Quiero contarte una historia, una historia particular, concreta, con nombres y sin apellidos, una historia que es ésta pero que podría ser similar a cualquiera de las que, seguro, has vivido: María trabaja en una empresa grande, concretamente en una firma de moda, una de esas empresas que aparecen mucho en los medios de comunicación y que vemos en las ciudades más famosas del mundo...

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El caso es que María trabajaba en el departamento de compras, un área importante porque se encarga de suministrar a las tiendas todo aquello que no son prendas de ropa, ya sabes, desde luces a mobiliario, pasando por bolsas, perchas o, incluso, plantas de interior.

María era feliz en su puesto, al menos al inicio. De hecho, lo era desde hacía mucho tiempo, años, para ser más exactos. Había dedicado muchas horas, muchos esfuerzos y mucho talento a la causa, una causa que era la suya, no solo la de la empresa.

Eso le había permitido, con el tiempo, tener más responsabilidad y un sueldo bastante razonable para lo que es costumbre hoy en día.

En definitiva y por hacerlo corto, María vivió durante muchos años un idilio con su empresa.

A estas alturas, seguro que estás anticipando que algo va a pasar con ese idilio, ¿verdad? Si es así, estás en lo cierto.

Muchas historias de amor tienen un fin y, cuando el amor viene de lejos, este fin se va acercando poco a poco, casi de puntillas y cuando notas su efecto, ya casi no hay nada que hacer.

Si la historia que te estoy contando te está pareciendo algo triste, te pido que me disculpes pero es que, mientras la escribo, estoy escuchando Autumn in New York, una pieza interpretada por la Street Jazz Band. Y es que no hay como el sonido de un saxo tenor y la cadencia del smooth jazz para ponerle banda sonora al desamor.

El porqué del deterioro de una relación importa poco en este caso. Da igual que hayan expectativas no alcanzadas o promesas incumplidas.

Da igual si donde antes había atención, ahora hay descuido o indiferencia.

Da igual si las que antes eran tus compañeras de trabajo, desayuno y comida, ahora se han convertido en arpías que te boicotean en cuanto te das la vuelta.

En definitiva, ¿qué más dan las razones si lo importante es que el lugar que sentías como tu casa, se ha convertido en una jungla hostil?

Lo importante es que el amor roto es como una taza de porcelana: cuando se rompe, aunque la pegues, no puedes evitar notar que se ha roto.

Y ahora viene uno de los momentos más difíciles de todos porque, una cosa es el sufrimiento del desamor; eso genera pena y melancolía. Lo realmente difícil es tomar la decisión de acabar definitivamente.

Eso genera miedo.

Cinco minutos antes de que María reuniese fuerzas para hablar con su jefe, éste se adelantó y la citó en una sala de reuniones para comunicarle que prescindían de sus servicios.

Y, a pesar de que cuando se rompe una relación, las dos partes suelen saber que la cosa no iba bien, el trago nunca es fácil. Esa conversación siempre es muy difícil.

De hecho, lo es tanto que, antes de que esa charla ocurra en el mundo real, ha ocurrido antes en tu cabeza decenas de veces. Para bien, y casi siempre, para mal.

Estas conversaciones generan emociones, sobre todo, miedo: al qué pasará; al cómo reaccionarás tú; a cómo lo hará la otra parte; a las posibles represalias; al qué pensarán; a herir … Qué se yo, a tantas cosas que, en muchas ocasiones algunas personas optan por las dos peores acciones que se pueden hacer: posponer la conversación o, en última instancia, evitarla.

Lo niños pequeños creen que, si miran para otro lado, el coco desaparecerá. ¡Cuántas veces actuamos como ellos! En el mundo de los niños los «cocos» pueden desaparecer. En el mundo de los adultos, evitar una conversación difícil solo agrava la situación.

A veces me gustaría volver al mundo de los niños.

Afrontar una conversación difícil es algo a lo que, tarde o temprano, tendrás que hacer y conocer cómo hacerlo bien, puede marcar la diferencia entre salvar una relación o romperla definitivamente.

No importa que seas una persona conciliadora o retadora, sosegada o conflictiva, las conversaciones difíciles vendrán a tu encuentro y tendrás que lidiar con ellas.

El problema es que a la mayoría de nosotros no nos han preparado para hacerlo bien, así que las gestionamos como podemos en función de nuestros recursos y habilidades.

El jefe de María lo hizo así, como pudo. Mal.

A pesar de que su empresa grande, genial y cosmopolita se gasta cada año un buen pellizco en cursos y seminarios top, novedosos y de última generación, hace tiempo que ha olvidado la base, el fundamento de todo: las habilidades de relación, esas mal llamadas soft skill que son, en realidad, las competencias más fuertes para mantener relaciones fructíferas.

Por eso el jefe de María no supo prepararse la conversación. Por eso no supo cómo iniciarla. Por eso no supo generar un entorno seguro y de confianza. Por eso no supo cómo realizar preguntas para explorar el punto de vista de María. Por eso no supo centrarse en los hechos en vez de en los juicios. Por eso no supo describir conductas específicas que sustentasen sus opiniones. Por eso no supo …

Por eso María salió más frustrada de la reunión de como entró. Por eso María ya no habla bien del que fue su trabajo, ni de la que fue su empresa. Por eso María guarda un sentimiento amargo y por eso sus recuerdos de aquella relación, que fue de amor, son ahora de rechazo.

Muchas personas piensan que, como saben hablar, saben comunicarse. Que como son directas, son asertivas. Que como tienen mando, tienen competencias.

Tú y yo sabemos que eso no es así, ¿verdad?

Comunicarse bien es un arte, además de una competencia y saber afrontar conversaciones difíciles es un reto que requiere de estrategia y de habilidades para que la relación, no solo no se rompa, si no que, incluso, pueda fortalecerse.

Todo esto se aprende, no viene en el ADN de nadie. María y su jefe lo saben. ¿Y tú?

 

Óscar Fernández Orellana
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Director de Interacción Humana.
Formador en habilidades comunicativas y psicólogo.
Autor de Así persuaden los líderes y conductor del podcast "Créeme lo que te digo".

 

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