Nueva economía, vieja precariedad laboral. Algunos de los empleos surgidos con las nuevas tecnologías esconden en determinados ámbitos una precariedad laboral que parecía –si no erradicada– en vías de desaparición en las sociedades desarrolladas. El caso más extremo es el de los repartidores de comida o de productos a domicilio que se concentran por decenas en las plazas de las grandes ciudades esperando que les llegue un pedido por el móvil.

Son trabajadores conocidos como “riders”. No cuentan con seguro de accidentes ni protección social y deben poner de su bolsillo los medios para realizar su trabajo: la bicicleta y un móvil de última generación con conexión a internet.

En Barcelona –como ya ha sucedido en todas las grandes ciudades– los trabajadores de una de la más conocidas de esas empresas –Deliveroo– se han agrupado en una plataformas para pedir mejoras básicas para su actividad como un seguro de accidentes, un mínimo de horas garantizadas o un plus de servicio para los días de lluvia.

Eve Llagostera lleva medio año trabajando en Deliveroo y otras empresas similares y es uno de los impulsores de la plataforma de Barcelona. “Comenzamos en estas empresas porque lo que ofrecen a priori es bastante apetecible: flexibilidad horaria, un mínimo de 2 pedidos por hora, trabajas con la bici y no estás en un entorno cerrado”.

En la práctica, la realidad es muy distinta, según Llagostera. Según explica, los lunes se abre una aplicación en la página web de la empresa en la que cada “rider” anota las franjas horarias en las que puede trabajar. Al final, sin embargo, es la empresa la que asigna los turnos en función de cómo “te hayas comportado la semana anterior”. Llagostera explica que si rechazas algún pedido porque no lo puedes atender o no te inscribes en las horas punta de mayor demanda no te llaman. “Se premia la disponibilidad total”.

Consultada la empresa, Deliveroo se ha limitado a informar que según encuestas internas, el 80% de sus riders valoran el trabajo por su flexibilidad.

El Consell de Treball Econòmic i Social de Catalunya (CTESC) está analizando la nueva economía. José Antonio Posadas, representante de UGT en el CTESC, explica que estas plataformas “aunque dicen que hay libertad y flexibilidad horaria para el trabajador no es verdad. La realidad es que solicitan a los trabajadores disponibilidad casi completa y si te niegas te acaban apartando”. Llagostera añade que “si no aceptas un pedido por la razón que sea, te condiciona el trabajo de la semana siguiente”.

El CTESC detecta el aumento de plataformas que ofrecen cuidadores, limpiadoras o profesores de inglés. Todas ellas con un rasgo común: mínimo contacto humano y una relación laboral formalizada telemáticamente.

El director de Coyuntura y Estadística de Funcas y consejero de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), Raymond Torres, señala que es innegable que “hay un lado positivo para el empleo en la economía digital y la inteligencia artificial”. Pero también advierte que en determinados trabajos “hay un cambio en cuanto a quien asume el riesgo inherente de la actividad económica. Antes, este riesgo estaba repartido entre la administración, el empresario y el trabajador.

Ahora se traslada todo al trabajador”. Es el caso de los empleados ocasionales que se comunican con su empresa a través de una aplicación móvil y en la que no cuentan con protección social ni laboral salvo la que ellos se la paguen como autónomos.

Llagostera recuerda que las cotizaciones de autónomos se pagan se cobre o no se cobre nada. La plataforma de trabajadores de Deliveroo ha calculado que un empleado que consiga trabajar 20 horas a la semana, una vez descontado el coste de los autónomos, percibirá en neto 246 euros al mes, con lo que el precio por hora neto les sale a unos 3 euros.

La opinión de Daniel Fuertes, analista de AFI, es muy diferente. Para él, la precariedad no es consecuencia de la nueva economía que representan iniciativas como Deliveroo, Uber, Cabify, sino de la estructura del mercado laboral español, que empuja a los jóvenes hacia ese tipo de trabajos low cost que por definición suelen ser temporales y vinculados a épocas en las que el empleado es también estudiante.

“El problema es cuando se opta por ese trabajo porque no se tiene otro remedio”, dice Fuertes. El economista añade que “trabajar unas horas para sacarse unos euros no es malo y ha pasado siempre”. Para Fuertes, cuando un trabajo low cost como el que ofrecen algunas de las plataformas de internet es el proyecto de vida de alguien eso no es bueno. Pero es lo que ocurre en España por la ingente masa de desempleados jóvenes que no encuentran nada mejor.

La precariedad de este nuevo mercado laboral ha llegado hasta el Parlamento Europeo. El eurodiputado socialista Javier López, que ha preparado el informe que se someterá a votación alerta del peligro de “uberización” de la economía. “Hay que regular las nueva situaciones en las que no hay unas relaciones contractuales típicas”.

La existencia de un problema real con el sector de los repartidores se hizo evidente el lunes cuando la empresa Deliveroo comunicó un cambio en el modelo de relación con sus empleados dejándoles que se conviertan o bien en autónomos dependientes (TRADE) o bien acepten trabajar sin un mínimo. Los trabajadores rechazaron el cambio.

La directora de general de Deliveroo en España, Diana Morato, declaró a El Mundo que “los repartidores incrementarán sus ingresos y dispondrán de mayor flexibilidad”. Los riders creen que ese modelo sólo generará más precariedad.


“Vamos a la plaza a la espera del mensaje en el móvil”

“Somos unos 45 repartidores que nos reunimos los fines de semana en los alrededores de la plaza Letamendi a la espera de que nos salte un pedido de reparto en el móvil”, explica Eve Llagostera desde Barcelona. Trabaja como repartidor de comida en Deliveroo, una multinacional británica que lleva varios años en el mercado español acumula cientos de quejas en todo el mundo sobre su forma de actuar. Como el resto de compañeros, Llagostera no tiene un sueldo fijo y cobra 4 euros brutos por pedido que realice con su bicicleta, haga buen día o llueva. En su caso tiene garantizada la hora en la que se le ha asignado que trabajará para la empresa y el cobrar un mínimo de dos pedidos. Lo habitual es que realice esas entregas, ya que en el caso de negarse a aceptar los pedidos, eso condicionará el tipo de trabajo que se le asigne la semana siguiente. “Trabajas en función de tu productividad la semana anterior y de tu disponibilidad”, aclara Llagostera. La propuesta de cambio de modelo que lanzó esta semana la compañía introduce la figura del autónomo dependiente pero elimina para el resto de casos el pago de dos pedidos mínimos por hora. Por eso, los repartidores lo rechazan de forma mayoritaria, explica Llagostera. El mayor riesgo que tienen estos trabajadores ciclistas es que puedan sufrir un accidente o tengan alguna indisposición que les impida trabajar: deberán pagarse la cuota de autónomos, es algo inevitable. Esta semana protagonizaron su primera acción de protesta en una manifestación en las calles de Barcelona. Llagostera como muchos otros “riders” debe compaginar el trabajo de repartidor con otros empleos ocasionales para poder llegar a final de mes


“Doce horas al día y con miedo a los ataques”

3.740 Nuevas licencias de VTC. Los tribunales han autorizado 3.740 licencias de VTC (alquiler sin conductor) por un vacío legal, lo que puede disparar el sector .

“En cuanto pueda me iré de la empresa”. Así resume su estado de ánimo uno de los trabajadores de Cabify en Barcelona que pide expresamente no identificarse. Cabify es una empresa que a través de una aplicación móvil ofrece servicios de transporte a las personas como si fuera un taxi. El empleado se queja que lo peor del trabajo es que “nos obligan a trabajar 12 horas al día cuando inicialmente nos prometieron que sería algo temporal”. También explica que tiene un contrato de obra y servicio por el que percibe un sueldo bruto de 1.258 euros por 14 pagas. “Una vez me llamaron y me dijeron que habían comprobado que había estado 6 horas sin circular durante el horario de trabajo”, se lamente. La tecnología permite a través de aplicaciones de geolocalización controlar de forma precisa lo que hacen sus trabajadores. En el caso de Cabify, sin embargo, el elemento más duro de la labor del empleado es “el miedo a sufrir ataques” por parte de los taxistas. El colectivo de taxistas cree que empresas y plataformas que ofrecen chóferes con conductos como Cabify ponen poner en riesgo la viabilidad del sector. Este empleado de Cabify explica que durante la última huelga de taxistas en marzo en Barcelona se vivió una situación muy complicada para el colectivo cuando algunos conductores que decidieron trabajar fueron agredidos o increpados. También añade que algunos de los conductores que decidieron no trabajar ese día fueron dados después de baja en la empresa. Uno de los casos más dramáticos vivido por los conductores de Cabify fue la quema de 9 vehículos en la Feria de Abril de Sevilla. “Cuando me paro en un semáforo evito siempre hacerlo junto a un taxista”, sentencia el trabajador barcelonés de Cabify. Un portavoz de Cabify ha negado que obliguen a trabajar 12 horas al día; señala que tienen periodos de descanso y rechaza que hubiera despidos en Barcelona.


“Al principio lo hacía sólo en horas muertas”

Words. Traducción, redacción, consultoría... La traducción es una de las competencias más buscadas en el mercado global del empleo, el “human cloud”.

“Al principio no tenía un horario definido. Lo hacía a horas muertas. Pero con el tiempo, esto ha cambiado. Ahora hay una presión para que entregues las traducciones en un plazo de tiempo determinado, y si la demanda viene de Asia, tienes que trabajar a horas intempestivas” cuenta Helena, estudiante de Arquitectura que compagina sus estudios con traducciones. Lo que en medios anglosajones se conoce ya como la “human cloud” es un enorme mercado laboral desregulado en el que se compran y venden las habilidades de mucha gente en el mundo. Y en este mercado, competencias como la traducción, la redacción de textos o la consultoría están entre los mejor valorados. La conexión entre los que ofrecen su trabajo y los que lo demandan se materializa a través de plataformas como Freelancer, entre otras. “Es un mercado muy exigente, porque tus clientes te puntúan en función de cómo perciben tu trabajo -añade Helena-, y de la puntuación que asignen al trabajo hecho dependen las demandas futuras”, indica esta estudiante. Helena no se ve toda la vida con esta clase de empleo. Pero admite que en la plataforma trabaja gente de todas las edades. “Hay todo tipo de gente haciendo traducciones, estudiantes como yo, periodistas, y por supuesto traductores de verdad, a los que les hemos reventado el trabajo porque los horarios que cobramos son una cuarta parte de los que ha oficializado el sector”. Con el tiempo, añade, ha acabado por establecer una relación estable con los que le encargan las traducciones. “Está bien, porque te acaban pagando mejor, pero en ocasiones tampoco es fácil ¬concluye Helena¬, porque al otro lado hay gente de culturas muy diferentes y un concepto del trabajo que a veces hace la relación desagradable”

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