Notícies de les organitzacions associades

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Cinco grandes hospitales de Barcelona, entre ellos el Clínic y el Sant Joan de Déu de Barcelona, han puesto en marcha un intercambio entre enfermeras para compartir conocimiento. Los motivos del intercambio son la curiosidad y el descubrir otras soluciones para los mismos problemas.

“Junto a la luz, muchísima luz, descubrí que en Sant Pau llaman a muchos de los instrumentos del quirófano de otro modo; por ejemplo, a la pinza para coger el músculo en las operaciones de estrabismo, al miostato, lo llaman ¿blascovitz? Y a los camilleros, sanitarios. Y tienen un microscopio, uauu, con un botón se desplaza la lente: si se cambia de ojo en la siguiente operación se tarda un segundo en prepararlo, qué maravilla”. “Y vosotros, en Sant Joan de Déu, ¡no cerráis nunca las puertas de los quirófanos! En Sant Pau se cierran solas, así que me pasé el mes cerrando puertas siempre abiertas. ¡Y esto de trabajar con payasos! Te sacan el niño que llevas dentro y me encontré frenándome, porque yo cantaba cuando ellos cantaban. Y he descubierto que se puede llevar a un bebé a quirófano sin quitarle su pijamita, que no hay que entrarlo desnudo ni cubrirlo con mantas térmicas”.

Carmen Jerez, enfermera de cirugía de ojos en Sant Joan de Déu, y Xesca Liñán, enfermera del bloque quirúrgico del hospital de Sant Pau, intercambiaron durante un mes sus puestos de trabajo. Su experiencia y la de otros cuatro profesionales han sido los primeros pasos de un proyecto de los cinco grandes hospitales de Barcelona (Vall d’Hebron, Sant Pau, Clínic, el Mar y Sant Joan de Déu) de compartir conocimiento y experiencias a través de sus profesionales, “y de mejorar todo lo posible de una forma fácil, absolutamente accesible y sin gastos”, explica la directora de enfermería del hospital del Mar, Elena Brunat. Empezaron con el año y ya hay más de cincuenta solicitudes.

“Soy enfermera de psiquiatría en el Clínic y fue una sorpresa encontrarme con que un enfermero de salud mental de Sant Pau y de mi mismo turno estaba interesado en el intercambio”. Victoria Ruiz (Clínic) e Ismael Parrilla (Sant Pau) trocaron papeles y durante un mes cubrieron la tarea del otro integrándose en el equipo, aprendiendo rutinas, programas informáticos, modos de resolver crisis... Y se llevaron de allá amigos y ganas de cambiar algunas cosas que a los del otro hospital les funcionan muy bien.

“Me apunté a un intercambio en un hospital infantil porque nunca sabemos cómo tratarlos”, explica Xesca Liñán, 25 años en un hospital de adultos. “Cuando en Sant Pau nos traen un bebé al quirófano estamos casi asustados y quería quitarme ese miedo, y qué mejor sitio que un servicio quirúrgico equivalente pero de un hospital donde a todas horas ven niños”. Carmen Jerez reconoce que se apuntó “sobre todo por curiosidad, por ver otras realidades, por sacudirte la verdad absolu

ta de tu hospital”. Para todos los que ya han participado en la experiencia ha sido un mes de volver a sentirse como un novato, como un estudiante, venga a tomar notas y llenarse los bolsillos de chuletas, ir con cara de perdido preguntándolo todo, a qué hora se da la medicación o quién se ocupa de limpiar el material quirúrgico, ¿doble turno el fin de semana?

Ensalzan la acogida, impecable y cariñosa en todos los casos. Recuerdan cierta incomodidad los primeros días por sentirse observados, como intrusos que también observan a los otros. A la semana ya estaban metidos en harina, tomando decisiones como uno más del equipo aunque al amparo de otro colega del equipo local.

“En el Clínic tienen habitación de contención, un espacio diseñado para pacientes muy agitados donde no pueden hacerse daño, y aplican las medidas de sujeción antes que nosotros”, explica Ismael Parrilla, que trabaja cada tarde en la unidad de psiquiatría aún no trasladada al edificio nuevo de Sant Pau. “Allí se permiten muchas más salidas terapéuticas para los pacientes. Claro que el Clínic es una manzana en medio de calles con tráfico, no hay muchas posibilidades de paseo. Sant Pau tiene jardines. Sois más abiertos”, reconoce Victoria Ruiz.

Han encontrado otras formas de administrar medicamentos, unas guías terapéuticas con hallazgos interesantes. “Y sin tener que irte a otro país ni cambiar de idioma”, apuntan. Cinco grandes hospitales de medicina compleja al alcance de unas paradas de metro. “Basta con encontrar entre los que se apuntan al otro profesional que quiere intercambiarse”, destaca Elena Brunat, una de las cinco directoras de enfermería que propusieron la idea.

En medio de expedientes de regulación de empleo, recortes salariales, cambios de turnos y desánimo por las mermas asistenciales “descubrimos que hay cosas nuevas que se pueden hacer y, a la vez, que todos tenemos problemas parecidos, con los turnos, con el reconocimiento, con algunos médicos...”. Una buena experiencia “que también sirve para descubrir que no está tan mal lo tuyo”, admite Ismael. Y asienten.



Más de 6.000 profesionales

Los cinco grandes hospitales terciarios de Barcelona (Vall d’Hebron, Sant Pau, Clínic, el Mar y Sant Joan de Déu) reúnen a 6.000 enfermeras (y enfermeros). El proyecto de intercambio abarca a todos los profesionales.

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