Entrevista de "La Contra" de La Vanguardia a Richard Soley, pionero del Internet de las cosas e investigador del MIT: "Los humanos ya estamos hiperconectados en la Red, pero nos faltaba capacidad de gestión de datos para hacer hablar a las cosas entre ellas en fábricas, cocinas, hospitales... Hoy la tenemos."

 

¿Edad? Casi me envían a Vietnam. Soy de Baltimore: se degradaba hasta que un gran alcalde le dio la vuelta, como Maragall a Barcelona. Pronto no compraremos ni coches ni aparatos, sino horas de uso. La nube no existe: todos los datos se guardan en servidores. Colaboro con Fira de Barcelona.

Internet ha cambiado el mundo..., ¿verdad?

Sí, claro.
¡Pues, no! En realidad, la era digital aún no ha cambiado nada de verdad importante. Ha transformado el modo en que consumimos música, noticias, libros: contenidos; pero no cómo fabricamos cosas y casas y coches y aviones... Eso sigue igual.

¿Por qué aún se fabrica sin internet?
Los humanos ya estamos hiperconectados en la red, pero nos faltaba capacidad de gestión de datos para hacer hablar a las cosas entre ellas en fábricas, cocinas, hospitales... Hoy la tenemos.

Por ejemplo.
En el condado de Cork, en Irlanda, un programa de internet de las cosas logra que, cuando la ambulancia llega a buscarte, ya tenga tu historial, enviado por la base condal de datos.

Con que la ambulancia no tarde, ya firmo.
Hemos instalado sensores en todos los glaciares más grandes del planeta. Yo mismo los he colocado este año en la Patagonia.

¿Se deshielan tan rápido como alertan?

La sorpresa es que, por alguna razón, dos tercios se deshielan, sí, pero el otro tercio está creciendo. Aún no sabemos por qué, pero ya lo están investigando los científicos con esos datos.

¿Y en los hospitales?

Todos los aparatos clínicos hablarán entre sí y con nuestro cuerpo. Hacemos que el medidor de la tensión arterial se comunique con otros sensores e interactúen, por ejemplo, para aumentar la glucosa en el goteo si se requiere.

¿Y en las fábricas?
También conectamos todo con todo para saber qué uso se hace de cada aparato en cada momento y qué rutas siguen los técnicos y empleados cada día para optimizarlas. Hoy todo es medible, luego todo es mejorable.

A ver qué dicen los sindicatos.

La información, de entrada, beneficia a todos.

¿Ya es posible gestionar esa cantidad descomunal de información?
La capacidad de computación ya no es el cuello de botella que era. Google, Amazon, IBM o Cell están manejando esas magnitudes ingentes de datos con eficiencia a bajo coste.

¿En la nube, todo cabe?
Es una tontería llamarla así, porque esa nube no existe. En realidad, los datos están almacenados en un soporte físico en algún sitio, lo que pasa es que cada vez son más fáciles de gestionar.

¿Y la lavadora que ya ve la ropa sucia?

Eso es un mero automatismo, lo que sí son cosas que hablan entre sí son las neveras que avisan al súper de que la cerveza se ha acabado y hacen la lista de la compra de lo que se acaba.

Entonces, ¿por qué no las usamos todos?
Falta poco. Podemos captar con sensores cantidades colosales de datos y procesarlos, pero aún necesitamos sistemas más robustos: que no fallen. En los años 80, cuando un sistema informático caía, alguien perdía su trabajo; hoy nos resignamos a que caigan... ¡Y no deberíamos!

Supongo que todos mejoraremos.
Cuando logremos sistemas más fiables, verá cómo internet cambia su vida y no sólo para poder escuchar sus canciones en cualquier sitio.

Además de la nevera, ¿qué cambiará?
Dejaremos de comprar todos los aparatos y coches para comprar horas y potencia de uso medida por sensores. Así se empiezan a gestionar los motores supersónicos de GE o Rolls Royce.

¿Qué mejorará si se extiende ese modelo?
Hoy el fabricante tiene un distribuidor y este otro y este una franquicia... Y cuando usted se lo compra, nadie responde ya por un aparato.

Está la garantía.
Muy pocos se molestan en enviarla. En cambio, el fabricante de motores supersónicos ya controla, supervisa -y cobra- cada segundo de uso.

Buen negocio.
Todos compraremos horas de uso de los aparatos, porque los sensores avisarán a la fábrica de cada necesidad de recambio y la pieza le llegará a casa antes de que se rompa.

¿Los aparatos no se estropearán?
Nunca mientras pagues sus horas de uso. La mentalidad de compra cambiará radicalmente porque las cosas dejarán de romperse.

Usted lo ha dicho: "Mientras pagues".
No hay nada gratis, amigo. La tecnología ya está en uso, sólo falta aplicarla a gran escala. Veamos: el coche ya habla con el conductor, pero nosotros hacemos que hable en la red con la carretera, es decir, con sus sensores, y que esta le avise de que ha habido un accidente a diez kilómetros y es mejor tomar un desvío.

Supongo que así evitaríamos atascos.
Es exactamente lo que ya se hace con el control de tráfico aéreo y se hará igual con el terrestre.

¿Los controladores terrestres también tendrán sueldazos?

Sólo mientras sean humanos. Piense que los aviones ya tienen un sistema absolutamente automatizado que evita cualquier choque entre ellos. Esa es la línea que se ha de seguir

¿Cada vez habrá menos trabajo humano?
La tecnología jamás debe excluir a nadie, por eso en la vigilancia de la Patagonia hemos introducido a los locales. Les damos cámaras para que filmen lo que no les gusta y lo que les gusta; premiamos a los mejores y procesamos los datos que brindan para mejorar los parques.

¿Cómo obtienen los datos?
Miles de sensores miden dónde se tira basura; qué senderos se usan; qué animales ven los visitantes y cuáles sufren agresiones. La gestión de esos datos mejora la conservación de la Patagonia, y eso ya es una realidad.



¿Cambia todo o nada?

Pionero de internet en el MIT, Soley se alinea con quienes sostienen que la era digital no cambia lo esencial en la vida, que es como nos la ganamos. La red no ha modificado ni jerarquías ni clases sociales, ni reparte la riqueza mejor: sólo es otro negocio para pocos. En cambio, otros innovadores creen que la gran transformación ya está aquí, y que los jefes mandan menos, porque las redes distribuyen su poder entre empleados y consumidores, que hoy controlan la reputación de la marca. Concluyen que internet ha hundido negocios y empresas para crear otros no siempre mejores. Yo diría que, en esta era digital, nada acaba de sustituir a nada, pero todos tenemos que cambiar para no ser sustituidos


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