El segundo El Foro #Somosmujerestech organizado por Accenture e INNOVADORES aborda el futuro del empleo y de la gestión del talento en una nueva economía marcada por la transformación tecnológica. Hace unas semanas, miles de personas se manifestaban en las calles de Buenos Aires reclamando empleo, mientras el World Economic, reunido en la capital argentina, debatía acerca cómo será capaz la economía que surja del tsunami digital de generarlo.

Nos enfrentamos a un horizonte paradójico: la inteligencia artificial permitirá transferir muchas tareas a las máquinas, pero los grandes centros del conocimiento alertan de que no estamos formando a los trabajadores en los empleos que se necesitarán en el futuro.

Francisco Puerta, managing director de talento de Accenture, afirma en el arranque del segundo Foro #Somosmujerestech que «no estamos viviendo una revolución industrial, sino social», porque no sólo afecta al ámbito profesional y del trabajo, «sino también a dos necesidades básicas de todos como ciudadanos: la comunicación e interrelación, y la información y el conocimiento».

La nueva economía que surge de esta revolución social demanda, a juicio de Puerta, «otra forma de trabajar y skills muy relacionadas con el dato, con su almacenamiento y monetización y con la seguridad». Junto a ello, se transforman las profesiones. «Hoy los comerciales son mucho más visuales. Hay que simplificar toda la maraña de datos en una slide, en un mensaje. El diseño será tremendamente importante, así como los story tellers, hoy se cuentan historias».

Ya no relacionamos el trabajo con un lugar, sino con una actividad concreta. «Si realizas una actividad que puede ser ejecutada por un algoritmo matemático empieza a prepararte para buscar una nueva profesión», añade el directivo de Accenture, y cita un informe de su compañía según el cual «los millennials al cumplir 40 años habrían pasado por 20 empleos diferentes, o sea que el aprendizaje y desaprendizaje será una constante, y el concepto de agility y el intercambio roles serán continuos».

Elena Ceballos, cinema products marketing manager para Europa y PR de Dolby Laboratories, sostiene que «todo debe empezar desde mucho antes, casi desde la escuela. El niño es un científico hasta que lo escolarizamos y lo sentamos para que aprenda, tenemos que hacer de la escuela un lugar donde la gente pueda desarrollar sus capacidades, su iniciativa, su emprendimiento».

En su opinión, «antes uno hacía una carrera, conseguía un trabajo y pensaba que ya lo había hecho todo. Ahora la empresa tiene que dar herramientas para que cada profesional crezca, pero debe haber algo de parte del empleado, que tiene que formar parte de su yo intrínseco, de seguir avanzando, seguir queriendo aprender, tener curiosidad».

Desde la perspectiva de Mónica Villas, directora de tecnología de IBM España, «comparada con revoluciones anteriores, en la actual tenemos la ventaja de que todos estamos embebidos en la tecnología. Podemos trabajar desde cualquier parte, tener equipos remotos, gracias al cloud formar equipos colaborativos o acceder a los datos desde distintos perfiles y compartirlos».

Disponer de tecnologías avanzadas se está convirtiendo por eso en una estrategia clave para atraer talento. «No van a desaparecer los abogados, pero sí habrá funciones que asumirán tecnologías capaces de leer 800 millones de documentos por segundo. Si tienes un entorno de trabajo adecuado serás capaz de atraer ese talento y a proporcionar esos skills».

Para Epifanía Pascual, consultora digital y coach, «ese acceso a la información abre las puertas a gente que nunca se había planteado trabajar en determinadas cosas. En España, eres abogado y eres abogado, pero los nuevos millennials no tienen una definición porque están interesados en un montón de cosas. La empresa también tiene que estar abierta a no clasificar a la gente».

Francisco Puerta apostilla que «ese es el futuro del trabajo: Esa liquid workforce que ha perdido su especialización original y va evolucionando y adquiriendo nuevas skills porque adquiere determinados roles. El concepto de puesto de trabajo está en extinción».

«Por eso es tan importante tener equipos diversos», remarca Mónica Villas. «El abogado debe acercarse a esas herramientas tecnológicas, ya no vale eso de yo soy de letras, y de igual manera el científico de datos tiene que ser capaz de entender que lo que está haciendo debe aportar un valor de negocio al vendedor».

Gestión del talento

La indefinición de perfiles profesionales obliga a revisar la estrategia de captación y evaluación del talento de las empresas. En España, «sigue habiendo algunas ofertas de empleo muy cerradas, que no dan lugar a ningún tipo de innovación», explica Epifanía Pascual. «Y como se piensa mejor es fuera de la caja. Hay empresas como Amazon que ya no miran tanto tu experiencia anterior, en qué sectores te has movido, sino tus capacidades y tus habilidades».

Para valorar a los empleados sucede lo mismo. «Es muy fácil evaluar a una persona por el tiempo que pasa en su sitio: levantas la vista y lo ves. Evaluarlo por su rendimiento, por su aportación a la empresa, por su innovación, por esas ganas de aprender, es vital, pero es mucho más complicado», apunta Epifanía Pascual.

«Google destina muchísimo tiempo a sus procesos de contratación, y eso significa dinero», explica Francisco Ruiz Antón, director de políticas públicas de Google. «No sólo participa el departamento que va a contratar, sino otros, y se valoran muchas otras cosas por encima del conocimiento de la temática. Las habilidades cognitivas, por ejemplo, son fundamentales para determinar si un candidato puede ser apto o no».

Cita un ejemplo revelador: «El director de la oficina de ingeniería de Google en Chicago, que tiene 600 ingenieros, es un filólogo románico. Debe de reunir habilidades estupendas para gestionar equipos y probablemente ahora sabe más ingeniería que todos sus subordinados. Ese es el espíritu. Las empresas van a apostar cada vez más por la inteligencia emocional, estarán cada vez más de moda la comunicación, el trabajo en equipo y la capacidad para resolver problemas».

'Tercera Ola'

Ruiz Antón coincide con Steve Case en que nos adentramos en una Tercera Ola «que es el internet de todas las cosas, con hubs de emprendimiento no sólo en Silicon Valley e Israel, sino en cualquier sitio». Una revolución encabezada por los sectores de sanidad, educación y agricultura, en la que se cotizan profesionales especializados en big data, machine learning, ciberseguridad, blockchain, lenguajes de programación o fintech.

«La directora de recursos humanos de una compañía tecnológica me dijo que no encuentran expertos en Java y .Net. Hay nichos de empleo que desgraciadamente no están cubiertos, la Comisión Europea prevé que en 2020 habrá 900.000 puestos de trabajo de la economía digital que no se podrán atender y en España tenemos aún un 41% de desempleo juvenil», señala el directivo de Google.

¿Quién debe tomar la iniciativa para revertir esta situación en nuestro país? Elena Ceballos cree que «la sociedad tiene que dar un cambio radical, ser más abierta y flexible. Nuestros millennials están diciendo que no quieren que se les etiquete». Epifanía Pascual destaca que «cada vez surgen nuevas start up que trabajan con los nuevos lenguajes y crean ese nuevo tipo de formación. Hacen bootcamps de ocho semanas y aunque seas filólogo puedes salir siendo capaz de programar, no como sucede en muchas universidades».

«Hay tanta formación gratuita en internet que podríamos estar todo el día aprendiendo», señala Mónica Villas. «Se trata un poco de la persona. Tenemos que enseñar de otra manera». Ruiz Antón coincide en que «la primera responsabilidad es nuestra, de cada uno, tenemos que convencernos de que ya no existe el trabajo para toda la vida. La formación no acaba nunca. Ahora tienes acceso a formación gratuita de las mejores universidades del mundo a los 30, a los 40, a los 50 y a los 60 años. En mi caso, sé que Google no es el destino final, es parte de un viaje».

El problema es que, muchas veces, «la formación que ofrece la universidad no es la que demanda el mercado, hace falta que sea más flexible, más competitiva y más sólida en un mundo cada vez más global. En este país, cuando los señores políticos se dedican a hablar de Educación la discusión es Religión sí o no, pero ¿de qué estamos hablando?», concluye el responsable de Google.

«En España, ¿qué pasa cuando llegas a los 50 y sientes que las empresas ya no te apoyan?», dice Elena Ceballos. «Piensas que para qué voy a seguir invirtiendo en reciclarme si hay alguien con 20 años que cobra la mitad que yo y está al cabo de todas las novedades tecnológicas. Yo soy psicóloga clínica, empecé de secretaria y ahora estoy aquí, he ido evolucionando. Hay que quitarse las etiquetas, yo no soy aquello en lo que me he formado, soy Elena».

Robotización

En cuanto a las advertencias sobre la desaparición de empleo por la robotización, Ruiz Antón replica que «esto es una oportunidad, ha pasado toda la vida». Hay estudios apocalípticos, como el de la Universidad de Oxford o el de Acemoglu en el MIT, «pero hay otros bastante más optimistas», remarca. «No sabemos lo que va a pasar, miremos las cosas con perspectiva. El WSJ ha publicado un artículo en el que dice va in crescendo la robotización y EEUU bate un récord de empleo privado con 86 meses seguidos creciendo. Nunca había pasado en su historia».

El Observatorio ADEI «ha publicado este mes un estudio sobre el impacto que puede tener en España la robotización y dice que en 2030 se estima en 2,6 millones de empleos netos. El PIB per capita subirá a los 33.000 euros, con un incremento de la productividad del 1,3% anual».

«Las revoluciones tecnológicas empiezan siempre por el lado donde tiene más impacto en la cuenta de resultados: las áreas de ventas, marketing, atención al cliente y obviamente por la tecnológica», apunta Francisco Puerta. «Mi pregunta es dónde está el empleado. El grado de digitalización interno en relación con los empleados es bajísimo. Clientes, ventas y tecnología va a gran velocidad, pero nadie les sigue. Miran para atrás y ¿dónde están los empleados? No están porque la compañía no ha hecho nada por digitalizarlos».

El ejemplo de la banca es muy ilustrativo sobre cómo ése será un factor clave para competir. «El empleado de las oficinas es el canal de digitalización del cliente. Hasta ahora, los empleados hemos desempeñado un rol pasivo en esta historia, pero si el empleado no es capaz de acompañar en esta revolución social y tecnológica muchas compañías van a desaparecer».

Francisco Puerta concluye que «la parte personal de cada uno de nosotros empieza a ser tan importante para las compañías como la profesional». En el ámbito de recursos humanos, «estamos acostumbrados a proporcionar procesos y eso va a cambiar radicalmente y vamos a pasar a proveer servicios y experiencias a los propios empleados. Eso es una revolución».

En los próximos años «vamos a convivir cuatro generaciones, cuando se incorpore la Generación Z, con gustos y aficiones muy diferentes. Y debemos ser capaces, igual que con nuestros clientes segmentamos los productos y servicios, con los empleados exactamente igual».

«Esta revolución social y tecnológica ha puesto a la persona en el centro», resume Mónica Villas.


La vida real (por Julio Miravalls)

El vaso medio lleno, o medio vacío. La «revolución no industrial, sino social» (Francisco Puertas), ¿costará millones de empleos, o generará otro desarrollo con saldo positivo? ¿Debemos crear un nuevo modelo de educación que valore que «los niños son científicos, probando cosas hasta que los escolarizamos» (Elena Ceballos)? Son tiempos de levantarse pensando, quizás con angustia, «¿qué novedad [tecnológica] habrá salido hoy?» (Mónica Villas), en un infinito esfuerzo por seguir en la carrera, mientras algunos opinan que hay que pararse y «mirar las cosas desde fuera de la caja» (Epifanía Pascual) y otros, que llega el momento de «valorar algo más que el conocimiento, como la inteligencia emocional, la empatía...» (Francisco Ruiz). Dos horas de apasionada charla sin resuello. Aunque algunos cerebros fosilizados sigan aplicando su parte límbica a perpetuar que la mujer no está preparada, fue en una reunión de #somosmujerestech. O sea, una reunión para hablar única y explícitamente de las implicaciones actuales y futuras de la tecnología en la vida real. ¿Entendido? 

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