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Según un informe del Ajuntament de Barcelona, el incremento en 181.000 visitantes más en Barcelona en dos años solo ha creado 700 nuevos empleos y no ha evitado la caída del poder adquisitivo de los salarios. La externalización ya alcanza al 52,55% de los hotales de la capital catalana.

 

Rafael González trabaja ocho horas cinco días a la semana en un restaurante de la Rambla repleto de turistas. Libra sábado y domingo y dispone de un mes de vacaciones en verano más catorce días festivos el resto del año. Gana 1.230 euros mensuales. Su situación es mucho mejor que la de otros compañeros del sector pero niega, tras una reflexión de unos segundos, autocalificarse como “privilegiado”. De hecho, confiesa estar quemado con la profesión tras reconocer que lleva dos años con el salario congelado. “Aquí todo el mundo se llena la boca con turismo turismo y turismo, pero nadie nadie piensa en los trabajadores del turismo”, afirma.

A González no le falta razón a tenor de las conclusiones de un pequeño informe sobre el empleo y las condiciones salariales de la hostelería en Barcelona elaborado por el Ayuntamiento. “Se puede deducir que las condiciones laborales en el sector han tendido a empeorar”, reza el documento demandado por ICV-EUiA, en el que se advierte que entre 2011 y 2013 “la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores de la hostelería —hoteles y restaurantes— ha sido de cerca de cuatro puntos porcentuales”. La inflación superó por mucho la mejora de los salarios.

Lo del sector turístico es una auténtica paradoja. Al deterioro salarial de los trabajadores se tiene que sumar el escaso impacto en la creación de empleo, que el Ayuntamiento cifra en 754 personas en ese mismo bienio, según datos de la Seguridad Social (el turismo da empleo a 77.657 personas, entre la hostelería y las agencias de viajes). Miguel García Murillo, secretario general de Fecoht-CCOO de Cataluña, se atreve incluso a cuestionar esos nuevos empleos: “Hay menos trabajadores, porque muchos de esos contratos son de media jornada”. En todo caso, la modesta cifra contrasta con la evolución en ese mismo periodo de los números que tienen que ver con visitantes: 181.000 turistas más, casi un millón más de pernoctaciones hoteleras y 26 nuevos hoteles abiertos, según las cifras de Turismo de Barcelona. El turismo representa entre un 10% y un 12% de la economía barcelonesa, según un estudio de la Universitat de Girona.

Un empleado de un hotel ubicado en la Diagonal explica que en su establecimiento trabajaban 390 personas hace cinco años, pero que ahora son solo 190 empleados, apoyados por contratados externos en demandas puntas, como cuando se celebró el festival gay Circuit durante la primera quincena de agosto. “Teníamos 900 clientes, cuando lo habitual son unos 200 o 300 clientes”, explica la misma fuente, que asegura que el establecimiento ha dejado incluso de trabajar con empresas de trabajo temporal y tiene una bolsa de empleo propia que activa a la mano de obra cuando la necesita.

Pero la contratación externa está ganando peso en el negocio hotelero. Según los datos del Gremio de Hoteles de Barcelona, la externalización de un establecimiento alcanza ya al 52,55% de los hoteles. Y en la mitad de los casos es para contratar a personal que se encargue de limpiar y preparar las habitaciones.

“El sector de la hostelería está haciendo trabajar más horas, a algunos sin contratos y a otros con contratos de 20 horas para que hagan cuarenta", denuncia Óscar López, vicesecretario de la Federación de Servicios para la Movilidad y Consumo de UGT, quien matiza la importancia de la fiebre hotelera de los últimos años en Barcelona: "Hay hoteles que abren con doscientos trabajadores y al cabo de un año tienen la mitad".

Janet Sanz, regidora de Iniciativa, prevé llevar la próxima semana a la comisión de Economía del Ayuntamiento de Barcelona un requerimiento para que el Gobierno de Xavier Trias desvele si va a tomar algún tipo de acción para atajar la pérdida de poder adquisitivo de los empleados del sector turístico. González, el camarero del restaurante de la Rambla, no cree que haya muchas salidas al problema: “La hostelería en Barcelona es muy grande, pero está en pocas manos. Se ponen fácilmente de acuerdo”.

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