El capitalismo occidental busca inspiración en el misticismo oriental. Las técnicas del mindfulness, o conciencia plena, se han ganado un sitio dentro del mundo organizativo. The Economist explica que grandes empresas como Google y Ebay disponen de equipamientos y espacios para que sus empleados puedan relajarse y meditar durante la jornada laboral, pero plantea una reflexión sobre su utilidad real.

 

En su libro de 1905, La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Max Weber atribuye a la ética protestante el desarrollo del capitalismo. Ahora a veces parece que es la ética budista la que mantiene el capitalismo en funcionamiento. Los protestantes dan mucha importancia al cálculo racional y al autocontrol. Los budistas, en cambio, resaltan la importancia del “mindfulness” (conciencia plena), es decir, tomarse un tiempo para relajarse y meditar fuera del bullicio de las actividades diarias. En el mundo corporativo actual es más probable que hayas oído hablar de esa conciencia plena que del autocontrol.

Google ofrece una formación interna llamada “Busca dentro de ti mismo” que se ha hecho tan popular que la compañía ha creado versiones introductorias como por ejemplo “Autoconocimiento neuronal” y “Gestionar tu energía”. Google también ha construido en sus instalaciones un laberinto para la meditación andante. EBay tiene habitaciones para la meditación equipadas con cojines y flores. Twitter y Facebook están haciendo todo lo que pueden para estar a la cabeza de la carrera del mindfulness. Evan Williams, uno de los fundadores de Twitter, ha introducido sesiones de meditación en su nueva empresa, Obvious Corporation, una incubadora y financiadora de start-ups.

La moda no se circunscribe a Silicon Valley: el movimiento mindfulness puede encontrarse en cada rincón del mundo corporativo. Rupert Murdoch tiene un detector para las sandeces muy desarrollado pero hace unos meses tuiteó sobre sus intereses en la meditación transcendental (que decía “recomendar a todo el mundo”). Ray Dalio de Bridgewater Associates y Bill Gross de PIMCO, son dos de los nombres más importantes en el sector de la gestión de inversiones, y los dos son meditadores habituales. Dalio afirma que la meditación ha tenido más impacto en su éxito que ninguna otra cosa.

Lo que puso en marcha el tren del mindfulness fue el movimiento contracultural de 1960, que inyectó una dosis de vida bohemia en la sangre del capitalismo: fue testigo del nacimiento de compañías como Virgin, Ben & Jerry’s y Apple, cuyo Cofundador, Steve Jobs, visitó la India en una pausa de meditación cuando era joven y a menudo hablaba sobre cómo el Zen había influido en el diseño de sus productos. Pero hay tres cosas que están haciendo que las ruedas de tren giren aún más deprisa.

La más obvia es la omni-conectividad. El zumbido constante de los dispositivos electrónicos está llevando a muchas personas al límite de sus cabales. Los dispositivos electrónicos no solo sobrecargan los sentidos e invaden el tiempo de ocio. Sino que se retroalimentan: cuanta más se tuitea más se es recompensado con seguidores y retuits. El mindfulness ofrece una buena excusa para desconectar y relajarse – o “desconectar para conectar”, como dicen sus defensores. Una segunda razón es la feroz competitividad del mundo actual. La búsqueda decidida del éxito material ha llevado a una epidemia de escándalos corporativos y a un sentimiento generalizado de desasosiego. El mindfulness enfatiza que el éxito va más allá de la prosperidad material. La tercera es que vender mindfulness se ha convertido en un negocio por derecho propio.

El movimiento tiene una cohorte de gurús cultivados, y sorprendentemente eclécticos. Chade-Meng Tan de Google, que ostenta el cargo de “alegre buen compañero” en la compañía, es la inspiración del programa de formación antes mencionado “Busca dentro de ti mismo”. Soren Gordhamer, un instructor de yoga y meditación, y un tuitero entusiasta, fundó Wisdom 2.0, una conocida serie de conferencias sobre mindfulness. Bill George, Exjefe de Medtronic, una compañía de equipamientos médicos, y miembro de la Junta de Goldman Sachs, está introduciendo el mindfulness en la Harvard Business School en un intento por desarrollar líderes que sean “conscientes de ellos mismos y autocompasivos”.

Muchas otras escuelas de negocios están adoptando el mindfulness. Jeremy Hunter de la Drucker management school en la Claremont University se lo enseña a sus alumnos, igual que Ben Bryant en la IMD de Suiza. Donde Plowman de la Univerity of Nebraska-Lincoln’s business school ha intentado incluso cuantificar el mindfulness de las escuelas de negocios. El flujo de sabiduría no tiene una sola dirección. Keisuke Matsumoto, un monje budista japonés, cursó un MBA en la Indian School of Business de Hyderabad y ahora está aplicando sus lecciones para revitalizar los templos en su país.

Para su explotación comercial, Arianna Huffington organiza una conferencia de mindfulness, la aplicación móvil “GPS para el alma” y un rincón para el mindfulness en su periódico Huffington Post. Chip Wilson, el Jefe de lululemon, una empresa de indumentaria para hacer yoga, ha configurado una página web, whil.com, que anima a la gente a apagar su cerebro durante 60 segundos visualizando un solo punto (“Apaga, enciende, y adelante”).

Un paseo por el campo

¿Todo este mindfulness nos trae algo bueno? Hay una serie de pruebas que sugieren que dichas técnicas pueden aportarnos significativos beneficios psicológicos y fisiológicos. La Duke University School of Medicine ha llevado a cabo una investigación que muestra que, en EEUU, una hora de yoga semanal reduce en un tercio los niveles de estrés de los empleados y reduce los costes sanitarios una media de 2.000 dólares anuales (unos 4.500 euros). Los escépticos pueden apuntar la evidencia de que un paseo por el campo tiene beneficios similares. Y puede que también les preocupe que Aetna, una aseguradora médica que quiere vender el yoga y otras técnicas como parte de sus planes de salud, esté subvencionando algunas de las investigaciones que apoyan el mindfulness. Pero no parece descabellado suponer que, en un mundo de estrés y distracciones constantes, el simple hecho de sentarse y relajarse un rato puede hacernos algún bien.

El problema más grande con el mindfulness es que se está convirtiendo en parte del movimiento de autoayuda, y por lo tanto en parte de la enfermedad que se supone que tiene que curar. Los gurús hablan de “la ventaja competitiva de la meditación”. Los alumnos lo llegan a ver como una manera de salir adelante en la vida. Y el sentido de todo el ejercicio se pierde. ¿Qué tiene que ver la ética budista del desapego hacia los bienes materiales con vestir indumentaria cara de lululemon para hacer yoga? ¿Y qué tiene que ver el arte antiguo de la meditación con mantener la mirada sobre un punto generado en una pantalla de ordenador? Parece que el capitalismo occidental está haciendo más para cambiar la religión oriental que lo que está haciendo la religión oriental para cambiar el capitalismo occidental.


* “The mindfulness business”. The Economist, 16/11/2013 (Artículo consultado on line el 02/12/2013).

Acceso a la noticia: http://www.economist.com/news/business/21589841-western-capitalism-looking-inspiration-eastern-mysticism-mindfulness-business

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