Según una investigación realizada en Estados Unidos que ha analizado la trayectoria de 5.236 alumnos desde el parvulario hasta el instituto, la actitud ante el aprendizaje es tan importante como la habilidad innata para el éxito académico. La investigación pone en valor el papel de la familia en el resultado académico de los niños.


El esfuerzo es más importante que el talento para tener buenas notas, según una investigación realizada en Estados Unidos que ha analizado la trayectoria de más de 5.000 alumnos desde el parvulario hasta el instituto.

La investigación se diseñó para aclarar por qué los americanos de origen asiático tienen mejores resultados académicos que los descendientes de europeos. De las distintas variables analizadas, la que tiene una relación más estrecha con las notas es la actitud de los alumnos ante el aprendizaje. En cambio, las habilidades cognitivas no explican las diferencias entre alumnos de origen asiático y europeo.

“Los alumnos americanos-asiáticos tienden a ver las habilidades cognitivas como cualidades que se pueden desarrollar a través del esfuerzo, mientras que los americanos blancos tienden a verlas como cualidades innatas” que no se pueden modificar, escriben los autores de la investigación en la publicación PNAS, donde esta semana presentan sus resultados.

La investigación pone en valor el papel del entorno familiar en los resultados académicos de los alumnos, ya que son los principios que se inculcan a los niños en casa los que después condicionan sus actitudes en la escuela. Los resultados se presentan en un momento en que la nueva ley de educación española, la Lomce, reduce la influencia de las familias en la formación académica de los alumnos (véase La Vanguardia de ayer).

Estudios anteriores han observado que, en Estados Unidos, los alumnos de origen asiático suelen tener mejores notas que los descendientes de europeos; los asiáticos tienen más probabilidad de llegar al final de la educación secundaria y acceden con más facilidad a universidades de élite.

Para explicar este éxito académico, se han propuesto distintas hipótesis. Algunos investigadores han sugerido que la estabilidad matrimonial y el nivel económico acomodado de las familias de origen asiático favorecen el buen rendimiento de sus hijos en la escuela. Otros, que los alumnos asiáticos tienen una habilidad innata para asignaturas relacionadas con las matemáticas. Unos terceros, que tienen una ética del trabajo y una motivación por los estudios que les llevan a esforzarse más. Ninguna de estas hipótesis, sin embargo, ha sido demostrada hasta ahora.

Los sociólogos Yu Xie, de la Universidad de Michigan, y Amy Hsin, de la City University de Nueva York, han analizado datos de 4.246 alumnos descendientes de europeos y 944 de origen asiático para aclarar cuáles de estas hipótesis son correctas y cuáles deben ser descartadas como tópicos sin fundamento.

Han observado, en primer lugar, que las diferencias entre las notas de los dos grupos se amplían a medida que los alumnos crecen. Si a los seis años las notas son casi iguales, a los quince las diferencias son manifiestas.

A partir de evaluaciones de los profesores sobre las ganas de aprender de los alumnos, su nivel de atención en clase y su persistencia ante el esfuerzo, Xie y Hsin han comprobado que las diferencias de motivación y actitud también se amplían a medida que los niños crecen.

En cambio, cuando se analizan las habilidades cognitivas de los alumnos a partir de tests de matemáticas y lenguaje, las diferencias se reducen con la edad. Aunque en la primera infancia los niños asiáticos tienen resultados algo mejores en estos tests, las diferencias acaban desapareciendo cuando los alumnos llegan a secundaria.

“Nuestra investigación muestra que los asiáticos americanos tienen mejores notas no porque sean más inteligentes sino porque trabajan más duro”, declaró ayer Amy Hsin por correo electrónico. “La habilidad tiene un papel relativamente pequeño en el éxito académico en comparación con el esfuerzo”.

Esto no significa que el talento individual de cada alumno sea irrelevante. La investigación se ha basado en grandes muestras de alumnos, no en alumnos individuales. Es en el conjunto de las poblaciones donde el talento se iguala y, por lo tanto, donde la diferencia está en el esfuerzo. A nivel individual, sí hay diferencias de aptitudes entre alumnos que influyen en sus resultados. Pero la investigación muestra que, independientemente de si a un alumno le cuesta más o menos rendir en la escuela, un plus de motivación y de esfuerzo le permitirá pulir sus talentos y mejorar sus resultados.

“La creencia de que el éxito no está predestinado sino que es el fruto del trabajo duro” explica este plus de motivación y esfuerzo en hijos de familias asiáticas, escriben los investigadores en PNAS. En una encuesta a alumnos de 15 años, Xie y Hwang han comprobado que los adolescentes de origen asiático suelen declararse de acuerdo con la frase “se puede aprender a ser bueno en matemáticas”. Los que son descendientes de europeos, en cambio, suelen estar de acuerdo con “hay que haber nacido con una habilidad para ser bueno en matemáticas”.

 



Una socióloga vinculada a la UPF

La socióloga Amy Hsin de la City University de Nueva York, primera autora de la investigación sobre la importancia del esfuerzo en los resultados académicos, mantiene contacto con investigadores de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) como el sociólogo Gösta Esping. Casada con el economista catalán Francesc Ortega, que fue profesor de la UPF y de la Barcelona Graduate School of Economics durante seis años y que actualmente también es profesor de la City University de Nueva York, Hsin pasó largos periodos en Catalunya entre el 2004 y el 2010. Buena conocedora de la comunidad asiática de Barcelona, advierte que los buenos resultados académicos que obtienen los alumnos de origen asiático en EE.UU. pueden ser algo peores aquí porque “los retornos de la educación para tener éxito profesional son mucho más altos en EE.UU. que en España”.

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