Entrevista de La Vanguardia a Ryan Avent, editor de The Economist y autor de "La riqueza de los humanos": “Una de las cosas que va a importar es qué determina la sociedad que es una distribución justa del ingreso y quién es un legítimo receptor de la riqueza generada por la sociedad y qué debe hacer para ganársela. Probablemente habrá algo como la renta básica universal, pero las sociedades harán elecciones diferentes sobre quién la recibe.”

Ryan Avent es editor sénior y columnista de la revista The Economist y acaba de publicar La riqueza de los humanos. El trabajo en el siglo XXI (Ariel), un libro que analiza los profundos cambios que se avecinan en las próximas décadas debido a una revolución digital que ve muy parecida a la revolución industrial. La batalla, de nuevo, será distribuir los beneficios generados. Entre tanto, la sobreabundancia de mano de obra provocará situaciones políticas difíciles como las que ya se viven con el Brexit y Trump. Habrá racismo para ver quién se queda con lo que se distribuya. Y si todo va bien y creamos nuevas instituciones para este nuevo mundo, habrá un enorme cambio cultural y nuestros hijos ya no asociarán su identidad al trabajo.

¿Cómo estamos de lejos del fin del trabajo?

Estamos en las primeras etapas. No nos vamos a levantar en diez o incluso 20 años y ver que el 50% de los trabajos han desaparecido, pero mucho antes de que la mitad de la gente no tenga trabajo por los robots habrá graves problemas económicos y políticos y es lo que estamos empezando a ver.

¿Brexit, Le Pen, Trump?

Hemos vivido un cambio en el papel del trabajo, en parte por la automatización, en parte por la globalización. El efecto ha sido una sobreabundancia de trabajadores. Y eso ha hecho que los salarios no aumenten muy rápido, que las ganancias del trabajo no vayan a los trabajadores sino a gente con tierras o acciones de compañías. Y eso lleva al radicalismo en el mundo rico. Y como a medida que nos movemos hacia un mundo sin trabajo la redistribución va a ser cada vez más importante, y cuanto más vea la gente que es crítica para sus ingresos, más le va a importar quién la recibe. Y a decir que no quiere que la gente que no se parece a ella la reciba. En EE.UU. zonas que votaron por Trump no eran necesariamente las más pobres pero sí muy dependientes de las ayudas del Gobierno. Esa dependencia hace pensar en reservar las ayudas para gente igual. Y crea más tensión.

Es una competición dura.

Pero no tiene por qué funcionar así. Los desarrollos de la nueva tecnología nos permiten producir mucho más con menos trabajo, ser más ricos. Pero sólo podemos ser más ricos si imaginamos cómo compartir las ganancias mejor.

Dice que el actual cambio se parece a la revolución industrial. ¿Por qué?

La revolución industrial se construyó sobre unas pocas tecnologías poderosas que podían ser usadas de múltiples maneras. El vapor, la electricidad. Hoy la inteligencia artificial es el paralelismo. Puedes usarla para reemplazar a trabajadores en muchos puestos distintos y en todo tipo de industrias. Mientras aprendemos a usarla mejor va a ser muy disruptivo. Como en la revolución industrial, habrá mucha experimentación y destrucción creativa. Sus primeros cien años no generaron muchos beneficios para los trabajadores. Estamos en ese mundo ahora. En la era industrial eso culminó en 1840 con el manifiesto de Marx y las revoluciones por Europa. Como en la revolución industrial habrá batallas políticas sobre cómo implementar las soluciones, y con suerte no tendremos sus guerras mundiales. Una de las cosas que va a importar es qué determina la sociedad que es una distribución justa del ingreso y quién es un legítimo receptor de la riqueza generada por la sociedad y qué debe hacer para ganársela. Probablemente habrá algo como la renta básica universal, pero las sociedades harán elecciones diferentes sobre quién la recibe. En algunos países del norte de Europa es fácil imaginar una transición suave, en el resto la batalla será mayor.

¿Por qué la gente deberá aceptar más redistribución?

La desigualdad es buena para la economía y motiva a los emprendedores, pero si crece muy rápido hay pérdida de confianza de la gente y de legitimidad del sistema. A los muy ricos no les va a gustar, pero no puede ser que alguien gane miles de millones y diga que no quiere retornar nada. Habrá un cambio en la manera en que pensamos sobre la generación de la riqueza: el capital social. En los ochenta hubo un cambio que decía que era el emprendimiento individual lo que importaba. Se hacía a las sociedades ricas haciendo que los individuos ganaran tanto como pudieran. Lo único que debías a la sociedad era beneficios. Eso está divorciado de la realidad. Debes trabajar duro para hacer mucho dinero, pero no puedes hacerte rico sin una sociedad que te apoye. Infraestructura, educación, leyes para hacer negocios y que no te roben. Con la nueva tecnología mucho del valor de Silicon Valley está en los datos que genera la sociedad. Es un recurso público. Esa riqueza social merece ser compartida.

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