Hoy, un 60% de los empleos sólo necesita un ordenador y un móvil. Ante esta realidad, varios países y empresas, como Toyota, han desarrollado una estrategia para fomentar el teletrabajo, pero en España esta flexibilidad laboral aún es impensable.

El pasado mes de agosto, la sede central de Toyota envió a 25.000 de sus 75.000 trabajadores a casa. Y no se trataba de un ERE masivo, sino de una medida de flexibilidad destinada a tres aspectos: la conciliación familiar de los varones, la reducción del absentismo de las mujeres tras ser madres y la facilitación a personas con padres mayores a su cargo (un hecho cada vez más común y muy extendido en Asia, donde se venera a los ancianos) de poder cuidarles en horario laboral.

Mientras, en España, Fátima Báñez vendía como el logro del siglo unas conversaciones para tratar de obligar a que se pararan máquinas a las 18 horas. En un país de servicios, suelen aparecer estas ocurrencias en la clase política.

Seamos claros. Salvo si eres joven y tienes una startup o necesitas gente con un talento concreto y te da igual que quien lo posea viva en Tres Cantos o en Singapur, en nuestro país no puede aplicarse el teletrabajo. O, al menos, no a las bravas. Pero sí puede comenzarse a cambiar la cultura, aunque haya gente que diga que es imposible. Son los mismos, por cierto, que dijeron que nunca pagarían por ver series. Hoy están abonados a Netflix y HBO.

El nuestro es el país con menos productividad por hora de Europa. Somos los que más tiempo estamos en la oficina y quienes menos lo aprovechamos. Si cambiamos ese escenario por nuestro domicilio, la cosa no va a mejorar. El que a las nueve de la mañana abre los periódicos digitales (picos del 85% del tráfico a esa hora), el que se toma un café de 10:30h a 11:15h, el que a las 13h ve Facebook porque ha acabado lo que tenía que hacer seguirá igual. Pero estamos en un momento en que las empresas pueden cambiarlo. Si quieren.

Somos la primera generación de la historia que puede trabajar desde donde quiera. Hoy, un 60% de los empleos sólo necesita un ordenador y un móvil. Un funcionario, un contable, un periodista, un ejecutivo, un bróker, un psicólogo. Todos pueden hacer lo mismo encerrados o al aire libre.

¿Pero cuál es la clave? La (inexistente) formación. Cuando en el siglo XX hubo un éxodo del campo a las ciudades, los campesinos no sabían trabajar en una fábrica. Alguien les enseñó. Y hoy, aunque parezca mentira, nadie está preparado para el teletrabajo, porque implica hábitos que la mayoría desconoce y que derivan en frustración mayoritaria. Por ejemplo, trabajar por objetivos. ¿Parece sencillo, no? Lo sería si tu jefe te dijera cada día qué quiere que hagas y te explicara la visión de la empresa a corto, medio y largo plazo para que te orientaras en esa dirección. Sin embargo, uno llega a su mesa, enciende el ordenador, abre el mail y piensa "a ver qué tenemos hoy". Además, estamos educados en el horario lineal. Ni se te ocurra levantarte antes que tu superior. La clave de la efectividad (y de la felicidad) es hacer lo que tenías previsto a lo largo del día, pero no del tirón. Puedes seguir tomando ese café. O llevar a tus hijos al colegio. O ir al gimnasio. O hacer la compra. O echar un sueño si tu cabeza no da para más. Y no se cae el mundo. Aunque la gente de arriba crea que sí.

Cuando estudiabas, ¿eras madrugador o nocturno? Así te sacaste la carrera. Pero llegas al mercado y el horario es el que es. Ese mito ya lo ha roto Cyberclick, una empresa ¡española! donde acudes a la hora que quieras, siempre que hagas lo que se te pide en el tiempo que se te marca. Se quejan muchos dirigentes de que no consiguen retener el talento. Que gente bien acepta ofertas con menor remuneración. Volvamos a Toyota: ¿qué haría si trabajara en la firma japonesa y le llegara la americana General Motors proponiéndole el doble de sueldo, pero sin dejarle estar en casa cuidando de su madre? Pues decirles que se queden con Trump.

Mientras tanto, Argentina integra una 'Dirección General de Teletrabajo' y Colombia tiene un programa gubernamental para esta cuestión. Pero en España, al menos hasta la siguiente generación, no nos van a dejar trabajar desde casa. Y aún no hemos hablado del ahorro que supone. Pero eso, como decía Conan, ya es otra historia.

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