Si del dicho al hecho del líder empresarial hay demasiado trecho la organización no irá bien. La tendencia al corto plazo y al éxito material ha creado un tipo de líder que suele pecar de soberbia y de vanidad y cuya falta de humildad le lleva a rodearse de gente que le adula y le impide mejorar.

 

No tenemos lo que necesitamos, ni a nivel de empresa, ni de sindicatos ni de instituciones. Se necesita gente con una ejemplaridad que no existeyuna coherencia que tampoco existe. Con estas duras palabras el profesor del Iese, Sandalio Gómez, respondía a la pregunta sobre la importancia de la coherencia en nuestra sociedad. Y daba paso a su teoría de las cinco “C”. La Claridad de ideas es su primer punto. “Si quien lleva la empresa no tiene claro dónde va es imposible que transmita nada positivo a sus empleados”. Sigue con la Coherencia. “Un líder coherente actúa siempre según sus ideas. No hace falta que hable mucho, si hace, no lo necesita”. El tercero es la Comunicación. Ello implica estar cerca de la gente, “salir de a Torre de Babel, comunicarse, escuchar para enriquecerse y tomar decisiones en función del conocimiento de la realidad”. Asegura que con estas tres “C” cumplidas las otras dos se dan por añadidura: la Confianza y la Credibilidad, porque “son consecuencia directa de ellas”. Dice que “cuando pensamos en un liderazgo pensamos en todo ello, con una gran dosis de humildad” e insiste en la sociedad española, “todo eso se echa de menos en ella. Demasiada palabrería y pocos hechos”, sentencia.

La humildad, la gran olvidada en muchas cúpulas empresariales es tema también de análisis para Pilar García Lombardía, investigadora asociada del Iese. “Actualmente, la tendencia al corto plazo y al éxito material ha creado un tipo de líder que suele pecar de soberbia y de vanidad. La falta de humildad le lleva a rodearse de gente que le adula y le impide mejorar. Es muy curioso ver que gente mayor, educada en la cultura anterior, es más permeable al aprendizaje que algunos jóvenes. En ellos ha influido demasiado el sistemade educación y la presión del éxito social...”. A pesar de ello, cree que en España hay buenos líderes–“es importante que sean conscientes de que se les está observando”– aunque admite que en este sentido también nos hemos descapitalizado estos años de crisis. “El ejemplo de éxito que se nos propone es malo. Hoy no parece estar bien hablar de valores, pero si no has pasado en la educación sobre la humildad, eso no se recupera”.Y ello lleva a un peligro adicional. “Con estos condicionantes cuesta mucho trabajar en equipo. Estamos preparados para trabajar con la idea del éxito personal, pero no compartido”.

Por último, Gómez , hace un llamamiento a la coherencia. porque “los valores no están en el aire, se concretan, se demuestran en la acción, en el comportamiento y en las decisiones del líder. La persona coherente lanza mensajes fulminantes, se gana la confianza y la credibilidad de los demás y tiene muy claro que un ejemplo vale más que mil palabras... ah! y siempre procura vivir primero lo que desea que hagan los demás”.


Los siete vicios capitales

Todos y cada uno de nosotros nos sentiremos identificados con alguno de ellos. Lo que sucede es que en el líder los vicios siempre se notan mucho más. Lean y piensen si conocen a alguien que sobresalga en alguno de ellos. Seguro que sí. El profesor del Iese, Sandalio Gómez hace recuento de todos ellos en una apretada síntesis y resalta cuales, a su juicio, son los peores vicios que se pueden tener: incoherencia y soberbia. “Por desgracia, son también los más extendidos. Si tengo un líder humilde y coherente, me voy con él al fin del mundo”, dice.

 

  1. - IMPRUDENCIA. El líder imprudente no considera los pros y contras de sus decisiones. No acepta la realidad tal y como es. No valora la importancia de su equipo directivo. No mide bien sus fuerzas y las de la Organización. Le cuesta tomar decisiones. No aplica sus conocimientos a la acción concreta y no acepta el consejo de los demás.
  2. - SOBERBIA. Es incapaz de ser sincero y envidia a los demás, es muy celoso. Ve enemigos en todos lados. Se aísla, piensa sólo en él y encuentra la soledad. Se rodea de personas mediocres para que no le hagan sombra: rechaza el talento. Asume tareas que superan su capacidad, queda en evidencia ante los demás y es infeliz. Se cree el mejor, superior a todos los que trabajan con él: la soberbia rechaza el criterio directivo de la razón. Ni escucha ni aprende nunca a delegar. Llega a creerse un “iluminado” en la estrategia y la ejecución. Y, por último, usa el poder de forma autoritaria sin convencer.
  3. - IMPACIENCIA Y DEBILIDAD. Es un líder que nunca va de frente. No habla claro ni lo hace a tiempo. Le falta lealtad. Pretende conseguir las cosas importantes con excesiva rapidez y sin esfuerzo. Le falta paciencia. No tiene equilibrio en su estado de ánimo. Renuncia demasiado pronto ante las dificultades y no valora el esfuerzo y la constancia. Traslada la tensión a toda la organización en los momentos difíciles y no lamantiene en los momentos fáciles.
  4. - FALTA DE EQUILIBRIO. Acostumbra a ser una persona exagerada por naturaleza, en los buenos y en los malos momentos. Le falta equilibrio y ecuanimidad. Realiza un uso inadecuado de los bienes materiales y humanos. Descuida y no controla (porque no los valora) los detalles pequeños ni los grandes. No sabe gestionar bien la austeridad y no elimina el gasto superfluo (infla la estructura), se recrea e incluso se vanagloria en ellos y “racanea”, cuando el gasto o la inversión es necesaria.
  5. - COBARDÍA. Habitualmente, es un líder que no define criterios ni políticas. No reconoce los méritos de cada uno. No es ecuánime en sus evaluaciones. No evalúa ni premia la iniciativa, la innovación la excelencia y la aportación de valor de sus colaboradores, porque “prefiere no complicarse la vida”. No habla claro, ni aporta razones consistentes. Ni lo hace en el momento oportuno y no sabe exigir.
  6. - AMBICIÓN. Es una persona que carece de cautela y de previsión: conduce a la frustración personal y colectiva. Es un iluso y un irresponsable, traza objetivos inalcanzables para él y para su equipo. La huida hacia adelante genera un círculo vicioso que acaba por explotar. Confunde audacia con utopía. No tiene metas realistas y le falta conocimiento de unos límites razonables.
  7. - INCOHERENCIA. No vive los valores de los que “presume” y lo transmite con sus decisiones y sus comportamientos reales. Se gana la desconfianza y el desapego de los demás. En las decisiones y en la acción, no pone en práctica lo que predica. Se olvida que el ejemplo vale más que mil palabras.

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