La crisis económica ha obligado a los jóvenes a emprender y agudizar su ingenio para poder salir adelante. Creatividad, coraje y recursos propios son los factores comunes en las empresas que montan los menores de 30 años.



En España, ser empresario es sinónimo normalmente de incipientes canas, arrugas y haber superado muchos ataques de nervios. Pero los protagonistas de este reportaje hace poco que dejaron de tener acné. Y es que los millennials, por vocación o descarte de un trabajo por cuenta ajena, también han cogido las carteras de ejecutivo y se han puesto a crear negocios.

Según la Asociación de Jóvenes Empresarios (AJE) de Madrid, el perfil del emprendedor de hoy es un varón (60%), con estudios universitarios o FP, que monta una empresa tecnológica y lo hace con recursos propios. Raúl Jiménez, gerente de AJE, asegura que “hay mucho talento. No es que estén mejor preparados, que lo están, sino que la gente de entre 20 y 30 años es más valiente y tiene menos miedo al fracaso. Hace una década no había Jessicas”.

Jiménez se refiere a Jessica Mas, fundadora, junto a Luis Estaire, de Viralistas.com y Zoorprendente.com, dos páginas “de contenido fácil de compartir” con millones de seguidores en redes sociales. Tras siete meses compatibilizando su horario de trabajo normal con noches y fines de semana dedicados a poner en marcha su proyecto, empezaron a ver resultados y abandonaron su nómina en Yahoo para, con 27 y 31 años, dedicarse a tiempo completo a su empresa.

“Nuestra principal inversión no fue dinero, no más de 5.000 euros, sino tiempo”, aseguran. Hoy cuentan con una persona contratada y varios free lance. “Ojalá seamos más grandes en poco tiempo”, dice Luis, el socio técnico, que cree que el objetivo último es ofrecer puestos de trabajo estables. “Es entonces cuando pasas de emprendedor a empresario”, añade.

Fuera de tecnología, otro de los sectores que más están viendo cómo se rejuvenece la edad de los impulsores es la hostelería. Es el caso de Pablo Guerrero, de 29 años, quien está detrás de tres negocios de restauración, entre ellos el Lobby Market, situado en la Gran Vía madrileña, con una plantilla cercana a las 60 personas.

“Estuve con contratos en prácticas durante dos años en una empresa de capital riesgo y, más adelante, en una agencia de marketing y comunicación antes de tomar la decisión de iniciar un proyecto propio. Tenía mucho que ganar y poco que perder”, admite. Empezó con uno en Las Rozas, para el que fue imposible conseguir financiación bancaria. “Los bancos no concedían crédito y menos aún a un joven de 25 años sin un trabajo fijo o aval. En ese momento el potencial inversor era muy desconfiado, pero al final lo conseguí gracias a la plataforma Family & Friends”, recuerda.

“Debido a la crisis económica, el emprendedor de mi generación no ha tenido más remedio que agudizar el ingenio”, afirma Guerrero. También han cambiado los objetivos: “Desde el principio busco la satisfacción en la vida en general y, por tanto, también en el trabajo. Si ganar mucho dinero significa no tener vida, entonces prefiero ganar menos”.


Si hablamos de tradición familiar, está el caso de Óscar Rubira. “Es curioso, soy el más pequeño de tres hermanos y he sido el único que he continuado con el espíritu familiar de emprender y ser autónomo. Me gustan los retos y crear cosas nuevas. Quizás también me gusta el riesgo…”. Hace menos de un año lanzó la marca de relojes Ecleq, en la que invirtió 10.000 euros. Ya ha creado cuatro empleos, además de los de sus proveedores.

Rubira cree que ahora se emprende de manera diferente: “No nos toman por locos, sino por valientes. Digamos que, en general, está bien visto emprender cuando eres joven”.

Desencantados con lo que veían –“aprendíamos mucho, eso sí, pero ganar dinero, poco, y trabajar, demasiado”–, Fede Arias y Borja Barrera decidieron liarse la manta de la cabeza y dejar a un lado su trayectoria laboral en medios audiovisuales (han trabajado en programas de televisión como Sálvame o DeLuxe) y hacer las cosas a su estilo.

Creatividad

Con 5.000 euros de ahorros y el apoyo de los padres (“es una ayuda tener todos los gastos pagados en casa”, admite Borja), crearon hace un año GrabaSC, germen de A la Caza del Kiwi, “la primera productora hecha por y para millennials”, dice. Efectivamente, ninguno de los implicados ha nacido antes de 1985.

Barrera, que estudió dirección de empresa y un máster, recuerda que cuando entró en la carrera la gente se colocaba nada más licenciarse con sueldos de 1.700 euros, pero a los dos años se acababa el sueño americano. “La crisis nos ha obligado a emprender. No hay otra salida”.

Ni Borja ni Fede tienen nómina –“reinvertiremos lo ganado en los tres primeros años”–, pero sí han alquilado una oficina y han hecho algún contrato a sus colaboradores, “aunque con sueldo modesto”; en total suman 15 entre plantilla y externos.

Los cuatro fundadores de Chiwaka, empresa dedicada a la publicidad y el diseño con clientes del sector de la coctelería y la cultura, abandonaron hace cuatro meses la agencia de publicidad en la que trabajaban para ser arriesgados y no tener complejos creativos.

“No queríamos dejar de proponer la mejor idea por miedo a asustar al cliente”, explica Mario Acebal, uno de los socios. “Estamos más conectados con el público. Hablamos mejor su lenguaje y estamos más acostumbrados a las redes sociales y a las nuevas tecnologías que la gente de 50 años”.

Se lanzaron cuando vieron que tenían el colchón de contar con media decena de pequeñas cuentas, buena parte de los equipos necesarios (hacen vídeo, web, redacción) y muchas ganas de mejorar su calidad de vida: “Tener un sueldo un poquito más decente”. Su meta es tener ingresos fijos y consolidar clientes. “Preferimos invertir en talento más que en tener una nómina desorbitada”.

La edad a la que hoy se monta un negocio ha aumentado. “En teoría, en la asociación consideramos jóvenes hasta los 41 años, pero lo cierto es que en los últimos años ha emprendido mucha gente de más de 45. Mucha gente que fue expulsada del mercado por la reforma laboral de 2012 decidió capitalizar el paro y utilizar la indemnización para montar su negocio”, cuenta Ángel Monroy, presidente de AJE. “No es lo mismo tirarse a la piscina por el placer de nadar que hacerlo porque tienes fuego detrás”.



El 40% no quiere nómina

Hace unos meses, la segunda Encuesta Adecco jóvenes emprendedores sorprendía con que el 39,3% de los españoles menores de 30 años preferiría trabajar por cuenta propia, ya sea creando su propia empresa (33,1%) o como autónomo (6,2%).

¿Cuáles son las razones? En primer lugar, la ilusión de hacer algo propio (67% de respuestas), seguido de la necesidad de tener independencia personal (47%) y la detección de una oportunidad empresarial que puede tener éxito (43,7%).

Son las mujeres en mayor medida que los hombres quienes querrían emprender (51,9% de ellas en comparación con el 48,1% de ellos). Igualmente, son los jóvenes de entre 25 y 30 años los más dispuestos a hacerlo, 61,7% frente al 38,6% de los que tienen entre 18 y 24 años.

Y si pudiesen abrir su propio negocio, el 19,8% de los encuestados por Adecco lo haría con una compañía vinculada al sector de la hostelería y la restauración, seguido de aquellos que apostarían por un negocio relacionado con la enseñanza, así especificado por el 8,8%. Y los que lo harían por una empresa dedicada al ocio y las actividades lúdicas (el 6,5% de los entrevistados).

No obstante, querer no es poder y tres de cada cuatro jóvenes consultados piensa que es muy difícil emprender dada la falta de capital para poner en marcha el negocio (47%). No tener una idea clara de negocio que pueda tener éxito (28,2%) es otro factor que influye, así como el desconocimiento de los trámites a seguir (14,4%) y los impuestos a pagar en el futuro (13,7%).

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