Notícies de les organitzacions associades

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Entrevista de El Mundo a Eugenio Galdón, Presidente de Multitel y de la Fundación Everis: "Hay dos áreas que veo claramente como una oportunidad: la tecnología y la salud. Mi mensaje a los millennials es que no hay posibilidad de error si has elegido estudiar una ingeniería, matemáticas o física."

 

Su trayectoria profesional se ha desarrollado en tres áreas principales: en la universidad ha sido profesor de Hacienda Pública de la Universidad Autónoma de Madrid durante más de diez años; en el sector público ha desempeñado diferentes cargos, entre los que destaca el de asesor del presidente Suárez y director de Gabinete del presidente Calvo-Sotelo a finales de los años 70 y principios de los 80; y en el sector de la comunicación ha sido vicepresidente ejecutivo de COPE, consejero delegado de la Cadena SER y director general de PRISA para la División Audiovisual, entre otros.

En 1994 creó el operador de banda ancha ONO, del que ha sido presidente ejecutivo hasta finales de 2008 y accionista de referencia hasta la reciente venta de la empresa. En 2005 lideró la operación de compra de Auna, que consolidó a ONO como el principal proveedor de servicios de telecomunicaciones y entretenimiento por banda ancha en España. En la actualidad preside Grupo Multitel, sociedad que aglutina sus diferentes iniciativas e iniciativas empresariales. Además, preside la Fundación Everis.

Eugenio Galdón es licenciado en Económicas y diplomado Políticas por la Universidad de Lovaina (Bélgica). Es también técnico comercial y economista del Estado, nº 1 de su promoción. Habla inglés, francés, alemán y holandés y sus principales aficiones son la música clásica y la vela.

¿Por qué, a la vista de los datos de desempleo y de actividad de nuestro país, es tan difícil crear empleo?
En la mente de cualquier empresario español que naciese antes de la década de los 70 está arraigado el concepto de que crear empleo es peligroso. Es inevitable. La regulación del mercado laboral en la España del franquismo era tan poco flexible que impedía de facto el ajuste de las plantillas a las coyunturas. Este grave problema caló tan profundamente que, a pesar del paso del tiempo y las reformas de la democracia, sigue muy presente en la cultura empresarial. Esa cultura y lo que ello ha supuesto de lastre, además de la propia estructura económica del país, está en la base de la dificultad española para crear empleo. Hoy esa visión ya no tiene sentido y hemos de cambiarla para romper la brecha con territorios como Alemania, que tienen cifras de desempleo de un dígito.

¿Qué reformas son necesarias para estar más cerca de las cifras de actividad y de desempleo de las economías más dinámicas? ¿Qué echas de menos de esas economías?
España ha recorrido un camino importante en este terreno, teniendo en cuenta de dónde partíamos, y creo que es justo reconocer el trabajo de modernización del marco legal para contratar realizado durante las últimas dos décadas. No obstante, todavía persisten ineficiencias que exigen una reflexión a empresarios y sindicatos sobre el enorme coste que está sufriendo nuestro país por la falta de acuerdos. El sistema educativo y profesional y su incapacidad para responder a las demandas de las empresas, la débil valoración social sobre el esfuerzo de los empresarios al crear empleo o la persistencia de obsoletas regulaciones que lastran la competitividad de nuestras empresas son algunos ejemplos.

¿Recuerdas el primer empleo que creaste? ¿Y el último?
Me acuerdo muy bien. Estudiaba en Lovaina a principios de los años 70 y un grupo de compañeros fuimos capaces de poner en marcha un negocio de restauración que nos hizo más fácil superar las estrecheces económicas de la vida de universitario. Pero tuvieron que pasar unos años hasta que crease el primer empleo «formal» en Navarra en una empresa familiar dedicada a las conservas de vegetales. En cualquier caso ha sido ONO el gran proyecto de creación de empleo en el que me he visto involucrado y tengo la gran satisfacción de haber creado una empresa que llegó a dar trabajo directamente a más de 4.000 profesionales. Durante los años de la construcción de la red de ONO se promovieron cerca de 15.000 empleos indirectos. Por último, y por responder a la segunda pregunta, ayer mismo y desde mis actuales responsabilidades encargué a un head hunter la búsqueda de un ejecutivo para mi compañía.

¿Qué demandas prioritariamente de un profesional para contratarle en tu empresa?
Fundamentalmente tres cosas. En primer lugar competencia, es decir capacitación e inteligencia para desarrollar su trabajo. En segundo lugar capacidad de compromiso, de identificación con los objetivos de la empresa. Y en último lugar habilidades de autoorganización, entendiéndose como autonomía para tomar iniciativas y no esperar a las instrucciones de superiores jerárquicos.

¿Cuáles crees que serán las profesiones más demandadas en el futuro cercano? ¿Qué habilidades recomiendas reforzar a las nuevas generaciones?
Hay dos áreas que veo claramente como una oportunidad: la tecnología y la salud. Mi mensaje a los millennials es que no hay posibilidad de error si has elegido estudiar una ingeniería, matemáticas o física. España mantiene un déficit con los países de referencia respecto a titulados STEM per cápita, y podemos pagarlo muy caro si no lo superamos. En este sentido observo con preocupación cómo el porcentaje de mujeres cursando carreras técnicas no ha dejado de reducirse en los últimos años. La complejidad de la nueva economía exige alta capacitación como la que otorgan los grados en ciencias exactas y no puede abrirse una brecha de género que nos haría desperdiciar la mitad del talento nacional.

¿Qué valoras especialmente de la generación que nació de 1978 a 1988, los llamados millennials, como fuerza de trabajo?
Reconozco que me cuesta hacer una valoración de la generación del milenio y, aunque nos separen cuarenta años, veo en ellos claros y oscuros. Es una generación que ha participado de lo mejor pero también de lo peor. Ha disfrutado de las mayores facilidades para formarse y de hecho nunca antes una generación estuvo tan preparada. Sin embargo, han sufrido como ninguna otra los rigores de la crisis y me preocupa que esa frustración se traslade de alguna manera a nuestra sociedad.

Las nuevas empresas se han convertido en la esperanza para mejorar la economía de los territorios. ¿Ves mejoras en los últimos años respecto al ecosistema emprendedor?
Sí, hoy los valores del emprendimiento son más compartidos socialmente que hace veinte años y hay que poner en valor esas actuaciones públicas que lo han hecho posible porque, sin duda, tendrán positivas consecuencias en el medio plazo en términos de cultura y ambiente económico. Pero quiero compartir una reflexión al respecto de las ayudas a los emprendedores. El empresario no es un animal estabulado, no es el producto de una granja avícola; es un animal que no puede vivir en cautividad, por muy cómodo que eso sea; necesita la libertad, ha de luchar por sobrevivir... Por ello quiero alertar de aquellas actuaciones que propician ecosistemas hiperprotegidos, donde es fácil emprender, donde no hay dificultad para sobrevivir. Tan malo es mantener una burocracia que lastra el crecimiento de las empresas como ecosistemas artificiales que falsean la realidad de una economía que exige ser competitivo para sobrevivir. Los verdaderos emprendedores aceptan y practican la destrucción creativa, no tienen miedo a lo que eso supone. Me repugna que alguien considere ser emprendedor una profesión; no es algo temporal sujeto a un horario, sino una actitud vital. Para el empresario auténtico, tal y como yo lo entiendo, el objetivo no es emprender sino transformar la sociedad con sus innovaciones. No se trata de emprender por tener un trabajo o ganar un dinero, sino conseguir un antes y después en la sociedad gracias a su actuación al frente de la empresa.

Se habla mucho de los intraemprendedores como profesionales clave en la empresa. ¿Es fácil conciliar el espíritu innovador de estas personas con la disciplina que impone un puesto de trabajo y el plan estratégico de la compañía?
Efectivamente no es fácil, pero es posible, y ejemplos de éxito hay por el mundo pero también en nuestro país. Reivindico utilizar las aptitudes y valores de los emprendedores en la gran empresa, pero eso plantea, a su vez, desafíos organizativos a resolver y cambios culturales en las multinacionales que no son sencillos.

Por mucho talento que haya en tu plantilla siempre hay más personas válidas fuera de tu empresa. Cada vez son más las grandes empresas en todo el mundo que usan la innovación abierta para idear nuevos productos o servicios o mejorar su oferta. ¿Compartes la afirmación de Christiansen de que aquellas grandes empresas que no tengan en cuenta a los emprendedores morirán a medio plazo?
El destino de cualquier empresa es morir. Podemos aplicar a la empresa, sin temor a equivocarnos, el dicho epicúreo: «Somos un ser entre dos nadas». Una empresa cumple su función mientras aporte valor a la sociedad y por ello reciba un retorno. En el momento que eso deje de suceder ha de desaparecer o transformarse como lo han hecho empresas como Siemens, Peugeot o tantas otras que han ido cambiando de objeto social. Comparto la reflexión de Christiansen, pero creo que hay que desdramatizarla. Por un lado porque desde mi punto de vista toda empresa está destinada a morir, y eso no es malo per se. Si vemos la bolsa es difícil encontrar empresas cotizando que tengan más de 50 años, en el sector tecnológico basta recordar qué ha sido de gigantes como Nokia o Motorola... Por otro lado, la filosofía de la innovación abierta siempre ha sido practicada por los grandes directivos y no era otra cosa que estar siempre con los ojos bien abiertos. Por ello la clave no será tanto la cantidad de talento sino la capacidad para absorberlo en la propia compañía y los cambios organizativos que lo faciliten.

Si pudieses volver atrás en el tiempo, ¿qué decisión en relación con tu empresa dejarías de tomar y cuáles otras reforzarías para afrontar con éxito el futuro?
Fallar o acertar es consustancial con la vida del empresario. Lo importante es actuar y, por consiguiente, decidir -bien o mal- supone ya un acierto. Los emprendedores no miramos mucho atrás porque pensamos más en el futuro, en cómo trasformar y crear valor para la empresa y para la sociedad. Decidimos en función de la información de la que disponemos, poniendo el mayor esfuerzo en comprender todas las facetas del asunto sobre el que vamos a actuar, y ahí sí que mejoraría los procesos por los que he tomado algunas decisiones. No haber estudiado suficientemente un asunto, no haber tenido en cuenta toda la información, en definitiva no haber trabajado a fondo y hasta el final para acertar en la decisión, es algo que soy muy consciente de que me ha pasado más veces de las que desearía.


Serie de entrevistas extractadas del libro de Iñaki Ortega, director de Deusto Business School, 'Millennial. Inventa tu empleo', editado por la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR).

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