que tienen unas necesidades por cubrir y que se ayudan.

No sé yo...

Por eso las sociedades están enfermas, porque en la esfera jurídica no somos iguales, en la esfera cultural nos manipulan y en la esfera económica el que más tiene acaba dominando e imponiéndose al débil. Y cada esfera se debe quedar en su ámbito y no inundar a las otras, pero ahora mismo la esfera económica se ha introducido en todas las demás.

¿Cómo romper esta dinámica?

La sociedad civil debe convertirse en protagonista de la vida política, cultural y económica empezando por recuperar la responsabilidad en las cosas más básicas como la educación de nuestros hijos.

¿A qué se refiere?

A no dejar al niño en el colegio para que te lo eduquen, sino educarlo con ayuda del maestro; hacernos conscientes de nuestras enfermedades recurriendo a los médicos para que nos ayuden, pero no abandonándonos a ellos.

¿Compromiso?

Sí, debemos implicarnos de manera activa en la política, y lo mismo aplicado a la economía, no dejarla en manos de economistas y bancos.

Eso requiere mucha madurez.

Si participamos, ocurren cosas como la economía colaborativa, el crowdfunding... Debemos hacernos conscientes de que la sociedad es un organismo vivo, creación nuestra, que su enfermedad o salud dependen de nosotros. Un proceso largo, no será fácil, pero hay un camino.

 


Del yo al nosotros

Era un alto directivo de empresas multinacionales, conoció el glamur de Silicon Valley y también el lado deshumanizado de las empresas más punteras. Su trabajo personal de búsqueda de sentido le llevó a preguntarse por el sentido de las organizaciones y decidió sentarse al otro lado de la mesa. Fundó el Triform Institute (TriformInstitute.com), desde donde promueve la triformación social, una de las grandes aportaciones prácticas del científico y pensador alemán Rudolf Steiner. Un impulso de sanación de los organismos sociales (cualquier grupo de personas compartiendo un destino: nación, ciudad, empresa, asociación, escuela, comunidad...) . Imparte seminarios en la casa Rudolf Steiner de Barcelona.

 

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