Llibres

El nostre catàleg et permetrà identificar novetats editorials i, mitjançant el nostre cercador, tots aquells recursos bibliogràfics que et puguin interessar sobre qualsevol assumpte de RH
Momentos perfectos El socorregut mantra empresarial de la necessitat de saber gestionar adequadament el canvi arriba a insospitades cotes amb el llibre d 'Eugene O 'Kelly, en el seu dia director als EEUU de KPMG. Perquè del que parla es de com gestionar la seva pròpia mort.

Artículo La muerte de un director general de La Vanguardia, 18/02/2007.


El socorrido mantra empresarial sobre la necesidad de saber gestionar adecuadamente el cambio alcanza insospechadas cotas con el libro Momentos perfectos de Eugene O´Kelly. Porque de lo que habla el autor con una templanza de ánimo que oscilará, según el lector, entre lo encomiable y lo preocupante, es de cómo gestionar su propia muerte. De hecho, de cómo la gestionó: O´Kelly, director en EE. UU. de la consultora KPMG, falleció el 10 de septiembre de 2005, tres meses después de que le diagnosticaran un tumor cerebral incurable.

Tres meses que le fueron suficientes para escribir este libro, despedirse de cientos de personas y aprovechar los momentos como rara vez lo había hecho antes, cuando pasaba el tiempo instalado en la vida futura. Tres meses en los que a O´Kelly se le aplican radiaciones e incluso radioterapia, en los que su visión es cada vez más borrosa y su habla y su letra cada vez menos inteligibles. Pero en los que no hay un enorme dolor, más bien un apagamiento que le permite legar sus últimas experiencias en forma de un libro cuya lectura no admite indiferencia.

La extrema racionalidad de O´Kelly es sin duda la gran protagonista de las páginas, en las que todo, incluso cuando nada va bien y la situación está fuera de control para el autor, queda incluido en una serie de ensayos y errores que le han de llevar a lograr el claro objetivo que se ha marcado, llámase gestionar la muerte, triunfar sobre ella o, incluso, y dentro de la metódica personalidad que queda descrita en las páginas, de hacer las cosas no bien, sino todo lo bien posible, de seguir maximizando las oportunidades hasta en lo que para muchos otros representaría tan sólo una derrota.

Quizá para entenderlo hay que recurrir a la trayectoria de O´Kelly, retratada por él mismo: "El puesto de director general, aunque increíblemente privilegiado, también era duro. Despiadado. Lleno de presión. Y no parecía que este ritmo fuera a aflojar nunca: mi agenda estaba llena para los 18 meses siguientes. Trabajaba a todas horas. También los fines de semana. Me perdí prácticamente todos los actos escolares de mi hija pequeña. Mi plan de viajes anual tenía una media de 250.000 kilómetros. Durante los diez primeros años de mi matrimonio, mientras subía peldaños dentro de KPMG, Corinne y yo no fuimos casi nunca de vacaciones. Y, después, nuestras vacaciones eran básicamente las convenciones de empresas a las que debía asistir".

O´Kelly asegura que no siempre había sido así, explica que muchos años atrás no aceptó trabajar en una gran compañía de Wall Street porque eso habría significado casi renunciar a la vida. Pero pese a todo, reconoce que siempre inclinó más la balanza hacia el trabajo. "Debo ser honesto: como creía que podía manejar esta situación de tanta presión, la deseaba, y puesto que la deseaba, no me habría contentado con menos". Más: "Las personas no llegan por casualidad al grado más alto. Se sienten empujadas a alcanzarlo". No deja de ser curioso, o lógico, que se hubiera marcado como uno de sus objetivos en KPMG conseguir que los empleados pudieran llevar una vida más equilibrada. Una KPMG que en el verano de 2005, por cierto, pagaba 456 millones de dólares para evitar un juicio por favorecer el fraude fiscal.

Quizá el origen de la actitud de O´Kelly esté en esta reflexión: "Disfrutaba con lo que hacía: la acción, el reto, la satisfacción. Me apasionaban las finanzas. (No se rían.) Su precisión, su claridad, su lógica. me sentía como si hubiera nacido para ello, mi mente, mi temperamento. Era una persona orientada a objetivos, tenía muy clara mi misión y estaba dispuesto a hacer lo que fuera necesario". No parece extraño que O´Kelly decidiera intentar ser "el director general de su propia muerte". Pero, se pregunta, "¿servirían las habilidades que tan bien me habían ido como director general, es decir, la capacidad para recuperarme rápidamente después de perder un negocio, para que tanto la firma como mi equipo volviera a experimentar el éxito de nuevo y rápidamente?"

La respuesta a la interrogación ha dado lugar a que Financial Times haya seleccionado el libro entre los mejores de 2006. Hay está la famosa gestión del cambio, pasar de líder de una empresa a organizador eficaz de los últimos días de la vida: transición ordenada en el trabajo, elección racional de un protocolo médico y un aprovechamiento del tiempo que le quedaba de tal modo que fuera el mejor para él y los suyos. Pero en el cambio ha de aprender mucho. La misión clara, el compromiso y la ejecución habían sido vitales para él y lo seguirían siendo, indica, pero ya no para planificar el futuro, sino para vivir el presente.

Las cosas van evolucionando. O´Kelly se da cuenta de que no puede controlarlo todo, cuestiona la noción de competencia, ve la necesidad de la creatividad - pese a lo cual es capaz de controlar al milímetro incluso en las despedidas de sus conocidos y amigos. Y de repente el compromiso, que hasta entonces para él equivalía a tiempo, a la capacidad de enterrar horas y horas en la empresa, se transforma en la energía que uno está dispuesto a invertir en algo, en la pasión. Conciencia y no compromiso. "Ya no viviría más en el futuro. O mejor dicho en el pasado, dada mi situación". De repente empieza a identificar a gente que no vive en el presente: nunca escuchan, están siempre malhumorados, ven más los árboles que el bosque. O al revés. Y decide que pese a la dificultad que supone vivir el presente, no hay otra opción. De repente, comienza a ver el mundo.


De 'Momentos perfectos '

"Si dedicas gran cantidad de tu tiempo al trabajo, se concluye que has demostrado tu compromiso. Si no dedicas tanto tiempo, por definición, tu nivel de compromiso queda bajo sospecha. El tiempo lo es todo. Después de que mi familia y yo nos hubiéramos paseado como sonámbulos durante dos semanas que habían sido una pesadilla, me empecé a preguntar por la verdadera naturaleza del compromiso. No es una cuestión de tiempo. Tampoco es una cuestión de fiabilidad y previsibilidad. El compromiso es una cuestión de profundidad. de esfuerzo. de pasión. Se trata de desear estar en un sitio y no en ningún otro. El tiempo también cuenta; sería muy ingenuo e ilógico sugerir lo contrario. Pero el compromiso se mide mejor y de manera más precisa no con el tiempo que uno está dispuesto a dedicar, sino con la energía que uno está dispuesto a invertir, con la fuerza de su presencia."

ISBN: 84-93521-24-8

Subscriu-te gratuïtament als nostres butlletins

Rep notícies i idees en Recursos Humans.
Subscripció

Utilitzem cookies per oferir a les nostres visites una millor experiència de navegació pel nostre web.
Si continues navegant, considerem que acceptes la seva utilització.