Notícies de les organitzacions associades

Aquest és l'espai dedicat a les notícies relacionades o que generen les organitzacions associades a la Fundació Factor Humà

Una delgada línea separa una compañía socialmente responsable de una empresa con un objetivo social. De estas últimas, muy pocas forman un modelo de negocio sostenible. La profesionalización de estos emprendedores, un mayor conocimiento financiero y una menor dependencia de las ayudas públicas son puntos clave para consolidar las iniciativas que harán de éste un mundo mejor. Un ejemplo es el caso de La Fageda, la mayor historia de éxito del emprendimiento social en España.

 

El emprendedor vocacional es un ser entusiasta, dinámico, que sueña con generar empleo y productos y servicios que gusten a la gente. Una subcategoría dentro de esta rara avis, a su vez, sueña con hacer de éste un mundo mejor. Son los llamados emprendedores sociales.

La línea que separa la RSC y el emprendimiento social es fina, y tiene que ver con el orden de prioridades. Una start up social tiene como primer objetivo generar un bien para la sociedad, aun a costa de unos menores márgenes de beneficios.

Eso no significa que la sostenibilidad del modelo de negocio sea secundario. Si la empresa no es viable, desaparecerá, y no podrá cumplir su misión. No obstante, la falta de preparación de los emprendedores, las carencias en conocimientos financieros o el difícil equilibrio entre el objetivo social y el económico provoca que estas start up tengan una tasa de fracaso superior a la media.

Existen dos clases fundamentales de empresas sociales: aquellas que generan empleo entre colectivos en riesgo de exclusión, y otras cuya actividad tiene, en sí misma, impacto social. La catalana La Fageda constituye el ejemplo más conocido del primer grupo. Esta compañía de yogures, mermeladas y helados tiene una plantilla de casi 300 empleados, de los que la mitad son discapacitados mentales e intelectuales.

Entre las firmas del segundo grupo, por lo general más difíciles de rentabilizar, existen también proyectos interesantes y [potencialmente] viables en España. Es el caso de Batec Mobility (fabrica handbikes para sillas de ruedas), La Exclusiva (sistema de reparto por los pueblos rurales de Soria), Personas Que (plataforma digital dirigida a enfermos y sus familiares), Kuorum.org (plataforma para conectar a los políticos con los ciudadanos), Emzingo (busca promover un liderazgo más social) o Bajo el Agua (empresa de estudio y divulgación del fondo marino).

"Es complicado, aunque no imposible, que nazca en España un gigante empresarial en el ámbito del emprendimiento social", sostiene Francisco Soler, director de inversiones de CREAS, que cuenta con dos fondos de venture capital especializados en start up sociales (uno enfocado en seed y otro en etapas de crecimiento).

Difícil, porque los costes (de personal y otros) son muchas veces superiores a los de una empresa convencional. Asimismo, algunos de los problemas sociales que existen son ineficientes por naturaleza.

En cualquier caso, todo depende de qué se entienda por un proyecto social. "¿Podría incluirse a Google en este grupo? Posiblemente sí. Por lo menos, lo era en sus comienzos. Google nació siendo un buscador que soñaba con poner todo el conocimiento existente en la Tierra al alcance de todos los ciudadanos", comenta Raúl Contreras, miembro de la red de Ashoka y fundador de Nittúa, una entidad que se dedica a ayudar a la innovación social (ya provenga de ONG, fundaciones, empresas o administraciones públicas) a encontrar un hueco en el mercado.

Existen varias organizaciones en España que velan por la profesionalización de los emprendedores sociales. Entre las escuelas de negocio, destacan IE, Esade y ESCP Europe. La citada Ashoka es una organización sin ánimo de lucro que ambiciona formar a la próxima generación de gamechangers. También hay aceleradoras especializadas, como UnLtd, Impact Hub, Ship2B, Momentum Project (BBVA), Ueia o El Hueco; y fondos de capital riesgo como CREAS y Momentum Social Investment. "No todas las start up que pasan por el programa de aceleración son invertibles, y de las que lo son, no todas necesitan necesariamente una inversión en equity", apunta Lidia del Pozo, directora de programas sociales de BBVA. "Aspiramos a entrar en el capital de 3 ó 4 start up en fase semilla, y entre 6 y 8 empresas en crecimiento", concreta Soler.

Desterrando mitos

La profesionalización de los emprendedores sociales pasa, en primer lugar, por desterrar algunos de los mitos que acompañan a las start up sociales. Por ejemplo: "Los clientes valorarán tu propuesta diferencial, y sólo con el boca a oreja alcanzarás un 10% de tu público objetivo el primer año". Falso, o al menos muy improbable.

Otra leyenda extendida establece que "una sociedad anónima es una empresa diseñada en beneficio del capitalismo neoliberal, mientras que una cooperativa es garantía de objeto social". Nada más lejos de la realidad. El régimen jurídico no marca el nivel ético de una sociedad. Como bien señala Nittúa en su informe sobre viabilidad del emprendimiento social, "puede existir una SL que no distribuya los beneficios en su totalidad, y una cooperativa que obtenga financiación externa en cantidades significativas". De hecho, es común que las empresas sociales en España combinen dos marcos jurídicos. La Fageda, por ejemplo, se erige bajo una fundación y una cooperativa.

"Crear empleo es el primer beneficio para la sociedad que puede ofrecer una empresa. Pero para eso tiene que ser sostenible. Una firma que sobrevive solamente a base de subvenciones difícilmente podrá generar un gran cambio, por muy buena que sea la intención", recuerda José Martín Cabiedes, socio de Cabiedes & Partners (un venture capital a la vieja usanza), cofundador de UEIA y patrono de la fundación Hazloposible.org.

El tema de las subvenciones públicas a fondo perdido es uno de los más polémicos. "Cuando recibir ayuda se convierte en condición para el emprendimiento, el inicio puede frustrarse bien porque no sea concedida dicha ayuda, o porque no la abone la Administración en tiempo y forma", advierte el informe de Nittúa. "El emprendedor social debería hacer su estudio de viabilidad económica sin tener en cuenta las ayudas a las que tenga derecho, y que pueda llegar a tener. Si se dispone de ellas, permitirán darle mayor amplitud al proyecto, acelerar procesos para incrementar el resultado social, adelantar el momento en que se alcance el umbral de rentabilidad o mejorar la capacidad financiera", concluye el documento.

"Se trata, en definitiva, de crear valor", dice Contreras. Este experto habla del SROI (o retorno social de la inversión): "Algún día, quién sabe cuándo, será un indicador más en las cuentas de resultados de las empresas".


La Fageda

Lo que parecía una locura es hoy la mayor historia de éxito del emprendimiento social en España. Desde su fábrica de Santa Pau (en Girona), La Fageda distribuye yogures, helados y mermeladas, y da trabajo a 154 discapacitados mentales e intelectuales (sobre un total de 277 empleados). El año pasado, vendió del orden de 55 millones de yogures.

Batec Mobility

Con sólo 18 años, un estudiante de Diseño Industrial llamado Pau Bach sufrió un accidente de tráfico por el que quedó tetrapléjico. Insatisfecho con la oferta de ayudas técnicas y ortopedia existentes, decidió diseñar su propia solución de movilidad: 'handbikes' acoplables a la silla de ruedas. Batec vende ya en 14 países.

La Exclusiva

Esta compañía ha formado un interesante -y sostenible- sistema logístico para distribuir productos y servicios de primera necesidad, sin coste añadido, entre los pequeños municipios rurales de Soria.

Personas Que

People Who Global, que en España opera bajo la marca Personas Que, es una plataforma multicanal dirigida a enfermos y a sus familiares, que integra una red social para comunicarse con otros enfermos, herramientas de seguimiento médico y 'reporting', y contenidos de interés.

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