Entrevista d 'El País a Luis Rojas Marcos, psiquiatre: "És molt important pensar, 'La crisi no és culpa meva ', i si pots fer alguna cosa per sortir d 'ella; sentir que tens el control en el dia a dia. Això ens ajuda i fortifica. "

Nuestro psiquiatra más internacional, Luis Rojas Marcos (Sevilla, 1943), tiene claro que no va a volver a vivir en España. "Lo mío es vivir en Nueva York, la ciudad que me acogió a los 24 años, y venir a España. Ahora lo hago cada dos meses porque tengo más libertad de movimiento", explica el que fuera presidente del Sistema de Sanidad y Hospitales Públicos de Nueva York hasta 2002. Un puesto que dejó "para volver al mundo de la academia, con el que ya estaba vinculado; porque llega un momento en el que necesitas cambiar, más en un trabajo tan intenso como éste". Rojas Marcos reconoce que también tuvo mucho que ver la experiencia vivida en el 11-S.

Actualmente da clases de Psiquiatría en la Universidad de Nueva York, ocupa múltiples cargos en asociaciones y fundaciones relacionadas con la salud pública o el interés social y escribe artículos y libros cuando el tiempo se lo permite. Esta semana ha acudido a Barcelona para preparar su participación en la jornada anual de Esade, donde será ponente.

Su interés fundamental pasa por explicar a la sociedad que en tiempo de crisis, como en cualquier otro, una tristeza "normal" no tiene por qué volverse patológica, convertirse en depresión. Y lo que es mejor aún, de que el optimismo alarga la vida y, aunque "en Europa a la gente le da apuro decir que está contenta por la influencia que han tenido los filósofos del siglo XVII y XVIII en su forma de pensar", lo cierto es que "el termómetro de la satisfacción está muy alto...".

Pregunta. Entonces, ¿cómo se explica el aumento constante de las enfermedades mentales y su crecimiento en tiempos de crisis?

Respuesta. Porque en Occidente las personas están mejor informadas que antes y se las lleva al médico. También porque se ha perdido el miedo, los prejuicios a la enfermedad mental, y la gente está dispuesta a ir al médico. Hay más personas que piden ayuda y también más diagnósticos. La crisis sirve de detonante de las emociones; aumenta el estrés, la sensación de tensión, se deja de dormir bien, de concentrarse; te hace irritable, preocuparte... La crisis no produce una enfermedad, produce un estrés, que pasa de ser benigno porque estimula a maligno porque, al mantenerlo en el tiempo, afecta al sistema vital y lo altera. Entonces vas al médico porque no duermes, o porque no aguantas a los niños, o porque no tienes ganas de salir. No es una enfermedad concreta, sino los efectos continuados del estrés maligno, que, si se mantienen dos o tres semanas, entonces sí implican depresión.

P. ¿Y cómo podemos evitarlo con la incertidumbre que vivimos?

R. Los seres humanos tenemos gran capacidad de superarnos. De encajar los golpes y volver donde estábamos. La ayuda que podemos dar los psiquiatras a esas personas es fomentar las capacidades que ya tienen para adaptarse a la nueva situación, para mantener la esperanza y poner el control dentro de uno mismo. Es muy importante pensar: "La crisis no es culpa mía", y si puedes hacer algo para salir de ella; sentir que tienes el control en el día a día. Eso nos ayuda y fortifica.

P. ¿Y cómo podemos volvernos más optimistas al tiempo que perdemos el trabajo o nos rebajan el sueldo...?

R. Las personas optimistas mueren más tarde, está demostrado. Pero conseguir ser optimista lleva meses. Se tiene que trabajar durante semanas para saber cómo piensan y cómo se explican las cosas. Una persona que dice: "Me ha atropellado un coche, me he quedado sin pierna. Nunca voy a ser el mismo. No debí salir de casa ese día", tiene que cambiar su estilo explicativo, no culpabilizarse. A aumentar el optimismo ayuda cambiar el estilo explicativo, además de diversificar tus fuentes de satisfacción. Así, si te va mal el trabajo, puedes volcarte en tu familia, los amigos...

P. Y los directivos ¿cómo pueden liderar en los tiempos que corren?

R. Para ser líder se requiere que la gente confíe en ti. Y, por supuesto, que no seas un dictador o un déspota. Claro que la confianza está basada en que la gente se cree lo que dices porque es eso lo que haces. Se necesita capacidad de comunicar. Hay que ser transparente.

P. ¿Qué deben hacer para evitar la depresión cuando han de despedir?

R. La experiencia de despedir es lo más difícil y duro que hay; yo tuve que hacerlo... Lo más importante es explicar por qué es necesario por el impacto que tiene en la autoestima de las personas que se van a ver afectadas. Pero si eres normal y despides a gente, antes o después te tiene que afectar, por eso un líder ha de tener capacidad de encajar el dolor ajeno, empatía.

P. ¿Cómo pueden los directivos motivar a sus plantillas en plena crisis?

R. Tienen que transmitirles confianza y también esperanza en el futuro, pero, además, tienen que ser realistas para que las personas confíen en ellos. Tienen que explicar lo que está pasando en la empresa, por qué pasa y qué se va a hacer para superarlo. Así fomentan el control interno de las personas, que saben lo que pueden hacer para salir de la situación actual.

P. Entonces, todo se basa en el control interno.

R. Sí, el control es fundamental porque lo opuesto es la indefensión, la impotencia.

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