La tradicional cena de Navidad de la empresa es mucho más que un simple encuentro para mejorar las relaciones entre empleados, se trata de un evento delicado que puede poner en riesgo la imagen profesional. Cuestiones como ir o no ir, traer pareja o venir solo, qué ponerse y excederse con el alcohol pueden afectar a la reputación.


Se acercan las fiestas navideñas y, con ellas, unos días de vacaciones para buena parte de los trabajadores. Pero antes de cambiar la oficina por los turrones, muchos aún deberán salvar un par de escollos. El primero, acabar todo el trabajo pendiente para poder desconectar por completo en estos días; y el segundo, para algunos aún menos apetecible, superar un acto social supuestamente festivo pero que no todos viven con la misma alegría: la cena navideña de la empresa. Aunque la crisis hace que muchas compañías hayan decidido en los últimos años prescindir de esta tradición, en algunos casos los propios empleados han optado por organizar su propio encuentro pagando de su bolsillo, por lo que de una forma u otra el próximo fin de semana los restaurantes volverán a llenarse de grupos de colegas.

“La cena de Navidad de la empresa puede acabar siendo un evento muy peligroso”, advierte Montse Guals, profesora de protocolo y directora de la asesoría de imagen Qué Me Pongo. Decidir si asistir o no a este compromiso ya implica las primeras dudas: existe una creencia muy extendida de que se está obligado a asistir para dar buena imagen ante los superiores y, de alguna manera, “hacer méritos” fuera del horario laboral. Guals recuerda, sin embargo, que los méritos “se tienen que hacer en la oficina” y pone el acento de la asistencia sobre otro de los objetivos de este tipo de cenas: la socialización con el resto del equipo. “No acudir se puede considerar una falta de educación de cara a los compañeros, a menos que se tenga –o se invente– una excusa de fuerza mayor”, explica. Otra metedura de pata puede ser asistir con la pareja si los organizadores no lo explicitan. “Si no se dice lo contrario, en un entorno laboral se sobreentiende que se debe asistir solo”, recuerda la experta. Cuando son los propios trabajadores quienes organizan y pagan la cena, Guals considera que “no es incorrecto” no invitar a los jefes, aunque se les puede comentar “sin insistir”.

A la hora de enfrentarse al armario para decidir cómo vestirse para la cena, hay que recordar que este tipo de encuentros son una prolongación del trabajo y, por lo tanto, la imagen debe continuar siendo profesional. “En estos encuentros las empresas pueden ver a sus empleados tal como son: mucha gente se pone para trabajar lo que ellos consideran un uniforme y aparecen en la cena de empresa con un escote exagerado y maquilladas con purpurina –censura Guals–. Hay que recordar que al día siguiente se volverá al trabajo, y todos recordarán la imagen que dimos la noche anterior”.

Esa imagen incluye el comportamiento durante toda la cena, por lo que siempre es mejor evitar temas de conversación polémicos demasiado íntimos y, por supuesto, es el peor momento para criticar a la empresa, ya que nunca se sabe quién puede estar escuchando. Moderar el consumo de alcohol es clave para mantener la compostura y no cometer errores que toda la empresa pueda recordar al día siguiente, como intimar más de lo estrictamente profesional con compañeros del sexo opuesto: según una curiosa encuesta de la web de citas para adúlteros Ashley Madison, el 57% de los hombres y el 63% de las mujeres que han sido infieles con sus parejas con alguien del trabajo aseguran haber dado el paso después de una cena de empresa.

Cuando pagan los empleados


Cada vez más desde el inicio de la crisis, el concepto de cena de empresa está siendo sustituido por el de cena de compañeros. “En los últimos años ha cambiado el tipo de cliente y cada vez es más habitual que sean los propios empleados quienes organizan y pagan estos encuentros”, explica Anna Pons, directora comercial y de marketing de la cadena Derby Hoteles Collection, que acoge estos días en sus hoteles muchas comidas y cenas de este tipo. El motivo es el recorte de costes de muchas compañías, que también ha llevado a la búsqueda de menús más austeros. “Se acabó la época de caviar y langostas, y cada vez es más habitual que se sustituyan las cenas por almuerzos ligeros al mediodía”, apunta Pons.



SEIS CONSEJOS para guardar las formas


1.
No asistir a la cena de empresa se puede considerar una falta de respeto no sólo para la compañía sino para los propios compañeros. Si se rechaza la invitación, deberá argumentarse un motivo de peso.

2.
A menos que el organizador explicite lo contrario en la invitación, se sobreentiende que una cena de empresa es un acto estrictamente profesional al que se debe acudir sin acompañante.

3. Aunque se vista de forma más festiva de lo habitual, se debe mantener un estilo discreto y profesional, evitando escotes llamativos y brillos para ellas y zapatillas deportivas o ropa demasiado informal para ellos.

4. El organizador de la cena debería ser quien indique dónde debe sentarse cada trabajador. En caso contrario, es buena ocasión para intentar conversar con compañeros de otros departamentos o equipos.

5.
Evitar temas de conversación polémicos o demasiado íntimos. No criticar a la empresa o a los compañeros: en estas situaciones no se sabe quién podría estar escuchando y trasladándolo a los superiores.

6. Moderar el consumo de alcohol, que puede acabar desinhibiendo en exceso a los comensales haciéndoles caer en comportamientos que al día siguiente pueden ser motivo de mofa o crítica en la oficina.



CON FINAL FELIZ


67% de mujeres y el 57% de hombres que han sido infieles en el trabajo dieron el paso en una cena.

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