El libro ‘Disrupting Unemployment’, coescrito por Vinton Cerf, uno de los padres de Internet, propone utilizar la tecnología y la innovación para crear empleo y mejorar la satisfacción laboral de las personas. Su reto es iluminar con fundado optimismo la relación entre innovación tecnológica y empleo, una relación en la que otros sólo ven sombras de automatización, exclusión e incertidumbre.


Vinton Cerf, “padre de Internet” y referente ineludible de Google, es una persona excepcional, no tanto por tener todas las respuestas, sino por su inagotable capacidad de plantear nuevas preguntas. Este personaje emblemático de la era digital es un hombre de 72 años que, lejos de los pedestales y las falsas modestias, transmite una lucidez y un pragmatismo arrolladores.

Esas inquietudes pueden resumirse en un interrogante sencillo y a la vez, inmenso: ¿Cómo hacemos para que la tecnología eleve nuestra calidad de vida? No es casual que Cerf, junto a David Nordfors y Robin Farmanfarmaian, se haya embarcado en el reto de iluminar con fundado optimismo la relación entre innovación tecnológica y empleo, una relación en la que otros sólo ven sombras de automatización, exclusión e incertidumbre.

Hace apenas dos semanas, Vint Cerf participó en la conferencia Innovation for Jobs (I4J), celebrada en San Francisco. Su objetivo, demostrar que la tecnología no incrementa el desempleo, sino que, convenientemente utilizada, es una herramienta para crear nuevos y mejores puestos de trabajo.

La hora de “crear valor”

“La innovación destruye algunos empleos pero, al mismo tiempo, crea otros nuevos”, dice Vint Cerf a modo de introducción. Y en esa carrera de destrucción versus creación, la siguiente pregunta lógica sería: “De acuerdo, pero ¿quién va ganando?” El interrogante abre el juego para que David Nordfords –coautor del libro Disrupting Unemployment, que se acaba de lanzar en Amazon.com-, se apresure a participar en la conversación poniéndole cifras el actual paisaje mundial del empleo.


“Hoy tenemos 5.000 millones de personas en edad de trabajar; 3.000 millones de ellas quieren y buscan un empleo, y 1.300 millones lo tienen. Sin embargo, apenas un 13% de estos últimos están verdaderamente comprometidos con el trabajo que realizan. Esto quiere decir que muy pocos disfrutan verdaderamente del empleo que tienen”.

Pero, ¿cuál es el impacto global que esto tiene en la economía y en la innovación? En pocas palabras, el impacto es enorme. En términos macroeconómicos, significa que la humanidad ha creado una economía de 75 billones de dólares que, sin embargo, funciona a una ínfima fracción de su capacidad. Imaginemos que el papel de la innovación precisamente es lograr que más gente pueda estar verdaderamente comprometida con sus empleos de modo que puedan desenvolverse en ecosistemas de trabajo capaces de crear “valor”.

De las tareas a las personas


En una economía poco habituada a poner la lupa sobre las emociones y actitudes de quienes trabajan, las palabras de Cerf y Nordfords resultan alentadoras. No se trata de un tema menor. La cuestión de tener (o no) un empleo significativo recuerda inmediatamente a una investigación de Gallup que detectó que, a nivel mundial, sólo el 13% de los trabajadores se declaraba “emocionalmente involucrado” con sus tareas.

Pero, ¿cómo hará la tecnología para motivar e impulsar al 67% restante? Si todo el mundo tuviera un empleo acorde a sus deseos y aptitudes, las personas serían más felices y la humanidad en su conjunto crearía muchísimo más valor que hoy.

La pregunta es cómo…


Y la primera respuesta es que necesitamos cambiar de paradigma. Todavía vivimos en una task-centered economy, o una economía centrada en las tareas; debemos migrar lo antes posible hacia una people-centered economy. Si continuamos preocupándonos más por las tareas que por las personas, entonces sí se cumplirá aquella profecía de la tecnología sustituyendo a la gente. En cambio, si privilegiamos a la gente por encima de las tareas, la tecnología podrá realmente empoderar a las personas.

Se habla de incubadoras intergeneracionales potenciando por igual tanto a los millennials como a los perfiles más “senior” o experimentados; se insiste en las oportunidades que tienen las organizaciones en el emergente mercado de las capacitaciones (en EE.UU., el 57% de las compañías admite dificultades a la hora de contratar empleados calificados); y se discute sobre la necesidad de redefinir la educación para orientarla a perfiles profesionales que sean permeables al ritmo del cambio propio de la era digital.

La velocidad de esas transformaciones está hoy en la agenda de todos los líderes de negocios. El informe de Accenture 2016 (que lleva el elocuente título de People first: the primacy of people in a Digital Age) destaca que el 86% de los ejecutivos de IT y Business cree que los cambios tecnológicos aumentarán más rápido durante los próximos tres años. Este escenario demandará un nuevo tipo de profesional que se define como “talento líquido”: hombres y mujeres capaces de trascender las viejas nociones de “tarea fija” y que puedan desplegar todas sus habilidades en compañías que privilegien un ‘management organizacional’, sustentado la flexibilidad y en el análisis de datos.

Innovation for Jobs confirma que el nuevo paradigma del que hablan Vint Cerf y David Nordfords no está tan lejos como muchos creen. Tenemos potentes herramientas de colaboración y de gestión remota y un mercado de trabajo en la nube que cada año se reafirma cualitativa y cuantitativamente.

Hoy más que nunca, plataformas de talento online, algoritmos que conectan al talento con las oportunidades, acceso democrático a la educación vía web, micro-certificaciones y el uso estratégico de datos o información que permiten analizar el proceso de trabajo y las demandas futuras de habilidades puede permitirnos acercar a las empresas con los talentos que necesitan y a éstos con ambientes tan inspiradores como eficientes.

Seguramente no ocurrirá de un día para otro pero si pensamos que los millennials serán el 75 por ciento de la fuerza laboral en el 2025 y ponemos la tecnología al servicio de las personas, el círculo virtuoso no tardará en activar sus mecanismos y será una realidad masiva. A riesgo de pecar de idealista, déjenme contarles que, personalmente, siento que ese círculo ya comenzó a funcionar para nosotros, para las generaciones futuras y para que en el futuro cercano, el trabajo sea algo que se hace y no un lugar a donde se va.

Silvina Moschini es fundadora y CEO de Yandiki, plataforma online de talento creativo -Creative Talent in the Cloud-

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