La megacrisis financiera del 2008 ha traído consecuencias inesperadas. A pesar de que algunos pensaban que tras la crisis desaparecerían los sueldos millonarios, la diferencia de retribuciones entres directivos y empleados se ha multiplicado. Ahora Europa y Estados Unidos pretenden controlar estos excesos.


Había quienes, tras la megacrisis financiera del 2008, pensaban que el capitalismo de los pelotazos y de los consejeros delegados billonarios tenía los días contados. Craso error.

Cinco años después, los beneficios de las empresas estadounidenses ya corresponden al 14% de la renta total, el porcentaje más alto desde los años cincuenta tras subir un 20% anual desde el 2008. El índice bursátil Dow Jones alcanzó su máximo histórico este año, llevando los paquetes de remuneración de ejecutivos –tanto salarios como sobresueldos basadas en acciones– hacia récords históricos. Registraron una subida del 37% en los tres primeros años de la crisis frente a una subida del 1,4% anual de la renta media. “Aunque la crisis global financiera del 2008 provocó un cambio sísmico en las actitudes hacia la remuneración de los ejecutivos, los niveles de remuneración siguen creciendo”, advierte Carol Bowie, Institutional Shareholder Services en el Harvard Forum.

Según un nuevo estudio de la central sindical AFL-CIO, con sede en Washington, un consejero delegado medio en EE.UU. cobraba 354 veces más que el trabajador medio en el 2012. En 1982, esta diferencia era de 42 a 1. Según el Economic Policy Institute de Washington, la remuneración de consejeros delegados ha subido el 725% de 1978 al 2011, frente al 5,7% para el trabajador medio.

Hace unos años, el Viejo Continente era mucho más equitativo en su distribución de la renta. Pero el ejecutivo medio de las empresas grandes que cotizan en el Stoxx Euro-50 cobra ya 5,8 millones de euros en un momento de estancamiento general del salario medio.

En el Reino Unido la remuneración media de consejeros delegados británicos subió el 55% en el 2010, el peor año de la crisis, y ahora rebasa los cinco millones de euros. Según el grupo de análisis londinense One Society, la ratio del ejecutivo británico mejor remunerado frente al empleado peor pagado se sitúa en una media de 262 a 1. En la cadena de grandes almacenes Marks & Spencer es de 656 a 1. Lejos de moderarse en la crisis, los salarios de ejecutivos y brókers en la City londinense se han duplicado desde el momento más eufórico de la burbuja financiera en el 2007. Un consejero delegado británico de una gran empresa que cobró más de dos millones de libras en el 2012 (2,2 millones de euros) llegó a decir en el Financial Times: “Me levanto a las seis de la mañana y trabajo doce horas. ¿Puedo justificar mi salario? Sí, puedo”.

En Alemania, la remuneración de ejecutivos de las grandes empresas que cotizan en el índice Dax ha subido el 55% en los doce últimos años frente a un aumento del 6% del salario medio. El año pasado, el consejero delegado de Volkswagen Martin Winterkorn duplicó su remuneración, hasta 17 millones de euros. El consejero delegado medio cobra ya 147 veces más que el trabajador medio, según el sindicato AFL-CIO.

España es uno de los casos más extremos de desigualdad. Según el estudio de la central estadounidense, la remuneración media de un consejero delegado español es de 4,4 millones de dólares frente a los 34.600 del trabajador medio. El salario medio de un consejero ejecutivo de una empresa del Ibex subió un 64% en seis años hasta el 2011, a una media del 9% anual.

Mientras, en países altamente competitivos, en Escandinavia y Asia, los ejecutivos cobran bastante menos. En Japón, el consejero delegado medio sólo cobra 67 veces más que el trabajador medio. En Noruega, 58, y en Dinamarca, 48.

Esta inmunidad de los ejecutivos en tiempos de crisis ha provocado fuertes presiones políticas para que los gobiernos intervengan. En la primavera del 2011 en el Reino Unido hubo una serie de rebeliones de accionistas contra los excesos de remuneración. Los consejeros de seis empresas tuvieron que revisar sus sueldos y dos de ellos dimitieron. Hay algún indicio de que una segunda rebelión podría producirse esta primavera en las juntas de accionistas británicas. Así mismo, en países de la zona euro castigados por los recortes, el asunto de la remuneración de los ejecutivos empieza a levantar ampollas.

El Parlamento Europeo ultima en estos momentos una nueva directiva que pondrá un límite sobre los sobresueldos de ejecutivos bancarios y gestores de activos financieros equivalente a dos veces el valor de su salario fijo. A escala nacional, la respuesta por lo general ha sido ampliar los poderes de los accionistas para que puedan vincular más estrechamente los resultados bursátiles de los ejecutivos con sus paquetes de remuneración.

 

En Francia y en Suiza hay planes para dar más poder a accionistas y restringir los llamadas paracaídas de oro, los finiquitos supermillonarios. Asimismo, se ha puesto un control sobre los salarios de consejeros delegados de empresa estatales. En Holanda se prepara una legislación que limitaría los paracaídas de oro a 75.000 euros. En el Reino Unido -opuesto a los controles directos sobre sobresueldos que prepara la UE-, la legislación que entrará en vigor en octubre hace vinculantes las decisiones de los accionistas respecto a los aumentos de salarios de ejecutivos. Hasta en Estados Unidos el activismo de los accionistas se ha intensificado para controlar excesos.

Pero no está claro que todo esto vaya a cambiar mucho. Los accionistas no son los mejores policías a la hora de controlar la avaricia. Los comités de remuneración suelen "mantener relaciones bastante endogámicas con los ejecutivos" , dijo Deborah Hartgreaves, del High Pay Center. Es más, los grandes accionistas lógicamente aprobarán subidas de remuneración de un ejecutivo que optimice el precio bursátil sin que sea esto necesariamente ético o beneficie a la empresa a largo plazo.

En general, "el aumento de la desigualdad ha sido tan desorbitado que harían falta medidas mucho más radicales", dice Stewart Lansley, autor del libro El coste de la desigualdad. "En muchas de las acciones que se anuncian se trata de dar la impresión de que se toman medidas, pero los ejecutivos saben muy bien cómo blindar su renta". Y explica que un método para afrontar los controles es crear dos trabajos para cada ejecutivo u operador financiero y así reciben dos salarios fijos.

¿Cómo hacer más eficaces las medidas? "Incorporar a trabajadores a los comités de remuneración de las grandes empresas", dice Hargreaves. Y "reducir drásticamente o incluso eliminar la remuneración performance-related (relacionada con resultados) como sobresueldos", añade.

"Aumentar el poder del accionista dándole un voto vinculantes sobre la remuneración es un buen primer paso", dice Duncan Exley, director de Equality Trust en Londres. Pero "los gobiernos deben reconocer que las altas remuneraciones no pueden aislarse del problema de las rentas bajas y el estancamiento de la renta de la clase media".



“Suiza vive una rebelión popular”


Tras la “rebelión de primavera” de accionistas en el Reino Unido en el 2011, pocos se habrían imaginado que el siguiente foco de las protestas contra la excesiva remuneración de los ejecutivos sería el siempre business-friendly pueblo de Suiza. Pero en marzo el 68% de los suizos votaron en un referéndum en favor de hacer vinculantes las decisiones de los accionistas respecto a las remuneraciones de los ejecutivos. No solo eso. El mandato plebiscitario ha impulsado al parlamento de Berna a una legislación que prohíba los paracaídas de oro (finiquitos millonarios) y los sobresueldos a ejecutivos cuando sus empresas son adquiridas por otras. Si una empresa no cumple, sus ejecutivos pueden ir a la cárcel.

El impulsor de este giro contra la élite empresarial en Suiza es Thomas Minder, exempresario, ahora diputado, que encabezó la campaña en favor de un referéndum contra los peces gordos empresariales. Minder recogió las 100.000 firmas necesarias para convocar una iniciativa popular y convenció a más de dos de cada tres votantes para que le apoyaran. “Estamos asistiendo a una rebelión popular en Suiza; todo lo que apoya el establishment lo rechaza el pueblo”, dijo Minder durante una visita al delta del Ebre, donde, como ornitólogo empedernido, sustituía su caza de ejecutivos avariciosos por flamencos y garzas.

La rabia contra el poder –dice– no solo tiene que ver con los paquetes de remuneración en las empresas multinacionales –muchas de ellas radicadas en Suiza para aprovechar un régimen tributario muy favorable– sino que refleja una añoranza por los viejos valores suizos de comunidad y cohesión social. “Los consejeros suelen ser extranjeros, estadounidenses que vienen en avión a Zurich para aprobar estos paquetes de remuneración para los ejecutivos y luego regresan; no entienden la cultura suiza; no hablan nuestro idioma”. Suiza es tradicionalmente una sociedad bastante igualitaria, añade. Pero ya no. “La ratio del más rico al más pobre ha subido de 30:1 a 916:1 en diez años”, dice. “En Suiza siempre hemos tenido gente con un Ferrari y una segunda vivienda, pero había una iglesia en cada pueblo, teníamos una cultura tradicional más equitativa; es lo que hizo fuerte a este país”.

Minder inició su campaña contra la nueva cultura de corporaciones globales y remuneraciones desorbitadas en el 2000 cuando Swiss Air quebró y declaró una moratoria sobre medio millón de dólares que debía a la empresa de Minder, proveedora de productos de higiene como jabón y pasta de dientes. Tras la quiebra, Swiss Air fue adquirida por Lufthansa. El consejero delegado de Swiss Air, Mario Corti, se marchó con 14 millones de euros, pero Minder se quedó sin cobrar. Desde entonces, ha librado una batalla contra los altos ejecutivos superremunerados ganando cada vez más apoyo conforme los paquetes de remuneración fueron creciendo. Cuando hubo el escándalo de UBS, que pagaba enormes salarios a sus ejecutivos pese a que su gestión llevó el banco a la quiebra (fue rescatado por el Estado), Minder se coló en la junta de accionistas y acusó a gritos al consejero delegado de incompetente.

La gota que colmó el vaso fue cuando el consejo de Novartis, el gigante farmacéutico con sede en Suiza, anunció que habían pactado un finiquito con el consejero delegado Daniel Vasella, de 72 millones de francos suizos (unos 70 millones de euros). ¿Por qué un paracaídas de oro tan generoso?. ¿Para garantizar que Vasella no pasara los secretos de la compañía a la competencia? Esto indignó a Minder y a muchos suizos. “El caso de Vasella nos ayudó mucho con la iniciativa popular; sobre todo con la inclusión de una prohibición de paracaídas dorados”, añade Minder. “Dijo que iba a regalar los 72 millones a una entidad caritativa pero el dinero no era suyo; es fácil decir que vas a regalar algo que no es tuyo”.

Minder puede haber abierto la caja de Pandora para el establishment suizo, que ha basado su modelo de negocios en ofrecer todo lo que querían las multinacionales. Tras la mayoría aplastante que aprobó las medidas propuestas por Minder, los jóvenes del partido socialdemócrata han iniciado la recogida de firmas para un referéndum en el cual se propondrá poner un límite sobre los salarios de ejecutivos equivalente 12 veces el salario del empleado de salario más bajo de la misma empresa.

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