Entrevista amb el sociòleg Manuel Castells que analitza la repercussió local del fenomen Internet al llibre col·lectiu "La societat xarxa a Catalunya", basat en una investigació de la Universitat Oberta de Catalunya.

El sociólogo Manuel Castells analiza la repercusión local del fenómeno Internet en el libro colectivo "La societat xarxa a Catalunya", basado en una investigación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Castells estudia el uso de la tecnología como un indicador del cambio social y cultural, más que como un valor en sí mismo; es decir, como medio y expresión de este cambio. Bajo esta sencillas pero radicales premisas, Castells, profesor en Berkeley y en la UOC, autor de la trilogía "La era de la información", traducida a una veintena de idiomas, ha dirigido el estudio más ambicioso realizado hasta la fecha para comprender el impacto de Internet en Catalunya.

El estudio –que aparece ahora como libro– aporta una riquísima visión de conjunto en la que conviven los datos positivos, los negativos y los interrogantes de futuro. El propio Castells reconoce que "la sociedad catalana tiene una gran brecha digital causada por la edad y la educación, cuyo tamaño e importancia ha sido una sorpresa desagradable".

¿Cómo actúan estos dos elementos, edad y educación, a la hora de crear esta brecha?

–Se cruzan y complementan. Globalmente, el 62% de los catalanes no ha pasado de los estudios primarios. Esto es una herencia directa del franquismo y marca una diferencia enorme por ejemplo con Francia, donde el 76% de la población ha superado ese nivel de estudios. Pero si miramos los datos de las generaciones de la democracia y del Estatut, vemos que los niveles de educación son similares a los de Francia, Italia o Inglaterra y encontramos que las dos terceras partes de las personas de entre 15 y 30 años son usuarias habituales de Internet, lo que representa una cifra alta y europea. En cambio, entre los mayores de 50 años, sólo el 8,4 por ciento son usuarios de la red. Este contraste es brutal.

Habrá quien piense que es ley de vida.

–Sí, pero es un error. Estamos hablando de personas que tienen por delante una expectativa de vida muy larga y que, si no se integran, pueden bloquear el desarrollo de la sociedad de la información y quedar fuera de factores tan importantes como el reciclaje profesional. Pensemos que un 39% de la población catalana no tiene Internet y, además, dice que no le interesa. Esto es más gente de la que está conectada, que es un 34%. No podemos ni debemos dejarlos al margen.

¿Cómo se les recupera?

–Hay que ofrecerles cosas que sirvan. Cualquier campaña de alfabetización digital, cursillos... No sirve de nada si no se crean usos y contenidos atractivos. Y se pueden hacer cosas tan sencillas y efectivas como que los niños enseñen a sus abuelos a utilizar Internet.

En el libro señalan que sólo el 37% de la los directivos de empresas y administraciones públicas usan Internet. ¿Esto desmonta el mito del directivo catalán activo y moderno?

–En parte. La edad sigue siendo fundamental, ya que esta es una sociedad en la que existe una cierta gerontocracia. La cultura dirigente en catalán es muy jerárquica y está ligada a la tradición y la edad. Y bastantes altos cargos son reacios al cambio tecnológico, cultural y organizativo que significa Internet. La joven clase profesional que ha entrado de lleno en la sociedad de la información aún no ha llegado al poder.

¿Incluye a los políticos?

–El estudio no los ha analizado. Mi opinión personal es que los grandes políticos, como Pujol o Maragall, están muy a favor de Internet y de la sociedad de la información, como proyecto para el país desde hace mucho tiempo. Ahora bien, existen muchos políticos tradicionales que hacen un uso personal muy limitado de la tecnología y que saben muy poco de su importancia presente y futura.

El estudio dice que somos muy locales. Escojo tres datos: el 70% de los residentes en Catalunya ha nacido aquí, el 88% no ha cambiado de vivienda en los últimos cinco años y 56% cena habitualmente en familia. ¿Esto nos hace diferentes? ¿Es una ventaja o una desventaja en el mundo actual?

–Nos hace diferentes y es una ventaja.

Esto nos dice que el papel de Internet en Catalunya como nuevo elemento de sociabilidad es mínimo, porque aquí la gente se ve, charla, habla, comparte espacios comunes, elementos culturales... Esto es fantástico. Yo he vivido fuera muchos años y esto es mucho mejor que el modelo californiano, estrictamente individualista e insolidario. En un mundo tan incierto, caótico y competitivo como el actual, el calor territorial, personal y familiar es una gran plataforma de supervivencia. Y no hay ninguna contradicción en ser así y ser moderno.

¿Qué papel tiene el catalán en Internet?

–Existe una escasa oferta interesante de contenidos en catalán. Y aquí las instituciones tienen un papel relevante. Y una manera es colocar servicios en Internet que no sean esos tablones de anuncios burocráticos e insoportables que son bastantes de sus portales.

En el mundo actual hay una tensión constante entre lo global y lo local. ¿Sigue sirviendo el lema que decía "piensa globalmente y actúa localmente"?

–Es justo lo contrario. Piensa localmente y actúa globalmente. Piensa en función de quién eres tú, de tu identidad, el sentido de tu entorno, tu lengua, tu cultura, tu país... Todo esto es lo que nos da sentido. Pero a partir de que hay que actuar en los circuitos en los que realmente se deciden las grandes cosas, ya sean la Unión Europea o los centros de decisión de la geopolítica internacional. Y esto es posible gracias a Internet. Estás en tu lugar y desde allí actúas en lo que pasa en el mundo. Ahí están, por ejemplo, las movilizaciones antiglobalización o contra la guerra de Iraq, aquí y en todo el mundo, coordinadas básicamente a través de Internet.

¿Cuáles cree que deberían ser estas acciones básicas de futuro?

–Evidentemente hay que combatir la brecha de la que hemos hablado y abordar temas de educación, cambio organizativo, introducción tecnológica en todos los ámbitos. La clave es si esto se ve como un símbolo de modernidad que queda bien en las campañas electorales o es algo prioritario. Más claro: las carreteras son importantes, pero opino que, actualmente, las infraestructuras de la sociedad de la información son aún más importantes. Y para aplicar esto hay que darle prioridad política y hay que dedicar recursos y personas.

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