La tecnología está causando estragos en el empleo. Trabajadores cualificados y no cualificados están en problemas: aquellos con formación universitaria tienen todavía más probabilidades de encontrar trabajo, pero también hay una mayor probabilidad de que no les vaya a gustar; y aquellos que nunca llegaron a la universidad afrontan la exclusión del mercado laboral. The Economist lleva en portada este tema y afirma que el cambio tecnológico exige una conexión más continua y fuerte entre formación y trabajo.

La zona de recepción contiene un segmento de un vagón de metro desmantelado, donde los visitantes esperan para ser atendidos. Las pantallas son de madera y cristal. En cada sala las conversaciones que se oyen son sobre programación, desarrollo web y analítica. A primera vista, la oficina de Londres de General Assembly, una organización educativa, parece como la de cualquier otra startup tecnológica. Pero hay una gran diferencia: mientras que la mayoría de empresas utilizan la tecnología para vender sus productos online, General Assembly usa el mundo físico para enseñar tecnología. Su oficina es al mismo tiempo un campus. Las salas están llenas de estudiantes aprendiendo y practicando programación, muchos de los cuales han dejado sus anteriores trabajos para venir aquí. Los participantes a tiempo completo han pagado entre 8.000 y 10.000 libras por aprender la lingua franca de la economía digital en un curso que dura entre 10 y 12 semanas.

General Assembly, con campus en 20 ciudades desde Seattle a Sydney, tiene un cuerpo de ex alumnos formado por 35.000 graduados. La mayoría de los que se inscriben en los cursos a tiempo completo se espera que empiecen nuevas carreras profesionales. El plan de estudios de la institución se ha basado en conversaciones con empresas sobre las habilidades de las que más carecen. Celebran eventos de “encuentro y contratación” donde las empresas pueden ver el trabajo de programación hecho por sus estudiantes. Sus especialistas en orientación profesional ayudan a los estudiantes con sus presentaciones y entrevistas técnicas. General Assembly mide el éxito por cuántos de sus graduados logran un trabajo retribuido, fijo y a tiempo completo en su campo deseado. De la cosecha de estudiantes 2014-2015, tres cuartas partes usaron los servicios de asesoría profesional de la empresa y el 99% de sus integrantes fueron contratados dentro de los 180 primeros días desde que empezaron su búsqueda de empleo.

El fundador de la empresa, Jake Schwartz, se inspiró para iniciar la empresa en dos experiencias personales: el momento de desorientación que vivió tras darse cuenta de que su título de Yale no le confería ninguna habilidad práctica y un MBA de dos años que sintió que le había costado demasiado tiempo y dinero: “Quería cambiar la ecuación del retorno de la inversión en la educación reduciendo sus costes y proporcionando las habilidades por las que las empresas están desesperadas.”

En los países ricos la conexión entre aprendizaje e ingresos ha tendido a seguir una regla simple: consigue cuanta más educación formal puedas y pronto en la vida y recoge la recompensa correspondiente el resto de tu carrera profesional. La literatura sugiere que cada año adicional de escolarización va asociado a un incremento del 8 al 13% en tu retribución por hora. En el periodo habido desde la crisis económica, los costes de dejar la escuela temprano han llegado a ser incluso más claros. En Estados Unidos, la tasa de desempleo cae progresivamente conforme subes en la escala educativa.

Muchos creen que el cambio tecnológico solo fortalece los motivos de tener una educación más formal. Los trabajos que integran tareas rutinarias que son fáciles de automatizar o deslocalizar han entrado en declive. La otra cara de la moneda más habitual en las argumentaciones es que el número de trabajos que requieren una mayor capacidad cognitiva ha ido en aumento. El mercado laboral se bifurca y aquellos con título universitario cambiarán de modo natural al carril que conduzca a empleos mejor pagados.

La realidad sin embargo parece ser más compleja. Los beneficios de la educación, incluso para los más cualificados, se han vuelto menos obvios. Entre 1982 y 2001 el promedio salarial de los trabajadores estadounidenses con licenciatura aumentó un 31%, mientras que los de aquellos con el título de educación secundaria no se movió, según datos de la Reserva Federal de Nueva York. Pero en los siguientes 12 años los sueldos de los graduados universitarios cayeron más que los de sus compañeros con menos años de educación. Mientras tanto, los costes de matrícula en las universidades han ido en aumento.

Una cuestión de título y algo más

La decisión de ir a la universidad todavía tiene sentido para la mayoría, pero la idea de una relación directa entre educación y salario ha recibido un duro golpe. Una encuesta reciente llevada a cabo por el Pew Research Centre mostró que solamente un 16% de los estadounidenses creen que un grado universitario de cuatro años prepara muy bien a los estudiantes para un trabajo bien pagado en la economía actual. Parte del problema puede deberse a un efecto cíclico de la crisis financiera y de sus consecuencias. Otra puede ser simplemente una cuestión de oferta y de demanda: cuanta más gente tiene títulos universitarios, la prima asociada a los mismos disminuye. Pero la tecnología también parece estar complicando el panorama.

Un estudio publicado en 2013 por un trío de economistas canadienses, Paul Beaudry, David Green y Benjamin Sand, cuestiona las suposiciones optimistas sobre la demanda de trabajo no rutinario. En las dos décadas anteriores al 2000, la demanda de habilidades cognitivas se disparó a medida que se ponían los cimientos de infraestructura básica de la era de las tecnologías de la información (ordenadores, servidores, estaciones base y cables de fibra óptica); ahora que la tecnología ya es una realidad, dicha demanda ha disminuido, afirman los autores. Muestran que desde el año 2000 la proporción de empleos altamente cualificados en Estados Unidos ha ido cayendo. Como resultado, los trabajadores con educación universitaria están asumiendo trabajos que son cognitivamente menos exigentes, desplazando a otros trabajadores menos formados.

Este análisis refuerza la opinión de que la tecnología está causando estragos en el empleo. Trabajadores cualificados y no cualificados están en problemas por igual. Aquellos con una mejor educación tienen todavía más probabilidades de encontrar trabajo, pero ahora hay una mayor probabilidad de que no les vaya a gustar. Aquellos que nunca llegaron a la universidad afrontan ser excluidos del mercado laboral. Este es el argumento de los tecno-pesimistas, ejemplificado por las proyecciones de Carl-Benedikt Frey y Michael Osborne, de la Oxford University, quienes en 2013 se hicieron célebres al calcular que el 47% de los trabajos en Estados Unidos son susceptibles de automatización.

Existe otra posibilidad menos apocalíptica. James Bessen, economista de la Boston University, ha trabajado sobre los efectos de la automatización en profesiones específicas y ha encontrado que desde 1980 el empleo ha ido creciendo más rápido en las profesiones que utilizan ordenadores que en aquellas que no los usan. Esto es porque la automatización tiende a afectar a tareas dentro de una profesión en vez de destruir oficios en su totalidad. La automatización parcial puede en realidad incrementar la demanda al reducir costes: pese a la introducción de escáneres de códigos de barras en los supermercados y del cajero automático en los bancos, por ejemplo, el número de cajeros y empleados de oficinas bancarias ha crecido en el mismo periodo.

Pero pese a que la tecnología no puede destruir oficios en su conjunto, fuerza un cambio sobre muchas personas. Entre 1996 y 2015 la proporción de personal estadounidense empleado en trabajos de oficina rutinarios disminuyó del 25,5% al 21%, eliminándose 7 millones de empleos. Según una investigación de Pascual Restrepo del MIT, la crisis económica de 2007-2008 agravó las cosas: entre 2007 y 2015 las ofertas de trabajo para empleos con poca cualificación sufrieron una disminución del 55% en relación a otros trabajos.

En muchas profesiones ha resultado esencial adquirir nuevas habilidades ya que las que había hasta ahora se han vuelto obsoletas. Burning Glass Technologies, una startup con sede en Boston que analiza el mercado laboral mediante el rastreo de anuncios online de ofertas de empleo, ha encontrado que la mayor demanda se da para una nueva combinación de habilidades, lo que su Jefe, Matt Sigelman, denomina “trabajos híbridos”. Las habilidades en programación, por ejemplo, están siendo muy requeridas más allá sector tecnológico. En Estados Unidos, el 49% de las publicaciones en el cuartil de profesiones con el salario más alto corresponden a trabajos que solicitan con frecuencia conocimientos de programación. La composición de los nuevos oficios también está cambiando rápidamente. A lo largo de los últimos cinco años, la demanda de analistas de información ha crecido un 372%; y dentro del mismo segmento, la demanda de conocimientos en visualización de datos se ha disparado un 2.574%.

Un título universitario al inicio de una carrera laboral no responde a la necesidad de una adquisición continua de nuevas capacidades, especialmente cuando la extensión de la carrera laboral se va alargando. La formación vocacional es buena dando a las personas unas habilidades de trabajo específicas, pero éstas también necesitarán ser actualizadas una y otra vez a lo largo de una carrera que durará décadas. “Alemania es a menudo alabada por su sistema de aprendizaje, pero su economía ha fallado en adaptarse a la economía del conocimiento,” afirma Andreas Schleicher, Jefe de la Dirección de Educación de la OCDE, el club de los países más desarrollados. “La formación vocacional cumple una función, pero formar a alguien pronto para que haga una cosa toda su vida no es la respuesta a la formación continua.”

Tal experiencia específica debe ser adquirida en el trabajo, pero las empresas parecen estar menos dispuestas a invertir en formar a su plantilla. En su Informe Económico al Presidente de 2015, el Consejo de Asesores Económicos de Estados Unidos encontró que la proporción de trabajadores del país que recibía o bien formación pagada o bien formación en el propio trabajo había caído paulatinamente entre 1996 y 2008. En Gran Bretaña la cantidad media de formación recibida por los trabajadores casi se había reducido a la mitad entre 1997 y 2009, a solo 0,69 horas semanales.

Tal vez las propias organizaciones no están seguras de qué tipo de expertise necesitan. Pero también podría ser que los presupuestos de formación sean particularmente vulnerables a los recortes en momentos de presión. Los cambios en los patrones del mercado de trabajo también pueden jugar un papel: las empresas ahora disponen de una gama más amplia de opciones para hacer el trabajo, desde la automatización y la deslocalización hasta el uso de trabajadores autónomos y el crowdsourcing. "Las organizaciones han pasado de crear talento a consumir trabajo,” afirma Jonas Prizing, Director de Manpower.

Reúne todo lo planteado hasta ahora y se hace evidente que los tiempos son más duros para los trabajadores de toda clase. Un título universitario es todavía un prerrequisito para muchos empleos, pero las organizaciones a menudo no confían lo suficientemente en los mismos como para contratar a trabajadores que solo cuente con ese punto fuerte pero no tengan experiencia. En muchas profesiones los trabajadores en nómina de la empresa se enfrentan a la perspectiva de que sus habilidades actuales se queden obsoletas pero, sin embargo, a menudo no resulta obvio cómo se pueden adquirir otras nuevas. "Ahora es razonable pedir que un profesional de Marketing sea capaz de desarrollar algoritmos,” afirma Sigelman, "pero una carrera lineal en Marketing no ofrece la oportunidad de adquirir dicha capacidad.” Y un número cada vez mayor de personas son autónomas. En Estados Unidos, la proporción de trabajadores temporales, contratistas y autónomos en la población activa aumentó del 10,1% en 2005 al 15,8% en 2015.

La respuesta al problema parece obvia. Para seguir siendo competitivas, y dar tanto a los trabajadores de baja cualificación como a los de alta las mejores opciones de éxito, las economías deben ofrecer formación y una educación focalizada en la aplicación profesional durante toda la vida de las personas.

 

* “Lifelong learning is becoming an economic imperative”. The Economist, 14/01/2017 (Artículo consultado online el 25/01/2017).

Acceso a la noticia: http://www.economist.com/news/special-report/21714169-technological-change-demands-stronger-and-more-continuous-connections-between-education

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