Lo que Martín Lutero hizo con la Iglesia Católica debe hacerse ahora con los gurús de la gestión empresarial. En gran medida, los teóricos del management santifican actualmente el capitalismo como los clérigos de antaño santificaban el feudalismo. Según The Economist, las grandes ideas en las que se basa el credo actual de las escuelas de negocios están obsoletas y listas para llevar a cabo su propia Reforma.

El próximo año marca el 500 aniversario del acontecimiento que, más que ningún otro, dio a luz al mundo moderno: Lutero promulgó sus 95 tesis y llamó a la Iglesia Católica a dar cuenta de sus numerosos errores teológicos y pecados institucionales. Los historiadores revisionistas han complicado inevitablemente la Historia (incluso cuestionando si realmente clavó sus propuestas en la puerta de la Iglesia de Todos los Santos en Wittenberg) pero el relato sigue claro. La Iglesia estaba lista para el cambio. Estaba hundida en la corrupción y divorciada de la vida de la sociedad en general. Y al desencadenar ese cambio, Lutero trajo a la fe cristiana, incluyendo al propio catolicismo romano, una nueva oportunidad.

Las similitudes entre el cristianismo medieval y el mundo de la teoría de la gestión pueden no resultar obvias, pero búscalas y las encontrarás. En gran medida, los teóricos del management santifican ahora el capitalismo como los clérigos de antaño santificaban el feudalismo. Las escuelas de negocios son las catedrales del capitalismo. Los consultores son como los frailes de las órdenes mendicantes. Así como los clérigos de la Edad Media hablaban en latín para dar a sus palabras un aire de autoridad, los teóricos de la gestión utilizan abundante palabrería pseudointelectual. Los clérigos medievales vendían indulgencias, por las que los creyentes podían comprar el perdón de sus pecados; hoy la historia se repite con los teóricos de la gestión vendiendo modas pasajeras que resolverán todos tus problemas empresariales. Últimamente ha surgido otra similitud: los gurús han perdido contacto con el mundo que buscan dominar. La teoría de la gestión está pues lista para su propia Reforma.

Las teorías en gestión están organizadas alrededor de cuatro ideas básicas, repetidas hasta la saciedad en cada libro de negocios que puedas leer o en cada conferencia a la que puedas asistir, pero que no tienen casi ninguna relación con la realidad. La primera idea es que el mundo de los negocios es más competitivo que nunca. Puedes hojear títulos como The End of Competitive Advantage (“El fin de la ventaja competitiva”), de Rita Gunther McGrath, o The Attacker’s Advantage (“La ventaja del atacante”), de Ram Charan, y te llevarás la impresión de vivir en un mundo hipercompetitivo donde gigantes establecidos están siendo derribados constantemente por fuerzas disruptivas.

Un vistazo a los números (o incluso un viaje en las cada vez más oligopolísticas líneas aéreas de Estados Unidos) debería ser suficiente para darse cuenta de la ficción. La tendencia empresarial más llamativa hoy en día no es la competencia, sino la consolidación. Desde 2008 hemos sido testigos de una de las mayores alzas en los mercados de fusiones y adquisiciones, con un promedio de 30.000 acuerdos al año por un valor equivalente al 3% del PIB. La concentración empresarial está particularmente avanzada en Estados Unidos, según un estudio de 2016 realizado por el Council of Economic Advisers, un organismo asesor de la Presidencia de EEUU, que también mostraba cómo las empresas que participan en la consolidación están disfrutando de beneficios récord. La tecnología está arriba en la lista de sectores que se están concentrando. En la década de los 90, Silicon Valley era un patio de recreo para las startups. Ahora es el feudo de un puñado de gigantes.

Una segunda y relacionada con la anterior idea muerta es que vivimos en una era de emprendeduría. Gurús como Peter Ducker y Tom Peters han predicado mucho sobre las virtudes del emprendimiento. Los gobiernos han tratado de fomentarlo para compensar el declive previsto de las grandes empresas. La evidencia cuenta una historia diferente. En Estados Unidos la tasa de creación de empresas ha disminuido desde finales de los años setenta. En los últimos años han muerto más empresas de las que han nacido. En Europa las nuevas empresas de alto crecimiento siguen siendo raras y la mayoría de startups siguen siendo pequeñas, en parte porque los sistemas fiscales castigan a las firmas que emplean más allá de un cierto número de trabajadores, y también porque hay emprendedores que se preocupan más por la conciliación de la vida laboral y familiar que por el crecimiento en sí mismo. Un gran número de hombres y mujeres de negocios que fueron atraídos hacia el culto por el emprendimiento solamente encontraron el fracaso y ahora subsisten a duras penas en una existencia marginal y con una pequeña provisión para cuando quieran jubilarse. 

La tercera idea dominante de los teóricos es que los negocios se han hecho más rápidos. Hay algo de verdad en ello. Las empresas en Internet pueden ganar cientos de millones de clientes en pocos años. Pero en cierto modo eso resulta menos impresionante que otros lanzamientos anteriores: más de la mitad de los hogares estadounidenses tenían automóvil sólo dos décadas después de que Henry Ford introdujera su primera cadena de montaje móvil en 1913. Y en muchos aspectos los negocios se están desacelerando. Las empresas a menudo pierden meses o años revisando decisiones con varios departamentos (Auditoría, Legal, Compliance, Privacidad y así sucesivamente) o tratando con las burocracias siempre crecientes de la Administración. Internet quita con una mano lo que da con la otra. Ahora que es tan fácil adquirir información y consultar cosas con todo el mundo (incluyendo a proveedores y a clientes), que a menudo las empresas acaban en un estado de indecisión permanente.

La sociedad de la Tierra plana

Una cuarta noción errónea es que la globalización es a la vez inevitable e irreversible –producto de fuerzas tecnológicas que las meras decisiones humanas no pueden revertir. Esto se ha repetido en una sucesión de bestsellers -sobre todo el de Thomas Friedman, The World is Flat (“La tierra es plana”) de 2005- y propagado mediante la publicidad corporativa, como la campaña del HSBC Banco Local Mundial. Pero una mirada a la Historia muestra que todo ello resulta absurdo. Entre 1880 y 1914 el mundo estaba en muchos aspectos tan globalizado como lo está hoy; e igualmente cayó víctima de la guerra y de la autarquía. Hoy en día la globalización muestra señales de dar marcha atrás. Donald Trump predica un nacionalismo muscular estadounidense y amenaza a China con aranceles. Gran Bretaña se desprende de la Unión Europea. Las multinacionales más visionarias se están preparando para un futuro cada vez más nacionalista.

La reacción contra la globalización señala una debilidad flagrante subyacente a toda la teoría de la gestión: su ingenuidad en temas políticos. La ortodoxia del management actual se forjó en el periodo de 1980 a 2008, cuando el liberalismo estaba en ascenso y los políticos moderados estaban dispuestos a apuntarse a una normativa global. Pero el mundo de hoy es muy diferente. El crecimiento de la productividad resulta decepcionante en Occidente, las empresas se están fusionando a un ritmo frenético, la emprendeduría es cada vez más titubeante, el populismo está en auge y las viejas normas empresariales están quedando hechas añicos. Los teóricos de la gestión necesitan examinar su iglesia con la misma clarividencia iconoclasta con la que Lutero examinó la suya. De lo contrario se arriesgan a quedar expuestos como simples y demasiado bien pagados vendedores de ideas muertas.

* “Management theory is becoming a compendium of dead ideas”. The Economist, 17/12/2016 (Artículo consultado online el 22/12/2016).

Acceso a la noticia: http://www.economist.com/news/business/21711909-what-martin-luther-did-catholic-church-needs-be-done-business-gurus-management

 

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