Con la crisis, muchos jóvenes han variado positivamente su enfoque frente al trabajo, al riesgo y al cambio, pues saben que hoy en día una buena gestión de los errores les puede llevar a la excelencia. El cambio les estimula, pero piden sentirse valorados y que se reconozca lo que hacen.


Hay poca demanda para jóvenes preparados. Mucho paro, mucha decepción y mucha huida hacia otras latitudes. Afortunadamente, lo peor parece haber pasado y tras una larga cura de adelgazamiento, muchas empresas empiezan a buscar de nuevo talento joven. Quizás sea buen momento para repasar cómo ha visto la empresa la evolución de la actitud de muchos jóvenes a lo largo de esos años. Uno de los tópicos que circularon durante mucho tiempo sobre los recién salidos de la universidad era el de la prepotencia al buscar trabajo. Eso era antes de la crisis, cuando quien "mandaba" en el proceso de selección era el aspirante y la empresa trataba por todos los medios de hacerse con él, cediendo en sus planteamientos. "Había muchas oportunidades, pero nos encontrábamos con candidatos muy acomodados que huían de cualquier reto nuevo y las desechaban. No dejaba de sorprenderme", dice Alessia Maggiulli, directora de recursos humanos de la incubadora de referencia Antai Venture Builder. Eran otros tiempos. "Muchos jóvenes bien preparados tenían la convicción de que las empresas y el Estado debían ocuparse de ellos. Ponían muchas exigencias a la hora de aceptar un empleo. Cuando había deseos de cambio, se centraban en el propio ego", apunta Áurea Benito, directora de recursos humanos de Isdin. Eran aquellos tiempos en que se preguntaba por las vacaciones, los horarios, el sueldo... antes de conocer la oferta. "Lo que más me sorprendía era la sensación de inflexibilidad. Dime que me ofreces y te diré si me interesa. Estoy hablando de profesionales júnior, con muy poca experiencia...", corrobora Oscar Cabo, director de marketing de Spring, del grupo Adecco. "En las empresas teníamos cierta sensación de debilidad. Era época de pleno empleo en este segmento y debías prepararte para vender muy bien tu empresa al candidato", añade Silvia Forés, directora de recursos humanos de Baker & McKenzie en Barcelona.

Este era el panorama. Pero la crisis rompió muchas cosas. El pleno empleo entre otras, incluso entre los jóvenes más preparados, y eso, forzó que los planteamientos empezaran a ser más flexibles. Descubrieron que ya no les venían a buscar, que debían ser ellos quienes debían andar tras las empresas. Eso provocó desconcierto, muchos se sintieron engañados por una sociedad que les había prometido el paraíso tras los estudios y, según Áurea Benito, derivó en una clara polarización. Por un lado, los desengañados que se abandonaban -los conocidos ni-ni- y, por otro, los que optaban por crearse otros valores y apostaban por buscarse la vida, ya fuera aquí o en otra parte. "Me voy a reinventar", era, según Maggiulli, el grito de guerra de estos últimos. "Durante la crisis metabolizaron el cambio en marcha y trataron de dirigir sus pasos hacia sectores de futuro".

Y la prepotencia, ¿desapareció? "En parte, sí, pero la humildad se seguía viendo más en el talento senior que en el junior. Quizás porque no se creían lo que veían o que la tranquilidad de depender de los padres no les suponía suficiente presión para cambiar", dice Forés. De todos modos, "ya empezaron a aceptar la entrada en empresas pequeñas, poco conocidas...", apunta Cabo.

Y en esas estamos. Benito dice que hoy se exigen cuatro competencias básicas a los jóvenes: dominio digital, flexibilidad y adaptabilidad, habilidades interpersonales e idiomas. Y añade. "Diría que han cambiado. Han pasado de buscar trabajo a buscarse la vida y también del qué me ofreces al qué puedo ofrecer yo. Es importante". Maggiulli, que se mueve en el mundo digital, prima la capacidad de adaptarse a cambios muy rápidos. Además, "pido polivalencia, tomarse el trabajo de emprendeduría como si fuera suyo. Veo que aceptan un riesgo alto al entrar en start-up, pero no tienen miedo al cambio. Muchos escogen la empresa con la que les gustaría trabajar en Linkedin y se ofrecen aunque no haya vacantes. Ha habido un cambio de enfoque". Forés va un paso más allá al afirmar que "el cambio les estimula. Saben que si les falla algo, buscan otra empresa o se van del país. lo que sí piden es sentirse valorados, buscan un reconocimiento a lo que hacen", y advierte que en una entrevista pueden surgir equívocos si no se hace un buen análisis. "Cuando el joven está seguro de lo que dice, según como lo transmita, puede confundirse con arrogancia. En algunos perfiles es bastante habitual".

En cualquier caso, a la vista de lo que plantean estos especialistas estamos en pleno cambio de modelo. "Hoy los jóvenes buscan algo más que dinero, muchos tienen la habilidad de no valorar los riesgos que afrontan como un peligro, sino como oportunidades", añade Cabo. Y no solo eso, Benito pone la guinda:"saben que una gestión lúcida del error les va a llevar a la excelencia". Se nota en como afrontan las entrevistas. según Maggiulli. "Primero hacemos una criba telefónica y luego en la entrevista noto mucha naturalidad. La distancia entre el reclutador y el candidato se reduce...". Benito asiente y añade, "nosotros notamos una vuelta a las esencias, a la búsqueda de la autenticidad. Hacer las cosas simples es una sofisticación". Y Cabo lo sintetiza. "Nos estamos volviendo más anglosajones. Hemos pasado de buscar CV a buscar talento. Hemos hecho este salto, pero los jóvenes también".


La opinión va por sectores


“Tradicionalmente ha existido una dura guerra por el talento junior entre las principales firmas de abogados. Hoy, tras unos años de fuerte contención en las contrataciones, las firmas de abogados y las grandes auditoras con servicios legales vuelven a apostar fuerte por la contratación delos jóvenes, focalizando sus esfuerzos en la atracción del talento junior especialmente en estudiantes con buen expediente cuando ya se encuentran acabando la carrera”, explica Silvia Forés,de Baker & McKenzie.

“En ISDIN, solemos apostar por gente joven,formada y con potencial. Tras estos años tan duros para el sector, posiblemente hemos reforzado esta tendencia que siempre hemos tenido. Hoy los jóvenes muestran interés por u nproyecto que realmente les atraiga y les permita desarrollarse y crecer.A menudo, suelen preguntar por los valores de la compañía, porque para ellos es importante sentirse identificados”, dice Áurea Benito,de ISDIN,en el sector farmacéutico.

“En el sector digital se valora sobre todo el potencialdelos jóvenes, ofreciéndoles desde el primer momento posibilidad de desarrollo y responsabilidad a profesionales que en algunos casos carecen de formación cualificada o experiencia previa, pidiendo a cambio dedicación total y absoluta, sobre todo en proyectos de start-up. Un atractivo es que hay mucha flexibilidad en cuanto a requisitos”, apunta Alessia Maggiulli,de la incubadora Antai Venture Builder.

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