Setmana del TempsLos expertos proponen cambios en una sociedad tensionada por la rígida y extensa jornada laboral. Entre el 15 y el 21 de septiembre la Plataforma 'Ara és L'Hora' celebrará la semana de los horarios en Catalunya. Cada día estará dedicado a un sector concreto para analizar qué supone europeizar los horarios. El martes 16 estará dedicado al ámbito laboral y para ese día la Fundació Factor Humà colaborará con un encuentro en el que cuatro empresas asociadas explicarán su experiencia.

 

En un momento de ebullición social, donde muchas de las recetas políticas y económicas precrisis han desaparecido y cuando cuajan plataformas que fomentan la democracia participativa, los defensores e impulsores de una europeización horaria en Catalunya consideran que quizás ahora sí ha llegado su hora. La sociedad española y catalana, explicaba esta semana Sara Berbel, doctora en Psicología Social y profesora universitaria, está tensionada debido a los horarios largos y rígidos y la cultura presencialista. Las mujeres españolas, indicaba en una conferencia en el Institut Català de la Salut, tienen los niveles de estrés más altos de toda Europa.

Está claro y está dicho que el sistema horario español y catalán, con una larga pausa al mediodía que obliga estar vinculado a una jornada laboral extensa aunque no proporcionalmente productiva, falla. Las mujeres españolas duermen menos que las del resto de Europa, hacen menos ejercicio que sus parejas masculinas y tienen una sobrecarga de rol. El modelo basado en la larga jornada (una media de 41,06 horas en España), de horarios rígidos y muy poco flexibles, con una tendencia a la disponibilidad total de los trabajadores y en el que como por arte de magia convierte a la familia en la proveedora de todo el cuidado hace mella en su salud mental.

Los datos de la última gran encuesta mundial (realizada por Nielsen en el 2011) están totalmente vigentes, explica Berbel. El 66% de las españolas se declararon estresadas y el motivo que esgrimieron es la obligación de conciliar la vida profesional y familiar: la falta de tiempo. El porcentaje de estrés femenino es así el más alto de Europa -las mujeres de los países emergentes aún lo sufren más-, seguido de las francesas (el 65%) y las italianas (65%). Aunque no hay nuevos estudios a esta escala, se considera que este porcentaje puede haber crecido debido a los progresivos impactos de la crisis.

La falta de tiempo, he aquí la cuestión. La plataforma catalana Ara És l'Hora, que impulsa una reforma horaria en Catalunya y que está formada por profesionales de todos los ámbitos e ideologías, considera que los cambios políticos, económicos, sociales y culturales de los últimos años plantean la necesidad de abordar el problema del tiempo, de la "asintonía entre sus diferentes usos y los horarios". No es sólo una cuestión de conciliación, o una perspectiva de género -que sigue siendo básica ya que la mujer es la gran penalizada-, sino también de "sostenibilidad social".

Por ello, se trabaja paso a paso y con la complicidad del Govern en impulsar una nueva organización del tiempo en el plazo de tres años. Pero chocan dos realidades diferentes. Por un lado, el pulso por un cambio de modelo social, una reivindicación del tiempo de las personas, un tiempo de calidad y que no gire únicamente en torno a los horarios laborales. Y por otro la tendencia de algunas empresas con motivo o con la excusa de la crisis de incrementar las jornadas laborales.

Esto no es sinónimo de éxito. Los datos indican que los trabajadores con una jornada larga aprovechan sólo el 61% del tiempo laboral. Y ya se sabe que la productividad en España es la más baja de la Unión Europea. No se trata de trabajar menos, sino de trabajar y vivir mejor. Berbel, que fue directora de políticas de igualdad del Govern y es miembro de Ara És l'Hora, subraya que -además de la compactación de la pausa del mediodía-, el principal caballo de batalla es la flexibilización horaria. Los permisos -maternidad, paternidad, cuidado de mayores...- son importantes y hay que facilitarlos, pero la realidad es que hay jefes a los que no les gustan, incluso compañeros que recelan al considerar que les va a caer una mayor carga de trabajo.

La flexibilidad conecta así mejor con un tiempo nuevo para un momento nuevo. No se impone un patrón único, las nuevas tecnologías ayudan y revierte de nuevo en la productividad. El trabajo de cuidado, por ejemplo, estar pendiente de hijos menores o personas enfermas, es un estado mental, y si no hay una cierta flexibilidad -una de las vías es crear bolsas de horas-, la vida laboral se empobrece. Y el estrés se incrementa, en un modelo que está basado en la disponibilidad total del trabajador y en el presencialismo.

Esto se multiplica cuando se habla de personas con cargos, cuya media de trabajo es de 47,8 horas semanales y, obviamente, han de renunciar a cualquier conciliación. El pez se muerde la cola porque son más los hombres que las mujeres en estos cargos y por ello se reclama un nuevo pacto social para evitar el absentismo masculino en el hogar.

Adecuar los usos del tiempo y sus horario abre también la puerta a una mayor implicación de los ciudadanos con la sociedad en la que viven, sea en el ámbito privado o público (en el voluntariado, en la política...). Pero esta es la teoría, y lo difícil es ponerlo en práctica, ya que es un cambio de mentalidad que choca aún con prejuicios sociales. Por ello, Ara És l'Hora se ha puesto en marcha con un programa que está llevando a cabo y cuya próxima estación es el mes de septiembre.

La semana del 15 al 21 se celebrará la semana de los horarios en Catalunya. Cada día estará dedicado a un sector concreto para analizar de forma práctica qué supone europeizar los horarios. Fabian Mohedano, portavoz de la plataforma, explica que el lunes 15 (jornada del inicio escolar) se presentará con la consellera Irene Rigau una campaña sobre el sueño y los niños, ya que los horarios actuales dificultan el descanso de los pequeños. El martes estará dedicado al ámbito laboral y en la Fundació Factor Humà cuatro empresas que han modificado la estructura horaria explicarán su experiencia.

El miércoles se centrará en la salud, el jueves le tocará a la administración, el viernes a la movilidad, el sábado al comercio, y el domingo al ocio, la cultura y el voluntariado, con la consellera Neus Munté. Serán unos días dedicados a hacer llegar a la sociedad el porqué de esta propuesta, atendiendo a las características y necesidades diferentes de cada sector. Esto no significa encerrarse en casa a las siete de la tarde, significa una mayor libertad de manejar el tiempo propio.

En paralelo, el Govern trabaja en la elaboración de un dictamen que evalúe las medidas que hay que tomar para impulsar este paso y desde la plataforma se solicita también que haya una memoria sobre el impacto económico. Asimismo, en la comisión del Parlament sobre la reforma horaria comenzarán la semana que viene las comparecencias. El objetivo es que a lo largo del 2015 se realicen pruebas piloto reales en todos los sectores siempre con una medida-bandera sencilla y que puede arrastrar un cambio: adelantar la hora de la comida y acortarla.

El movimiento slow -slow cities, slow food, slow sex- ha llegado también a los horarios, explicaba Berbel. Al principio pudo parecer la idea de un iluminado, pero ha impregnado el debate social, el interés y el anhelo por tomar las riendas de la propia vida, aunque a veces parezca imposible.

 


Comparación con otros países

El gráfico indica el recorrido horario en Catalunya y, según los datos disponibles de otros países, a las seis de la tarde en Alemania trabaja un 8,8% de la población, en Gran Bretaña el 9,9% y en Francia el 16%. La franja con un mayor porcentaje de población trabajando o estudiando se sitúa, como se observa, a las 12 de la mañana, mientras que en la mayoría de los países europeos este pico de actividad se alcanza entre las diez y las once de la mañana.

 


Sin tiempo para dormir
ANÁLISIS

Josep Corbella

Las horas de sueño son la gran víctima colateral de esa afición tan española a hacer las cosas tarde: comer tarde a mediodía, acabar tarde las reuniones, volver tarde a casa, tarde los programas de prime time, tarde los partidos de fútbol... Lo que sea, pero tarde y, si no le gusta, vuelva usted mañana.

También de esa mentalidad tan arraigada de valorar la cantidad antes que la calidad. De defender a quien no trabaja bien pero hace muchas horas ­no todas ellas dedicadas al trabajo, faltaría más­ y de criticar a quien trabaja bien pero se organiza para ir a buscar a los hijos al colegio o para tener tiempo para sí mismo.

Si es usted de las muchas personas que aceptan todo esto como algo normal y se han acostumbrado a resistir con unas pocas horas de sueño al día y unas buenas dosis de cafeína, aquí van unos pocos datos que tal vez les hagan reconsiderar su opinión:

  • - Dormir poco hace engordar: el riesgo de obesidad es un 30% más alto en personas que duermen menos de siete horas diarias que en quienes duermen las horas que necesitan.
  • - La falta crónica de sueño altera el metabolismo y eleva el riesgo de diabetes tipo 2.
  • - También eleva la tensión arterial, las moléculas inflamatorias en la sangre y el riesgo de infarto.
  • - Afecta al sistema inmunitario y nos hace más vulnerables a las infecciones.
  • - Reduce la libido en hombres, así como la fertilidad tanto en hombres como en mujeres.
  • - Y, uno de los efectos más graves a largo plazo, perjudica la capacidad de aprendizaje y el rendimiento académico en niños y adolescentes, ya que el sueño es necesario para fijar en la memoria lo que se ha aprendido durante el día y porque la falta de sueño, además, reduce la capacidad de concentración en clase.

Los investigadores que en los últimos años han estudiado los efectos de la privación de sueño en el cuerpo humano coinciden en que es un problema de salud pública de grandes dimensiones. Pero nadie ha encontrado todavía la manera de resolverlo. Se han reducido los índices de tabaquismo, ha aumentado la concienciación sobre la obesidad, se han extendido las dietas saludables y se ha popularizado la práctica de actividad física. La falta de sueño es la asignatura pendiente. Un problema tan extendido y tan poco reconocido hoy como hace una década.

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