Hace pocos días compartí almuerzo con Jordi, un colega al que admiro por muchas razones; una de esas personas de las que siempre, siempre, por breve que sea la conversación, aprendes algo. Durante el encuentro me recomendó el libro de Oriol López, “Crece y Prospera”, una obra sobre cómo reorientar la estrategia de la empresa y de la cual he sacado la idea para el título de este artículo.

La inercia no es una estrategia

¿Conoces alguna empresa cuya estrategia sea “dejarse llevar”? ¿Funcionar por inercia? ¿Ir con el piloto automático? Si todavía existe, ¡que alguien le de la señal de alarma por favor! La exponencialidad de las tecnologías está cambiando el mundo, el 85% de los trabajos del 2030 no existen a día de hoy y, para entonces, se estima que 20 millones de puestos actuales estarán ocupados por robots.

…Sí, a mí también me asusta.

Me asusta y me genera una avalancha de preguntas. Y es que los cambios nos enfrentan a lo desconocido, nos expulsan de nuestra zona de confort, generan, en la mayoría de los casos, preocupación, incertidumbre, rechazo… y, en muchas ocasiones, miedo. Eso es, miedo (también en las organizaciones, aunque no se hable de ello).

A diario constato que las empresas están inmersas en cambios pero que, paradójicamente, no tienen bien resuelto cómo gestionarlos, al menos en lo que a las personas se refiere.

Quizás en alguna ocasión hayas vivido la siguiente situación: te encuentras en el auditorio de tu empresa, junto al resto de empleados. Habéis sido convocados a una reunión en la que os explicarán los cambios estratégicos que, como compañía, es necesario impulsar. De eso dependen vuestros resultados, vuestra sostenibilidad e incluso, quizás, vuestra supervivencia como organización. En la pantalla, un sinfín de diapositivas van desfilando (me maravilla el diseño de este Power Point, ¿quién lo habrá hecho?): diagramas de bolas, flows, organigramas… escucho hablar de governance model, de sponsors, de budget, de waves… empiezo a perderme con tanto dato, pero es obvio que tenemos que cambiar. Eso me queda claro. Cuando acaba la presentación se abre el turno de preguntas pero parece que ha quedado todo muy claro: casi nadie se atreve, -ay, quiero decir, casi nadie pregunta.

A los tres meses parece que el cambio no acaba de arrancar, las cosas no están sucediendo a la velocidad ni en la dirección que se esperaba; en las máquinas de café la rumorología -cuando no la crítica- forma parte de la conversación y, entre los directivos, se percibe un ambiente tenso. ¿Qué está pasando?

En estos casos, el diagnóstico suele ser siempre el mismo: nos estamos olvidando de una pieza esencial en cualquier cambio: las personas.

Por lo general, los cambios ni son fáciles ni son cómodos ni suceden en un día. Necesitan tiempo y conciencia. Pero además, para lograr que los cambios calen en una organización es necesario poner nuestra atención en las personas. Evidentemente que toda la planificación que se ha hecho es imprescindible: hay que asignar recursos, poner en marcha proyectos, realizar inversiones… pero nada de eso va a funcionar si no ponemos a las personas en el centro, o en lugar privilegiado, de este proceso de cambio. No se trata de cambiar “A” las personas sino de cambiar “CON” las personas. Ese, en realidad, es uno de los grandes retos para lograr cambios exitosos en las organizaciones: gestionar el lado humano del cambio.

¿Y eso en qué consiste? ¿No es suficiente explicar hacia dónde vamos y qué hay que hacer? -pensarán algunos. Pues no, no es suficiente. No es suficiente porque el cambio, en lo que a personas se refiere, es un tema puramente emocional. Como consecuencia, no podemos impulsar cambios sin tener en consideración las emociones que estos generan en las personas. Ante un cambio, necesitamos saber el por qué y el para qué, necesitamos comprender, digerir, visualizar… y puede que necesitemos también preguntar, discrepar, expresarnos, aportar ideas o advertir de posibles riesgos que me parece ver desde mi posición. Y todas esas necesidades, si no son gestionadas, se convierten en resistencias. Por eso, no importa lo perfecto que sea tu plan. Las resistencias van a emerger. ¿Estás preparado para gestionarlas?

Noemí Freixes
Experta en Gestión del Cambio, Coach y Facilitadora
Fundadora de BeyourBest
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Por cierto, si te has quedado enganchado al segundo párrafo y sigues preguntándote si tu puesto actual va a desaparecer, consúltalo en la web www.willrobotstakemyjob.com/. Quizás encuentras algunas pistas… Sea como sea, prepárate para el cambio. Está en camino, seguro.

 

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