Notícies de les organitzacions associades

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Fritz Hoderlein, Socio director general de everis en Catalunya: "El debate no está en cómo retener el talento. Está en cómo aprovecharlo. Y sin duda, en un momento de escasez de ingenieros en el mundo, tenemos que ser capaces de sacar el máximo partido de la inversión que, como sociedad, hemos hecho en la formación de nuestros profesionales."

Hace ya semanas que leo opiniones que nos avisan de apocalípticas fugas de talento de España a otros países. La canciller Ángela Merkel, con la reposición de "¡vente a Alemania, Pepe!", invitando a los jóvenes cualificados a ir a trabajar a tierras germanas, ha hecho saltar las alarmas en todos los sectores sociales y económicos. La falta de profesionales cualificados no es una cuestión sólo de Alemania, o de Europa, también ocurre en las economías emergentes, en los BRICS, que los necesitan para mantener el crecimiento de los últimos años. Pero, más que una amenaza, es una gran oportunidad. Una gran oportunidad de negocio. De internacionalización. Para hacer camino hacia el tan deseado nuevo modelo económico basado en el conocimiento.

Debemos cambiar el paradigma del concepto fuga de cerebros y pérdida de capital intelectual. Ir más allá y plantear esta situación como un reto, una encrucijada. Podemos ser como Alemania, creadores de automóviles, o como Bolivia, exportadores de acero para las carrocerías. Hay que escoger si como país queremos exportar materia prima, es decir, profesionales, o bien crear y exportar productos y servicios de valor añadido. A principios del siglo XX, España fue uno de los principales productores de minerales en Europa, y estos fueron clave para el desarrollo industrial de países como Francia o Alemania. ¿Hoy queremos exportar nuestro talento? ¿O bien servicios de alto valor añadido y desarrollar así una economía del conocimiento en nuestro país, creando multinacionales españolas?

El debate no está en cómo retener el talento. Está en cómo aprovecharlo. Y sin duda, en un momento de escasez de ingenieros en el mundo, tenemos que ser capaces de sacar el máximo partido de la inversión que como sociedad hemos hecho en la formación de nuestros profesionales. Los expertos coinciden en que, para la recuperación económica, es básica la exportación. Pues exportemos. Pero no talento. Servicios. Si exportamos nuestros profesionales no nos internacionalizamos: estamos regalando nuestra gallina de los huevos de oro. Y ¿por qué no aprovechar que España es un destino privilegiado y trabajar para facilitar la captación de talento extranjero que nos permita ser diferenciales en nuestros servicios para exportar? "¡Vente a España, Otto!".

En una economía en crisis, no podemos dejar escapar ocasiones para reinventarnos. Debemos escoger. ¿Queremos ser exportadores de materia prima o de productos de valor añadido? ¿Bolivia o Alemania? La decisión es nuestra. De los empresarios, que debemos ser valientes para mirar más allá de nuestras fronteras para comercializar y poner en valor nuestra oferta. De las administraciones públicas, que deben fomentar políticas de ayuda a las compañías en sus procesos de internacionalización y tomarse como una prioridad incentivar las vocaciones tecnológicas.

Y de la sociedad en general, que es donde se encuentra el principal motor de este cambio: el talento. Y aprendamos idiomas. Otto habla muy bien inglés y con él vende por el mundo. Empecemos a trabajar para conseguirlo.

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