No es ninguna novedad decir que gran parte del futuro laboral está en el teletrabajo. Con una economía occidental basada en el sector servicios, la presencia en el puesto de trabajo se hace más que prescindible dadas las posibilidades que nos brinda la tecnología. Y si este proceso estaba cobrando fuerza poco a poco, la actual crisis provocada por el COVID-19 ha hecho que el teletrabajo aparezca a gran velocidad de implantación en nuestra fuerza productiva.

Los riesgos psicolaborales del teletrabajo

Las empresas saben que mirar al futuro es mirar hacia el teletrabajo como nueva forma organizacional de gestión laboral. Vivimos en un mundo cambiante, y cada vez dichos cambios suceden a una mayor velocidad. Tanta, que muchas veces no nos da tiempo a llevar a cabo un necesario proceso de asimilación y ofrecemos una resistencia a los cambios que nos dejan obsoletos antes de darnos cuenta. Las nuevas tecnologías han revolucionado el mundo en los últimos veinte años como nunca antes había sucedido en ninguna revolución anterior. Los cambios y su reacción a ellos siempre han sido objeto de análisis por parte de psicólogos o sociólogos para tratar de entender lo que sucede. Así se entiende el impresionante número de ventas de libros de management que tratan el tema, como el archiconocido “¿Quién se ha llevado mi queso?” (1998), de Spencer Johnson.

Pero la realidad es que aunque seamos capaces de adaptarnos a los cambios en las empresas, a los horarios de trabajo desde casa, a la conciliación con la familia en el mismo espacio que el lugar de trabajo, nuestra mente sigue siendo la de un ser humano y, por consiguiente, un ser social.

Acudir al puesto de trabajo físicamente no sólo nos dota de unas pautas de rutina en cuanto a horario, forma de vestir o alimentación, sino que también nos proporciona una necesaria desconexión de la vida familiar y la interacción con otras personas. Los seres humanos somos seres sociales, y por tanto nuestra capacidad de relación fundamenta nuestra existencia. La evolución nos ha enseñado que las personas tienden a unirse para formar grupos y que la mente humana sufre más cuando está en soledad.

En una sociedad como la actual, en la que los riesgos laborales de carácter físico han disminuido muchísimo gracias a la prevención, la mayoría de las bajas médicas que se producen tienen como origen enfermedades psicosociales. Depresión, estrés, ansiedad, síndrome de burnout, desmotivación o baja autoestima son algunas de las más comunes. Según un estudio reciente de Randstad, en 2020 en España hay cuatro millones y medio de trabajadores realizando teletrabajo, lo que supone un 22% de la población activa trabajadora. En un ambiente de soledad en el trabajo, aunque sea en tu propia casa, es bastante probable que cuadros de enfermedades psicosociales se disparen a medida que aumenta la inclinación por esta modalidad laboral.

Por ello, en la época actual, en el que la crisis sanitaria ha obligado a implementar el teletrabajo como mecanismo para evitar más contagios fruto del contacto físico, no debemos olvidar que somos seres sociales, que en nuestra naturaleza psicológica está la necesidad de relacionarnos con otras personas de nuestro entorno como una interacción necesaria para nuestra salud mental. Así, las empresas y el mundo de los Recursos Humanos deberían prepararse para un nuevo frente en el que la Gestión de Personas de las empresas puede encontrar un nuevo problema que requerirá de anticipación y, sobretodo, de soluciones.

 

Alain Martín Molina
Licenciado en Ciencias Políticas y Antropología Sociocultural
Máster en Recursos Humanos

 

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