Algunas compañías han abolido el presentismo y los horarios inhumanos para atraer talento. Sin embargo, el presentismo, los horarios sin fin, la cultura corporativa que favorece la aparición de trabajadores extremos y las organizaciones que priman más el estar que el hacer, son el panorama laboral de gran cantidad de empresas.


Y es el escenario de trabajo en el que Moritz Erhardt, un becario alemán de 21 años que trabajaba en el banco de inversión Bank of America Merrill Lynch de la City londinense, encontró la muerte el pasado mes de agosto después de trabajar durante 72 horas seguidas.

El episodio trágico de Erhardt puso de manifiesto el horario maratoniano con el que algunas compañías ponen a prueba a sus profesionales, y avivó el debate sobre la productividad y la mera presencia en el trabajo.

Nueva cultura

Recientemente el banco de inversión Goldman Sachs diseñó una estrategia para mejorar las condiciones laborales de sus banqueros junior, que cumplen con horarios de hasta 100 horas semanales. La iniciativa se basa en la idea de “trabajar menos”, y el objetivo del banco no es sólo que sus profesionales decidan así prolongar su carrera en él, sino también resultar más atractivo a los futuros graduados que salen de las universidades más prestigiosas.

Un número creciente de start up tecnólogicas se han convertido en abanderadas de una nueva forma de trabajar que implica una manera diferente de aproximarse a los mejores talentos: trabajar menos. Sus empleados disfrutan de los fines de semana, salen de la oficina a horas sensatas. Estas compañías se caracterizan por la velocidad, la agilidad, los nuevos ritmos de trabajo, la flexibilidad, y una organización horizontal y colaborativa.

La mentalidad start up valora las ideas y la iniciativa; lleva a manejar plazos muy estrictos, por eso estas organizaciones son enemigas del presentismo, del estar por estar, de los ladrones del tiempio en el trabajo. Se hace hincapié en la acción y en el impacto.

Vivian Acosta, socia de Norman Broadbent, explica la importancia que tiene en este sentido la marca de empleador para no perder y captar además el mejor talento: “Cada compañía tiene una imagen que lleva a los profesionales a acudir a ella, a quedarse, a trabajar allí por poco tiempo o a hacer carrera en esa organización. En todo caso, la productividad se logra con profesionales verdaderamente enganchados –con altos índices de engagement–, y no es cuestión de estar más horas”.

En esto coincide Ovidio Peñalver, socio director de Isavia, quien recuerda que las nuevas generaciones –los llamados Y, Z o Nexters– piensan que la cuestión es hacerlo bien en función de los resultados, y no de las horas que se pasa en el trabajo: “Estos jóvenes profesionales no viven para trabajar y tienen otros valores. Para ellos prima la flexibilidad, el teletrabajo, el tiempo libre, la actividad por proyectos y una jerarquía totalmente distinta”.

Pablo Urquijo, cofundador de Mobile4you, una plataforma de selección de perfiles cualificados, distingue asimismo entre aquellos que pertenecen a la Generación Z –cuyas expectativas se basan en el equilibrio personal y laboral, con el deseo de pasar menos horas físicamente en el trabajo– de aquellos que se encuentran en la franja entre 30 y 50 años, que han sufrido los excesos del modelo presencial, en el que el mérito se mide en horas y no en productividad.

Productividad y objetivos Para Julio Moreno, socio de Korn Ferry, “vivimos en un momento en el que la cultura de la presencia –el presentismo– se superpone con la cultura de los objetivos. Esta es la peor de las realidades; la empresa valora a quienes cumplen sus objetivos y ponen como ejemplo a los más dedicados… Al final muchos empleados tratan de cubrir ambos campos, con resultados que pueden ser desastrosos para sus vidas”.

Moreno recuerda que “hay prácticas que se reconocen altamente nocivas, como es la contratación simultánea de jóvenes graduados, que desde el principio saben que han sido seleccionados en un número mayor que las plazas realmente disponibles. Como ocurrió en Londres el pasado verano, muchos de estos jóvenes creen competir por un trabajo, cuando en realidad lo hacen en una especie de ruleta rusa”.

Perjuicio empresarial

El socio de Korn Ferry se refiere a lo que se empieza a denominar life hacking, que causa enormes pérdidas a las empresas: “Se ha demostrado que el exceso de horas trabajadas, el excesivo énfasis en el presentismo, tiene una correlación negativa con la creatividad y capacidad de innovación en las organizaciones. A esto se suman otras consecuencias con impacto directo en la calidad del talento organizativo: el aumento de la rotación, la limitación del acceso de profesionales con talento a posiciones superiores y el establecimiento de un techo de cristal para el género femenino”.

Ovidio Peñalver cree que “el reto es vivir mejor con menos, porque no nos va a quedar otro remedio”. Añade que “el argumento de trabajar mucho no vende. Pocos lo comprarán voluntariamente”. En muchos casos, se ha instalado el miedo a perder el puesto o a no encontrar uno nuevo, y todo esto provoca resignación y sumisión, que desgasta la autoestima y lleva a la inseguridad. La crisis ha hecho que perdamos mucho de lo ganado en los últimos años, y ciertas compañías obligan a sus empleados a dedicarles más tiempo del necesario.

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