Francisco González Bree, profesor y director del Master in Business Innovation de Deusto Business School: "En la era de la convergencia tecnológica que estamos viviendo, tal como ocurrió en el Renacimiento, las personas polímatas son extraordinariamente valiosas ya que son más resilientes y por ello se adaptan mejor al cambio".


Vivimos un periodo de cambios y recibimos una avalancha de mensajes contradictorios que provocan confusión. Desde el punto de vista del desarrollo profesional quizás hay dos preguntas que se están repitiendo con mayor frecuencia.

La primera pregunta es si sigue teniendo sentido estudiar durante años disciplinas que quizás en poco tiempo sean casi irrelevantes. Investigadores del Foro Económico Mundial han elaborado un informe en el que se alerta de que en los próximos años se destruirán más trabajos de los que se crearán. En 5 años se perderán 5 millones de puestos de trabajo sobre todo administrativos y de producción. Entre las áreas que crecerán algo encontramos negocios y finanzas, gestión, informática, matemáticas, arquitectura e ingeniería. Disciplinas complejas que requieren de altos conocimientos. Al mismo tiempo encontramos todos los días alguna noticia de que ya no tiene sentido estudiar y se pone como ejemplo que personajes muy conocidos se han hecho millonarios sin terminar los estudios. Desde Bill Gates, Steve Jobs, Richard Branson y Mark Zuckerberg hasta Amancio Ortega. Resulta paradójico que nos digan que habrá mayor demanda en el futuro para profesiones complejas y al mismo tiempo se nos invite a dejar de estudiar.

En relación a este tema los datos son claros, la tasa de paro de los doctores en España se encuentra por debajo del 5%. A nivel internacional la NFS (National Science Foundation) indicaba este año que sólo el 2,1% de los doctores e ingenieros estaban desempleados a los 2 años obtener su título. Es más, lo que sabemos hoy por estudios empíricos como el de la Reserva Federal de Saint Louis y Bloomberg es que la educación es el factor que más influye en las posibilidades de tener éxito profesional.

Quizás el problema sea otro ya que existen dos modelos de generación de conocimiento sobre los que se basa la innovación. El primero se denomina STI (Acrónimo en inglés de Ciencia, Tecnología e Innovación). Se asocia al conocimiento analítico generado por procesos deductivos y modelos formales documentados y codificados de forma explícita. El STI se asocia a la concepción lineal de la innovación y al término I+D+i.

El segundo modelo, que utiliza el acrónimo DUI (del inglés Haciendo, Usando e Interactuando), se basa en la producción y uso del conocimiento tácito que son las habilidades prácticas y basadas en la experiencia (un buen ejemplo de transmisión de un oficio con altos conocimientos tácitos es el del maestro productor de katanas en Japón). También se conoce como conocimiento sintético generado a partir de la aplicación del conocimiento obtenido de la resolución de retos. Es decir, los estudios del futuro deberán integrar la teoría y la práctica en armonía.

El segundo dilema es la proliferación de comentarios recomendándonos especializarnos en alguna materia. Son muchas las voces que abogan por elegir entre las disciplinas STEM (science, technology, engineering y mathematics). No parece un buen momento para las humanidades. Sin embargo, un buen número de expertos nos previenen de que si seguimos infravalorando las artes y humanidades lo pagaremos caro.

Según sociólogos como Charles Cooley los seres humanos adquieren su sentido de sí mismos a través de interacciones sociales y por lo que otros piensan de ellos. A esto debemos incorporar las inminentes interacciones que tendremos con máquinas inteligentes. Pasaremos horas y horas inmersos en mundos virtuales que acapararán toda nuestra atención. Nunca ha sido más importante que en la actualidad incluir disciplinas con un amplio espectro de la actividad humana. Ahora el talento más buscado es el matemático, dentro de unos años filósofos, sociólogos y psicólogos nos ayudarán a integrar la parte humana entre tanta tecnología que viene y que adoptaremos sin entender bien las repercusiones que tendrán en la sociedad. Tan útil será estudiar disciplinas científicas como artísticas y humanistas.

Los expertos en creatividad e innovación nos dirán que no dejemos de considerar la opción de la polimatía que es la sabiduría que abarca conocimientos sobre campos diversos de la ciencia o las artes. La historia del trabajo se ha caracterizado por un incremento continuo hacia la especialización lo cual ha proporcionado importantes beneficios. Sin embargo en la era de la convergencia tecnológica que estamos viviendo, tal como ocurrió en el Renacimiento, las personas polímatas son extraordinariamente valiosas ya que son más resilientes y por ello se adaptan mejor al cambio. El motivo es que disponen en su mente de un mayor número de herramientas de disciplinas diferentes para acometer un reto, resolver un problema. Por esta razón los polímatas son especialmente creativos siendo esta habilidad una de las que más se demandará en el mundo laboral en el año 2020, junto con pensamiento crítico y la resolución de problemas complejos.

Francisco González Bree es profesor y director del Master in Business Innovation de Deusto Business School.

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