General Electric ha desechado su célebre práctica de hacer rankings entre los empleados por algún motivo. Según la psicóloga Carol Dweck, clasificar a las personas para compensar a aquellas más talentosas e inspirar al resto a trabajar más duro es un concepto imperfecto. El asunto lleva a Financial Times a hablar de los líderes miedosos de perder su estatus y que se refugian en este tipo de sistemas para protegerse.

Físicamente diminuta, Carol Dweck es una de las grandes fieras de la psicología social: una mente distinguida con profundas y audaces perspectivas.

Su idea exitosa, popular en los ámbitos de la educación y del liderazgo corporativos, es la mentalidad del crecimiento: un estado intelectual y una serie de comportamientos deseables entre las personas que triunfan.

Las personas con dicha mentalidad expanden sus capacidades y expertise; buscan retos y no se intimidan cuando topan con obstáculos o cuando se equivocan. Están alerta, se adaptan y son receptivas. Por el contrario, las personas con una mentalidad fija que se encuentran a ellas mismas en la cima de una empresa, aprecian tanto su estatus en la élite que son consumidas por el miedo a perderlo.

Este concepto ha cautivado a líderes como Satya Nadella, Director de Microsoft, una empresa cuya mentalidad antes defensiva fue transformada gracias a un cambio cultural inspirado por el pensamiento de la profesora Dweck.

Popularizado en su libro Mindset. La actitud del éxito, la profesora Dweck rastrea la evolución de sus teorías hasta sus días de escuela. Cuando yo la conocí en su oficina de Stanford, me contó cuando había empezado a pensar en el tema: “Tuve una profesora en sexto grado, la Señora Wilson. Ella nos sentaba en clase ordenados según nuestro cociente intelectual. Y yo había estado con muchos de esos estudiantes durante años en la escuela. Sabía que todo el mundo tenía grandes capacidades pero, una vez llegamos en su clase, si no estabas en lo más alto, no contabas y no ibas a ser respetado por tus capacidades.”

Así que todos los demás niños brillantes de la clase seguramente sintieron que no contaban para nada. Pero después la cosa empeoró. Cuando pregunté a la profesora Dweck dónde había sido colocada, ella contestó visiblemente avergonzada: “Yo me sentaba en el primer asiento de la primera fila… Ese era un lugar de orgullo, el sitio de honor. Pero tengo que admitir que ese hecho me inculcó un miedo duradero a perder esa posición, de hacer cualquier cosa que pudiera desacreditar mi inteligencia.”

Había entrado en lo que posteriormente definiría como la mentalidad fija. La gente que sigue ese modelo mental disfruta de la confirmación de su talento, pero tienen miedo de los retos. Así que juegan con prudencia, prefieren meterse por caminos muy frecuentados en vez de explorar nuevas oportunidades o desarrollar nuevas fortalezas. Se pueden rendir fácilmente y son rápidos en culpar a los demás por lo que ellos ven como un fracaso.

Tal y como la profesora Dweck me contó de su experiencia escolar cuando solamente tenía once años: “Me senté con miedo a que el próximo examen pudiese desplazarme. O cuando una nueva estudiante llegaba a la clase, en vez de creer que quizá sería una buena amiga, pensaba ‘espero que no me quite el sitio’.” Sentía que el sistema que la recompensaba, al mismo tiempo la dañaba.

Su intenso recuerdo me hizo pensar en algunos de los altos directivos y presidentes con los que he trabajado y he conocido de primera mano. Sus grandes logros les dieron celebridad y riqueza pero, al mismo tiempo, les infundieron miedo y aislamiento. Estos líderes sabían que estaban rodeados por otros que tenían muchas capacidades. Reconocían en privado que sus dones no eran únicos. Así que se replegaron, aislándose, y no fueron capaces de conectar con la gente inteligente que les rodeaba, ya que ahora les parecían una amenaza.

El miedo, el éxito y la soledad producen comportamientos aberrantes: problemas con el sexo y las drogas o con el distanciamiento y la prepotencia. Esto minó el talento que les había impulsado a la cima y arruinó su satisfacción en su trabajo.

El peligro de las mentalidades fijas no es solo un problema del CEO. Puede afectar a todos los trabajadores, particularmente a aquellos que trabajan en jerarquías estrictas.

Por ejemplo en la práctica de hacer clasificaciones con la gente. Esto ha sucedido mucho tiempo en las empresas que creen que así compensan al más talentoso y que inspiran para trabajar más duro al resto. General Electric ha sido el caso más conocido en el uso de este sistema. Jack Welch prefería deshacerse del 10% peor de la plantilla cada año. Pero ahora GE, junto con Microsoft y otras organizaciones, ha eliminado los rankings. En el caso de GE, la empresa ha sustituido sus evaluaciones anuales formales por una app que permite a los trabajadores y managers comunicarse constantemente y ayudar al empleado a alcanzar sus objetivos de desempeño.

La evaluación y las escalas de calificaciones requieren miles de horas de tedio de los directivos, y además odian hacerlas. Los datos muestran que los rankings de empleados se mantienen en gran medida estáticos. Lejos de alentarles a hacer un trabajo más ambicioso, los más altos ejecutivos a menudo se resguardan en este sistema para proteger su puesto.

Mientras la profesora Dweck cogió miedo a las personas nuevas y a los exámenes, los rankings en las organizaciones hacen que las personas con mejores logros se retraigan y jueguen a lo seguro. Esto impide que sus compañeros compartan con ellos nuevos planteamientos, contactos o informaciones útiles. En lugar de hacerse más dinámicas, las empresas pueden volverse escleróticas y defensivas.

Me sorprende que el temor impregne a tantas empresas, desde el Director General hacia abajo. Esas compañías deberían prestar más atención al trabajo de la profesora Dweck, que sugiere que el coraje y la actitud positiva para el crecimiento personal y el desarrollo son realmente los factores que crean un alto rendimiento. Solo renunciando a la necesidad de aferrarse a un puesto de responsabilidad, puede uno liderar o tener éxito de verdad.

 

*Heffernan, Margaret. “Fear of losing top spot at work will hinder you”. Financial Times, 20/02/2017 (Artículo consultado online el 22/02/2017).

Acceso a la noticia: https://www.ft.com/content/1e997d4e-f43b-11e6-8758-6876151821a6

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