Roberto Casado: "Los citiboys que mantienen su puesto han dejado de ganar grandes sumas de dinero. Y en lugar de presumir por su trabajo, lo ocultan fuera de su círculo más íntimo por el temor a ser blanco de las críticas"

Las entidades financieras de Londres extreman las medidas de seguridad y piden discreción a sus empleados ante el temor a ataques por el descontento social.

"¿Quién es un citiboy? Es ese idiota trajeado con el FT en la mano que alguna vez te ha empujado en el metro de Londres, ese egoísta que se jacta durante las cenas con sus amigos del dinero que ha ganado en bolsa”. Esta es la definición que Geraint Anderson, un antiguo analista de Dresdner Kleinwort, propina en un libro a sus ex compañeros del sector financiero londinense, los denominados citiboys. Pero Anderson debería ir cambiando su sentencia.

Como consecuencia de la crisis de crédito, los citiboys que mantienen su puesto han dejado de ganar grandes sumas de dinero. Y en lugar de presumir por su trabajo, lo ocultan fuera de su círculo más íntimo por el temor a ser blanco de las críticas de quienes acusan a los banqueros del origen de la crisis.

Hasta ahora, ese rol de parias se ceñía a cierta incomodidad en algunas reuniones fuera del círculo financiero. Un banquero escribió hace unos meses al consultorio de Lucy Kellaway, la columnista de asuntos de gestión de Financial Times (FT), asegurando que le daba vergüenza revelar su oficio en cenas con amigos artistas de su mujer, ya que le criticaban sin piedad y le hacían sentir “como si fuera un pedófilo”.

Pero en los últimos días, la agudización de la recesión, el aumento del desempleo y las noticias sobre las grandes retribuciones de algunos banqueros pese a llevar sus entidades cerca de la quiebra han disparado el descontento social contra el papel de las entidades financieras en la crisis, amenazando incluso la seguridad de los empleados.

Anteayer, la casa de Fred Goodwin en Edimburgo (Escocia) fue atacada por un grupo autodenominado Los banqueros son criminales. El ex consejero delegado de Royal Bank of Scotland es la diana a la que muchos han dirigido sus dardos en Reino Unido, por ser acreedor a una pensión valorada en 20 millones de libras pese a dejar el banco al borde de la quiebra. En Estados Unidos, grupos de manifestantes han acudido a las casas de los directivos de AIG para reclamar que devuelvan los bonuses recibidos del grupo asegurador, que fue rescatado por el Gobierno de Washington el año pasado.

Los incidentes no sólo afectan ya al sector financiero. Un directivo de la filial francesa del grupo de material de oficina 3M fue secuestrado en la oficina de París por sus empleados, que pedían negociar un plan de bajas propuesto por la empresa. En Francia, la entrega de bonus en el banco Chevraux y en el proveedor de piezas de automóvil Valeo también ha provocado furor en los medios de comunicación.

Autoridades y empresas han empezado a extremar las medidas de protección de los directivos por el enrarecimiento del ambiente. Fuentes de Kroll, firma de consultoría en asuntos de seguridad, asegura que “todos los empleados de banca deben tener cuidado”.

Las firmas londinenses afrontan una prueba de fuego la próxima semana, durante la celebración de la cumbre del G20 (reunión de los líderes de las economías desarrolladas y emergentes) en la capital británica. Varios grupos han convocado manifestaciones con motivo de ese encuentro, cuyos mensajes no se dirigirán a los mandatarios, que se concentrarán en una sala de muestras, sino contra los banqueros. La idea de los grupos anti-capitalistas es tomar la City, el distrito donde se concentran las oficinas de muchas entidades financieras, durante el 2 de abril.

La policía de Londres ha enviado un escrito de recomendaciones a los bancos y entidades financieras, “ya que podrían ser objetivos de la protesta”, aunque “se espera que la mayoría de los manifestantes sean pacíficos”. Entre esos consejos figura “cancelar reuniones innecesarias, suprimir envíos y recepciones de paquetes, no acudir al trabajo en coches particulares, controlar las zonas de fumadores, cuya seguridad puede ser un flanco débil, y no enfrentarse a los manifestantes para evitar una escalada de los incidentes”.

Algunos bancos han ido más allá de la propuesta de la policía. En Royal Bank of Scotland, ante cuya sede de Londres se esperan fuertes protestas, se ha ofrecido a los empleados que trabajen ese día desde casa. A los que vayan a la oficina, se les recomienda “tapar trajes y corbatas con abrigos y jerseys, no enseñar los pases de seguridad fuera de los edificios y las reuniones con clientes en la sede deben ser pospuestas”, según un documento interno distribuido a la plantilla.

Además, el banco va a “reforzar la seguridad de todos los edificios principales, los accesos serán controlados por más guardias y se reducirá el número de puertas para entrar y salir del edificio”.

Algunos banqueros acusan a los políticos de haber creado el caldo de cultivo de ese descontento, al despejar todas las culpas de la crisis al sector financiero. Gordon Brown, primer ministro británico, ha llamado “irresponsables” a los ejecutivos de la City, mientras que Barack Obama, presidente estadounidense, calificó de “ultraje a los contribuyentes” los bonus pagados por AIG.

Ian Luder, el representante de la City londinense, reclama “un freno de los ataques a los banqueros, para mirar hacia delante”. Pero hasta que pase la recesión, muchos no van a olvidar el papel de la banca en la crisis. Como recomendó Kellaway en su consultorio al banquero avergonzado, “es mejor decir que se trabaja para el Gobierno, lo cual no es del todo falso en muchas entidades”. Un ejecutivo del sector asegura que su solución será no ir al trabajo el 2 de abril. “Pero sobre todo”, pide, “ni cites mi nombre ni digas que soy banquero”.

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