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Inteligencia social Després del seu innovador supervendes Intel·ligència emocional, Daniel Goleman estudia la importància de les relacions humanes, en franca revalorització. A partir d 'un llarg estudi de deu anys, i en un estil amè, obre la porta a una nova ciència.

Artículo La inteligencia feliz de La Vanguardia, 22/11/2006.


Somos animales sociales. Por más que los ideales competitivos dominen nuestra visión de la economía, el deporte y la vida, la ciencia revela cada vez más que estamos diseñados para relacionarnos, cooperar y ayudar. Ésta es la conclusión de Daniel Goleman (California, 1946) en su nueva obra: Inteligencia social. Después de muchos años divulgando nuevos descubrimientos en psicología y neurociencia desde The New York Times,saltó a la fama en 1995 con una obra sólida e innovadora: Inteligencia emocional, que lleva sesenta y tres ediciones en castellano y cinco en catalán, seguida por La práctica de la inteligencia emocional e Inteligencia emocional en el trabajo (todas ellas publicadas por Kairós). Ahora, a partir de centenares de estudios científicos de los últimos diez años y en un estilo ameno y repleto de anécdotas, Goleman abre la puerta a una nueva ciencia de las relaciones humanas.

Inteligencia/ s La inteligencia se consideraba hasta hace poco una locomotora de vía única, centrada en la capacidad de calcular. Y se creía que, con pruebas de papel y lápiz y poco más, se podía medir fácilmente (como quien mide una alfombra). Esta idea lineal de la inteligencia empezó a quedar obsoleta en los 80 gracias a Howard Gardner y su teoría de las inteligencias múltiples,que todos tenemos en proporciones distintas. Gardner distingue en la actualidad nueve tipos de inteligencia: lógico-matemática (Einstein), lingüística (Shakespeare), visual-espacial (Gaudí), audiomusical (Mozart), cinestésica (Ronaldinho), naturalista (el indígena que conoce todos los cambiantes detalles de su entorno), existencial (Kierkegaard), intrapersonal (Freud) e interpersonal (Yunus, el reciente Nobel de la Paz, por ejemplo). Hoy la inteligencia dura y calculadora ya no se considera la quintaesencia de lo humano (al fin y al cabo, los ordenadores nos ganan al ajedrez), mientras que la inteligencia interpersonal o social, más intuitiva, empieza a revalorizarse. El término inteligencia social se empleaba ya durante el siglo XX, pero en un sentido más restringido y mecánico: la aplicación de la inteligencia calculadora en la carrera hacia el ascenso social.

Hasta hace poco también se creía que el cerebro adulto tenía un número contado de neuronas, que inexorablemente habrían de ir envejeciendo y desapareciendo. Desde hace unos años sabemos que en el cerebro adulto (incluso, aunque menos, durante la vejez) nacen cada día miles de neuronas, cada una de las cuales acabará especializándose de un modo u otro según sean nuestros intereses y nuestras emociones. Lo que hacemos en cada instante de nuestras vidas (la lectura de estas líneas, por ejemplo) contribuye a configurar nuestros cerebros, nuestras células y nuestra química (incluso a nivel de cómo se expresan los genes). El cambio siempre es posible. Naturalmente, la plasticidad de nuestro cerebro y de nuestro cuerpo es todavía mayor en los primeros meses y años de vida, cuando se empiezan a labrar los surcos por los que transcurrirá la vida adulta: Inteligencia social abunda en ejemplos sobre el inestimable valor del afecto y la empatía con los más pequeños, esenciales para que puedan crecer sobre un fundamento seguro.

ABS: Alegría-Bondad-Salud Podríamos resumir esta obra parafraseando a Spinoza: no es que la inteligencia nos haga felices, sino que la felicidad nos hace inteligentes. Y no es que la salud nos dé felicidad, sino que la felicidad nos da salud. Por ejemplo, según estudios citados por Goleman, en la prevención de resfriados las buenas relaciones (y en general la alegría de vivir) son más importantes que la ingestión de vitamina C.

Las interacciones cotidianas con compañeros, colegas, vecinos y parientes no se quedan flotando en el vaporoso nivel de las emociones, sino que dejan huellas tangibles en nuestro cerebro y en nuestra biología. Las emociones se contagian y se reflejan en nuestra química interna: unas nos nutren, otras son literalmente tóxicas. Las discusiones son malas para la salud, pero el aislamiento y el aburrimiento son aún peores. No estamos solos: las emociones son como olas de un mar que compartimos con quienes nos rodean. Y cuanto más tiempo compartimos con alguien, más esa persona nos influye, a nivel psicológico, biológico y físico. "Mira con quien andas..." La confirmación científica de la importancia de las relaciones plenamente humanas es oportuna en una época en la que gran parte de la comunicación transcurre a través de e-mails y SMS, canales efectivos pero poco afectivos.

Una de las revelaciones clave del libro, particularmente potente procediendo de la ciencia, resulta de gran importancia antropológica y ética: nuestra predisposición natural hacia la bondad. Goleman afirma explícitamente que "nuestro cerebro está predispuesto hacia la bondad" (pág. 88). Somos por naturaleza empáticos y altruistas: lo explicaba el sabio chino Mencio y hoy lo confirma la ciencia. Ello asoma hasta en los ámbitos menos pensados: "Lo que más atrae al hombre de la mujer y viceversa es, en ambos casos, la bondad" (pág. 273). Añadiría una pequeña hipótesis: cuanto más uno cree en la bondad humana, mayor es su capacidad de empatía (y mayor, pues, su inteligencia social).

En Bután, en el corazón del Himalaya, nació hace unos años una alternativa al producto interior bruto, parámetro habitual del progreso: la felicidad interior bruta.El PIB se mide con la inteligencia lógico-matemática, la felicidad interior bruta se percibe con la inteligencia social. Es hora de progresar de una sociedad basada en el crecimiento económico a una sociedad que se base en el crecimiento personal. Goleman concluye afirmando las convicciones que probablemente lo han alimentado desde el principio: la necesidad de crear una civilización compasiva y la certeza de que la dinámica de nuestros cerebros muestra "la esencia común que todos los seres humanos compartimos".

ISBN: 84-72456-30-7

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