Entrevista de "La Contra" de La Vanguardia a Yochai Benkler, Director del Centro de Internet de Harvard y autor de 'La riqueza de las redes': "Las redes digitales de hoy son las fábricas de antaño y, por eso, elegir tu móvil -si es de plataforma abierta o cerrada, si pagas por las aplicaciones o no- es una elección con tanta carga política hoy como antaño la tuvo votar o afiliarse a un sindicato."

 

Tengo 50 años y llevo 20 estudiando internet: era periférico y ya es el centro de la economía y la sociedad. Nací en Israel, un boom tecnológico entre el odio y la esperanza. El control de las redes hoy es lo que fue la propiedad de tierras y fábricas. Colaboro con la UAB y el CCCB.

Hace veinte años que estudia internet: ¿adónde nos lleva?

La dinámica sigue siendo la misma: lo que al principio era periférico como un juguetito irrelevante, a medida que avanzamos hacia la sociedad digital se va convirtiendo en el centro mismo de la economía.

Por ejemplo.

Apple era un juguete y hoy es la empresa más capitalizada del mundo: más que cualquier petrolera, financiera o constructora; y Google era un invento de buscador para cuatro empollones y hoy logra una de las facturaciones más gigantescas del planeta.

¿Y si fuera un mero cambio de marcas?

Yo estudiaba las reformas agrarias y las revoluciones industriales, porque la pregunta esencial en el siglo XIX y XX era: ¿quién es el dueño de la tierra o la fábrica o el banco?

¿Cuál es la pregunta clave hoy?

¿Quién es el amo de las redes? ¿Quién controla su flujo de datos, información, conocimiento y, por tanto, de dinero y poder?

Las empresas digitales tienen dueños.

Las redes digitales de hoy son las fábricas de antaño y, por eso, elegir tu móvil -si es de plataforma abierta o cerrada, si pagas por las aplicaciones o no- es una elección con tanta carga política hoy como antaño la tuvo votar o afiliarse a un sindicato.

¿El móvil es de derechas o izquierdas?

Si compra un iPhone a la empresa más capitalizada del mundo, está comprando un sistema cerrado en el que Apple controla toda la cadena de valor; en cambio, el Android es más abierto y permite a operadores independientes participar y ganar en la suya.

¿Qué opción aconseja usted?

En general, elegir softwares abiertos, open source, que ni pagan a multinacionales ni generan patentes por las que cobrar y así incentivan la economía colaborativa y la inteligencia colectiva en innovación continua.

¿Eso es una opción política?

Tanto como era decidir antaño si la fábrica era sólo de un empresario o debíamos montar una cooperativa industrial o agraria.

¿Por qué cada opción personal cuenta?

Porque en esta dinámica hacia la concentración o la distribución del poder actuamos como en la ecología: cada pequeña decisión individual -reciclar o no la basura o cerrar o no el grifo- nos acerca más a la catástrofe climática o ecológica o a la supervivencia sostenible del planeta y la especie.

¿Y cuál sería la catástrofe digital?

Tenemos ante nosotros o ese desastre o una utopía. Podemos decidir en qué punto estaremos, del mismo modo que las decisiones que tomaron millones de ciudadanos hace siglos determinan hoy las diferencias entre vivir en Suecia o, por ejemplo, en México.

¿Cuál sería el desastre o la utopía?

Si tomamos decisiones erróneas y dejamos a los grandes de internet aumentar su poder, iremos hacia un mundo con unas pocas megaempresas universales muy jerarquizadas por una élite, bien conectada con algunos estados, que poseerá todos nuestros datos, es decir todo el control, y, con tecnología big data, cambiará nuestro entorno.

Hoy la información ya la tienen.

Acaban de empezar: ahora llega el internet de las cosas con sensores que recopilarán día y noche datos de todo lo que hagamos. Lo que es programable es reprogramable, así que esa élite de unos cuantos estados y megacorporaciones podrá reprogramar nuestra conducta. Tendrán un poder total.

¿Para qué lo usarían?

Para conservarlo y aumentarlo en un mundo low cost en el que la inmensa mayoría tendríamos salarios cada vez más bajos.

¿Cómo evitarlo?

La utopía sería el diseño colectivo de plataformas abiertas de ciudadanos que crearan nubes imposibles de privatizar, junto a técnicas peer-to-peer de financiación, que compitan, por ejemplo, con los bancos que ahora van a lanzar Google y Apple.

Ciudadanos contra el imperio tech.

La impresión 3D nos permitiría la construcción de planos de casas o muebles y todo tipo de aparatos y objetos previamente wikidiseñados en red por miles de usuarios.

Suena tan bonito como difícil.

Hace treinta años nadie creía que una comunidad de anónimos sin cobrar, Wikipedia, destronaría a la Enciclopedia Británica. Así que es posible. Ahora investigamos cómo.

¿Cómo?

Desarrollamos plataformas abiertas para compartir información, conocimiento y poder sin jerarquías y avanzamos hacia una economía distributiva, como la de Wikipedia, una nueva wikieconomía, y el software libre, diseñado colectivamente para todos.

¿Libre es igual a gratis?

¡Cuidado! Facebook parece gratis pero no lo es: está cediendo usted autonomía y sus datos. Tal vez un día lo lamentemos todos.

¿Cómo será la derecha y la izquierda?

Está pasando como cuando la industrialización y la aparición de la clase obrera dejó obsoleto el esquema burgués de liberales y conservadores para introducir el de izquierda y derecha. En la sociedad digital, las etiquetas van a ser diferentes según estés a favor de la jerarquía vertical y rígida de las redes o la horizontal y abierta.



Quién manda aquí

Durante dos siglos la política ha consistido en dirimir quién poseía la tierra, las fábricas, los bancos... Hoy, política es quién controla internet. En las redes nacen y crecen las empresas más grandes del planeta. Y en ellas la geografía ya es tan relativa como la ideología: hay débiles y poderosos, pero, en la sociedad digital, derechas e izquierdas son etiquetas vacías. Con cada decisión tecnológica avanzamos hacia la utopía o la distopía: o propiciamos la concentración de conocimiento y poder en una élite que controla todos los datos, y con ellos los estados y megacorporaciones, o generamos plataformas de iguales que creen, produzcan y consuman de todo para todos.

 

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