Aunque las empresas apuestan por una senda más ecológica, la regulación aún marca la pauta en sus estrategias de responsabilidad social. Se han intensificado los esfuerzos, pero aún queda mucho por hacer, indica un estudio de PwC y Ecodes. La reducción de emisiones es un tema clave en la próxima Cumbre del Clima de París.

 

A principios de año se conocía la primera sentencia por un delito ecológico en España. Se condenaba a cuatro empresarios con penas de hasta cuatro años de cárcel por liberar más de 3.300 toneladas de dióxido de carbono en el proceso de reciclaje de electrodomésticos. Más reciente, el fraude de Volks­wagen en sus coches diésel, que sorteaba los límites de emisión de gases nocivos con la ayuda de un software.

El aumento de la contaminación hace que la reducción de gases de efecto invernadero sea un tema crucial en la Cumbre del Clima (COP21) que se celebrará desde el 30 de noviembre en París. El compromiso medioambiental constituye hoy uno de los pilares esenciales de la estrategia de responsabilidad social corporativa.

Por un lado, las normativas europeas y mundiales son cada vez más estrictas precisamente por la destrucción en el entorno que provoca la actividad humana, así como por sus efectos socioeconómicos y sanitarios. De ahí que el regulador haya puesto el foco en las compañías más contaminantes: cementeras, petroleras, gasistas o eléctricas; aunque concierne a cualquier industria.

Desde este punto de vista, ser responsable con el medio ambiente supone ahorros de costes por multas, infracciones y daños a la reputación que se ponen de manifiesto en las pérdidas en Bolsa o en la caída de las ventas.

“Un estudio del World Economic Forum indica que más del 25% del valor de mercado de una empresa es directamente atribuible a su reputación. La mayoría valora ya en sus análisis el riesgo de reputación al mismo nivel que los tradicionales, entrando en la balanza la necesaria gestión de otros aspectos ligados al comportamiento ético en sus operaciones y modelo de gobierno corporativo”, apunta Helena Redondo, socia de Deloitte.

Por el otro, más allá de la imagen, el ideal es que sea voluntario. Es decir, por convicción y no por obligación. Una cuestión que suscita el eterno debate de si las compañías son realmente conscientes –socialmente solidarias– o responden más a regulaciones.

“Hay que pensar que la ley tiene una función no solo reguladora o punitiva, sino también educadora. Un marco legal no minusvalora el que las empresas actúen conforme a la ley”, matiza Joan Fontrodona, profesor y director del departamento de ética empresarial de IESE Business School.

Para Joaquín Garralda, experto en estrategia empresarial de IE Business School, la regulación marca la sostenibilidad: “El medio ambiente, en la teoría económica, es el coste social que no integran las empresas. La contaminación del aire o los ríos no se vende a nadie, se regala, y como se regala, nadie pone un impedimento. Entonces, entra el regulador y pone filtros. ¿Tienen compromisos las empresas? Sí. ¿A gusto? No creo. ¿Por qué lo hacen? Las intenciones son muy difíciles de determinar. Se miden los resultados”.

Influyen tanto la imagen como la reducción de costes, según Joaquín Romano, profesor de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Valladolid, que advierte: “Crear obligaciones sin una verdadera conciencia ambiental puede no ser suficiente”.

“El planteamiento que haga una empresa de su sostenibilidad es clave para ampliar sus fronteras y embarcarse en nuevos proyectos con éxito. No actuar implica quedarse atrás en mercados globalizados y fuertemente competitivos donde las variables de RSC ayudan en la generación de ingresos, la eficiencia operativa y la obtención de financiación”, considera Redondo.

Avance lento

El último estudio del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa, financiado por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, que analiza el impacto de la actividad en el medio ambiente de las firmas del Ibex 35, da cuenta de “la significativa ausencia de información precisa en empresas de sectores con impactos potenciales importantes, como el de construcción o energía”, que tienen un “elevado consumo de materias primas, intensidad en emisiones de gases de efecto invernadero y de explotación de hábitats naturales, etcétera”.

En él, REE, ArcelorMittal, Acciona, Gas Natural Fenosa e Iberdrola obtuvieron las mejores puntuaciones en calidad de información. Y aunque la mayoría de las compañías (31) cuenta con compromisos ecológicos expresos y 27 declaran tener una política específica en esta materia, en muchos casos “la información sobre el desempeño y sistemas de gestión es anecdótica”, porque el desglose de los datos es insuficiente o se limitan a informar sobre España excluyendo a sus filiales.

Sobre todo si se toma en cuenta que 30 de ellas operan en al menos uno de los 14 países con extremo riesgo atmosférico, según el Índice de Riesgo Climático de Germanwatch de 2014 que cita el informe, encabezado por Estados Unidos, seguido de Perú, Rumania y Rusia.

Apenas 21 asumen el principio de prevención (riesgos conocidos) y solo ocho el de precaución (desconocidos). Únicamente nueve aportan datos significativos sobre el impacto de sus principales productos y servicios; 13 sobre los episodios de multa y 16 acerca de la actuación de los proveedores.

El informe recién publicado por PwC y Ecodes sobre la gestión empresarial frente a la huella de carbono concluye también que se han intensificado los esfuerzos, pero aún queda mucho por hacer “si se quiere evitar un cambio climático peligroso”. Abengoa, Acciona, Abertis, Bankia y Caixabank lideran el ranking en España y Portugal.

Con todo, el horizonte vislumbra empresas más ecológicas. Inditex anunció a principios de mes la implantación de su modelo de tienda ecoeficiente, que comenzará en China, con el que pretende reducir las emisiones un 30% y ahorrar un 50% de agua. La meta es mejorar el ciclo de vida del producto desde el uso y tratamiento de las materias primas hasta el reciclado y reutilización final.

Gas Natural Fenosa es la única empresa española que figura entre las 24 compañías con mejores prácticas de sostenibilidad del mundo, según el Dow Jones Sustainability Index (DJSI). La petrolera Cepsa aumentó un 53% su inversión interanual en 2014, hasta los 19,22 millones de euros, para disminuir las emisiones y potenciar el tratamiento de agua.

Y Mondelez España apuesta desde 2013 por la agricultura sostenible del trigo utilizado en la elaboración de sus galletas Fontaneda y la protección de la biodiversidad. La iniciativa involucra a 282 agricultores de 17 cooperativas de Navarra, Castilla y León y Aragón.


Consumo responsable

Los emprendedores tienen una gran oportunidad de impulsar el consumo responsable con la creación de startup, como reflejan los negocios del coche compartido o las bicicletas en el transporte, señala Joaquín Garralda, del IE, quien añade que los inversores institucionales también jugarán un papel importante: “Porque están más preocupados por la rentabilidad del negocio a futuro”.

El sector aeronáutico trabaja en la fabricación de motores eficientes (los UltraFan de Rolls-Royce) para alcanzar la meta europea de Cielo Limpio con recortes del 65% del ruido percibido, del 75% en CO2 y del 90% en los óxidos de nitrógeno en 2020. La española ITP está involucrada.

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