La flexibilidad, la creatividad, la innovación y la movilidad son las opciones que tienen los profesionales para hacer frente a la deslocalización, una realidad que afecta a todos los sectores y perfiles. La especialización de la mano de obra y la robótica pueden evitar el traslado de puestos de trabajo. Además, la inversión en I+D en España generaría empleos de valor añadido difícil de replicar fuera.

Una búsqueda rápida del término BPO en la red arroja más de 47 millones de resultados. El Business Process Outsourcing, la deslocalización de servicios, supone una cifra muchísimo más elevada en términos de ahorro para las empresas: prestan servicios en lugares en los que la mano de obra y las instalaciones resultan más económicos que en su sede central. ¿Quién puede resistirse a ese ahorro? Las mutinacionales asentadas en Silicon Valley destinan un porcentaje de sus contrataciones por proyectos a lo que denominan employees low cost geo, empleados ubicados en la otra punta del planeta que trabajan por un sueldo inferior al de sus homólogos en valle. Pero no es necesario cruzar el Atlántico. En nuestro país miles de trabajadores ya han sufrido en propias carnes la deslocalización de sus centros de trabajo, unas consecuencias a las que tampoco son ajenos los perfiles cualificados. "Hasta hace poco los puestos más proclives a la deslocalización eran los de salarios y cualificación más bajos, el resto se mantenían en el país. Ahora se deslocalizan posiciones directivas con un know how significativo", apunta Susana Álvarez, directora general de ECB Engineering Firm y Hutz&Posner.

Incertidumbre

¿Cómo sobrevivir en un panorama laboral tan inhóspito? Juan San Andrés, consultor de organización, cree que "solo hay un enfoque que funciona a largo plazo y que es sostenible: convertirnos en un país cuya maquinaria de I+D permita generar nuevos negocios de valor añadido, de difícil replicación a corto plazo y que cuenta con una amplia base de profesionales con sólida formación y potente capacidad de aprendizaje".

Sin embargo, los datos no son nada alentadores. María Corominas, CEO de F. Iniciativas, reclamó en la última jornada sobre innovación que organizó en colaboración con APD, un marco de incentivos fiscales y presupuestarios para la I+D+i que sea "estable, coherente y seguro". Lamentó que el gasto en I+D en España en porcentaje de PIB se haya reducido del 1,24% en 2014 al 1,22% en 2015. A pesar de ello, los datos del INE reflejan un aumento del gasto interno en esta materia hasta los 13.172 millones de euros en 2015, un 27% superior en comparativa interanual.

Mientras esa inversión da sus frutos, a los profesionales cualificados no les queda otra salida que la formación o la movilidad. Cristina Hebrero, directora de PeopleMatters, afirma que "las multinacionales se mueven por razones de eficiencia y competitividad. Habitualmente se ofrece a los empleados la posibilidad de trasladarse al lugar de destino, pero esto no suele ser una opción a la que se acojan los españoles, menos proclives a la movilidad".

¿Solución?

Carlos Recarte, socio director de Recarte & Fontenla executive search, asegura que "la única manera de competir con los empleados low cost es aportar un trabajo con un mayor valor añadido. Es preciso formarse. Cuanto más preparada está una persona menor es el riesgo de deslocalización que corre su puesto". Pero parece que no es la única opción. Recarte dice que España se ha convertido en uno de los países más interesantes para invertir en I+D+i: "Los hindúes trabajan con robotics, lo que les permite producir 24 horas diarias. Si consigues desarrollarlos en los procesos productivos, en algunos casos la deslocalización no tendrá tanto sentido. Lo que se precisaría es llevar a cabo una especialización de la mano de obra: si tienes costes competitivos e inversión en robótica evitaremos en gran parte deslocalizar puestos de trabajo". San Andrés propone "tratar de enriquecer el valor de los productos, usando la I+D si existe, y formar a los empleados en oficios y tecnologías de vanguardia. También ayudaría poner en marcha incentivos ligados a la productividad que permitan ver a los propietarios que ésta es una filial con gran potencial".

Y si de soluciones para el empleo se trata, la gran oportunidad para Hebrero es "intentar atraer a España la localización de este tipo de centros de excelencia. Por ejemplo, Málaga y Barcelona están concentrando bastantes centros tecnológicos de compañías multinacionales". Según San Andrés, el remedio para paliar el impacto inevitable de la deslocalización está claro: "Occidente debe ir adaptándose a esta realidad y formando a sus ciudadanos para la polivalencia, la flexibilidad y la creatividad. Nadie puede asegurar los puestos. Sólo nuestro esfuerzo y talento podrían hacerlo, como también lo hace para los chinos y los indios".


Del 'offshoring' al 'reshoring'

La deslocalización -'offshoring'- es una realidad en todos los sectores. Cristina Hebrero, directora de PeopleMatters menciona a Deutsche Bank, que tiene 200 empleados en Dublín que prestan servicios de transacciones legales; a PayPal, que ha escogido también dicha ciudad para su centro de excelencia; JPMorgan, que emplea a 4.000 profesionales en su centro de servicios de Bournemouth (Reino Unido); o Morgan Stanley, que ofrece servicios de soporte a sus operaciones de América del Norte y Europa a través del centro de servicios y tecnología en Budapest, con una plantilla de 800 profesionales. No obstante, según Carlos Recarte, socio director de Recarte&Fontenla, "el efecto Brexit y Trump hace pensar en un 'reshoring', término que utiliza para designar el retorno a sus países de origen de actividades productivas deslocalizadas". Apunta que "en Reino Unido muchas compañías, sobre todo bancos, han trasladado parte de sus empleados fuera de Londres, y se calcula que podría afectar a 4.000 personas. Y el efecto Trump también va a propiciar la recolocación de muchas firmas, por ejemplo, Ford ha frenado su expansión en México para invertir en Estados Unidos".

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