El nuevo año comenzó mal para el personal de la fábrica de Pirelli en Manresa. El 21 de enero una docena de guardias privados se apostaron en la entrada de las instalaciones para entregar en mano a 257 empleados la carta de despido sin dejarles entrar.

El nuevo año comenzó mal para el personal de la fábrica de Pirelli en Manresa. El 21 de enero una docena de guardias privados se apostaron en la entrada de las instalaciones para entregar en mano a 257 empleados la carta de despido sin dejarles entrar.

Una práctica más propia de una película en blanco y negro que de las relaciones laborables del siglo XXI. La excusa de la empresa es que se querían evitar incidentes, pero los trabajadores no lo ven de la misma manera.

"No había condiciones para prever ningún problema", asegura Santiago Vidal, delegado sindical de CCOO. La negociación del Expediente de Regulación de Empleo (ERE) se inició en octubre, cuando en los Estados Unidos caía el dominó de bancos. Hasta que el 19 de enero, el 70% de la plantilla lo aprobó mediante referendum.

Pero la crispación "llegó con la presencia de los seguratas", explica Emilio Ureña, de UGT. Habían aceptado en compensación 55 días por año y 51 mensualidades para los que abandonaran.

El día 21 y los siguientes la frustración devino en rabia. "La gente volvía llorando por la humillación, con el bocadillo debajo del brazo dispuestos a trabajar; ni siquiera nos permitieron la entrada", asegura indignado Luis, uno de los que se encontraba en la lista que los directivos entregaron a los guardias para que negaran el ingreso a los afectados por el recorte. Una docena de hombres "no armados", según dijo la multinacional italiana, aunque hubo quienes vieron porras, que en todo caso no se sacaron.

Salvaguardar las instalaciones

"Se contrató a una empresa que trabaja con la firma desde hace años y ofrece todas las garantías", manifestó un portavoz de Pirelli, porque "era prioritario salvaguardar las instalaciones y el personal". Según los trabajadores, uno de los despedidos intentó colarse y fue reducido por los guardias.

"Lógicamente, las relaciones laborales se verán afectadas para los que se queden", apunta Fernando Barbancho, jefe de estudios en Relaciones Laborales de la Universidad Barcelona.

Para el académico, el personal fue tratado "como un recurso material, no humano, menospreciado como persona". Este tipo de actuaciones ni siquiera es materia de estudio, porque "no es común". Barbancho destaca que "la forma del comunicar el despido no tiene nada que ver con la crisis, es una decisión de la empresa".

La única reacción de la Generalitat fue una llamada a la factoría de neumáticos expresando su malestar. "Hay mejores maneras", manifestó la consellera Mar Serna.

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